Argentina daña sus mercados clave con Chile, China y la UE por fallas en la inocuidad alimentaria
En los últimos meses, diversos mercados internacionales rechazaron exportaciones agroalimentarias argentinas debido a fallas sanitarias y la detección de sustancias prohibidas. Los casos más resonantes ocurrieron a finales de marzo y abril de 2026, afectando principalmente los envíos de carne vacuna y granos.
Crisis sanitaria en Argentina: el desmantelamiento del SENASA pone en jaque las exportaciones de alimentos
La política de desregulación extrema impulsada por la administración de Javier Milei comenzó a mostrar sus primeras fisuras en el comercio exterior. Lo que históricamente fue el orgullo de la producción argentina —su calidad alimentaria— hoy se encuentra bajo la lupa de los principales mercados del mundo. El progresivo desmantelamiento del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), el organismo descentralizado y autárquico encargado de garantizar la inocuidad de lo que el país produce y exporta, derivó en una serie de rechazos internacionales que encienden las alarmas en el sector agroindustrial.
Los controles, que antes funcionaban como un sello de garantía, hoy se ven debilitados por el fuerte ajuste estatal que prioriza la liberalización del mercado sobre el rigor sanitario. Esta situación ya provocó que cargamentos de carne y granos fueran devueltos por contener sustancias prohibidas hace décadas o componentes genéticos no autorizados en los países de destino.
Carne en la mira: de la fiebre aftosa al uso de antibióticos prohibidos
El primer golpe a la confianza regional llegó desde el otro lado de la cordillera. El gobierno de Chile decidió suspender la importación de productos de origen animal provenientes de Argentina, argumentando un incumplimiento en los protocolos sanitarios básicos. Según las autoridades chilenas, los productos argentinos «deben cumplir en su certificación veterinaria internacional con el requisito sanitario de zona libre de fiebre aftosa sin vacunación».
Sin embargo, el frente sanitario se complicó aún más con el gigante asiático. China, el principal socio comercial para la carne vacuna argentina, rechazó recientemente un lote de 22 toneladas de mercadería. El motivo es una infracción considerada gravísima: la presencia de cloranfenicol. Se trata de un antibiótico cuya utilización en la ganadería argentina está terminantemente prohibida desde 1995 debido a los riesgos probados que supone para la salud humana. La detección de este fármaco en las exportaciones actuales evidencia una falta de controles internos efectivos durante el proceso de producción y faena.
El rechazo europeo y el conflicto por el trigo transgénico
La crisis de calidad no se limita al sector cárnico. En las últimas semanas, la Unión Europea bloqueó el ingreso de un cargamento de harina de soja que tenía como destino final los Países Bajos. En este caso, el rechazo respondió a la presencia de trazas del evento transgénico HB4. Aunque esta variante fue diseñada para resistir condiciones de sequía en el marco del cambio climático, su comercialización y presencia están prohibidas en el mercado europeo, lo que convierte al cargamento en mercadería ilegal para dicho continente.
Estos episodios reflejan una desconexión entre la ambición exportadora y el cumplimiento de las normativas internacionales, en un contexto donde el organismo encargado de velar por estas reglas, el SENASA, ha visto reducida su capacidad operativa.
El impacto de la desregulación: ¿Qué pasó con el «Granero del Mundo»?
Para entender este escenario, es necesario mirar hacia la estructura del Estado argentino. El SENASA es el ente responsable de «ejecutar las políticas nacionales en materia de sanidad y calidad animal y vegetal», controlando la higiene tanto de los productos que llegan a la mesa de los argentinos como de aquellos que cruzan las fronteras. No obstante, el rumbo cambió drásticamente con la actual gestión.
El pasado 19 de marzo, el Boletín Oficial ratificó el rumbo de esta política citando que »el decreto (Decreto de Necesidad y Urgencia N° DNU-2023-70-APN-PTE del 20 de diciembre de 2023) dispuso la más amplia desregulación del comercio, los servicios y la industria en todo el territorio nacional y que quedarían sin efecto todas las restricciones a la oferta de bienes y servicios, así como toda exigencia normativa que distorsione los precios de mercado, impida la libre iniciativa privada o «evite la interacción espontánea de la oferta y la demanda».
Una sombra sobre el mercado interno y la salud pública
Este proceso de «desguace» no solo afecta la competitividad de los productores que ahora ven cerrarse puertas históricas para su trabajo, sino que genera una interrogante inquietante para la población local. La lógica es directa y alarmante: si los controles fallan en los productos destinados a mercados internacionales de alta exigencia que terminan rechazando la comida, ¿cuál es la calidad real de los alimentos que circulan en el mercado interno argentino? El debilitamiento de los controles sanitarios pone en duda la seguridad alimentaria de todo un país.



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