Reino Unido se prepara para la llegada desde Manchester del nuevo primer ministro, el laborista Andy Burnham
Del abucheo en Anfield a Downing Street: cómo el hijo de un técnico telefónico de Liverpool se convertirá, tras dos derrotas en liderazgos internos y nueve años como alcalde del Gran Mánchester, en el nuevo primer ministro de Reino Unido.

Con el 80% de los votos de los diputados laboristas en el bolsillo, Andy Burnham tiene el camino despejado para ser declarado líder del partido la próxima semana y llegar a Downing Street el 20 de julio como nuevo primer ministro. El exalcalde del Gran Mánchester —a quien algunos ya llaman el «Rey del Norte«— vuelve a la primera línea tras casi tres décadas de trayectoria en el laborismo, dos intentos fallidos de liderazgo y una larga ausencia del Parlamento de casi diez años que ahora queda atrás.
La dimisión de Keir Starmer, precipitada por las presiones internas tras apenas dos años en el cargo, abrió el proceso electoral el pasado 9 de julio. El plazo para presentar nominaciones —que exigía reunir al menos 80 firmas entre los parlamentarios— se cerró el 16 de julio, y Burnham fue el único aspirante en liza, sin que ningún otro colega se animara a plantarle cara.
El respaldo ha sido mayoritario dentro del gabinete: incluso quienes sonaban como posibles competidores, como el exministro de Salud Wes Streeting, terminaron apoyándole. No ocurrió lo mismo con el secretario de Vivienda Steve Reed —fiel a Starmer—, la ministra del Interior Shabana Mahmood o el ministro de Energía Ed Miliband, que se mantuvieron al margen.
¿Y qué propone Burnham para el Reino Unido?
En el papel, se define como socialista, defensor de una fiscalidad más progresiva y del fortalecimiento del Estado de bienestar. Dentro del partido se le sitúa en esa «izquierda blanda» (soft left) que hace de puente entre el ala moderada de Starmer y la izquierda dura que encarnó Jeremy Corbyn.
Pero con la mirada puesta en el número 10, el exalcalde ha ido modulando el discurso. Sabe que las arcas públicas no dan para grandes nacionalizaciones y, de momento, aparca cualquier intento de reenganche inmediato con la Unión Europea, aunque históricamente haya defendido la renacionalización y un regreso al bloque comunitario.
Su gran bandera es la descentralización. No es un eslogan vacío: en el Gran Mánchester, Burnham recuperó el control de los autobuses, integrándolos con los tranvías en la llamada «Bee Network«, una proeza que, según un politólogo de la Universidad de Mánchester citado por The New York Times, convirtió una cuestión técnica en una batalla épica gracias a su habilidad para contar historias.
Otra cosa son los detractores, que le ven más como un camaleón que como un ideólogo de hierro, y le recuerdan que gestionar un país de 70 millones no es lo mismo que gobernar una región de 3.
Ascenso de Burnham hasta la oficina del primer ministro
Nacido en Liverpool en enero de 1970 pero criado en Culcheth (Cheshire), Burnham creció en una familia de clase trabajadora. Su padre, técnico de BT, y su madre, recepcionista en un consultorio, simpatizaban con el laborismo, y el ambiente católico de sus escuelas públicas marcó su conciencia política.
Se afilió al partido con solo 14 años, impactado por una serie dramática de la BBC sobre el paro en su Liverpool natal. Hincha del Everton, fue el primero de su casa en ir a la universidad: Cambridge, donde estudió Literatura Inglesa. Allí se sintió un impostor, tal como confiesa en su libro Head North, aunque sus gustos musicales —The Smiths, The Stone Roses— le dieron un ancla identitaria frente a sus compañeros de clase.
Saltó al Parlamento en 2001 como diputado por Leigh, escalando rápido en las filas del Nuevo Laborismo de Blair. Pasó por Interior, Sanidad, Tesoro y Cultura, hasta llegar a Secretario de Salud en 2009, donde lidió con la gripe porcina y se opuso a privatizaciones. Pero el momento que realmente le puso en el mapa fue su discurso en el aniversario de Hillsborough.
Siendo ministro de Cultura, se enfrentó a los abucheos de la afición del Liverpool, pero su reacción —compartiendo su propia memoria del desastre y llevando el reclamo al gabinete de Brown— impulsó la reapertura de la investigación.
Tras la derrota de 2010 y perder dos veces la carrera por el liderazgo (primero ante Miliband y luego ante Corbyn), Burnham dio una voltereta en 2017: dejó Westminster para presentarse a alcalde del Gran Mánchester, arrasando con más del 60%. Allí se consolidó durante la pandemia, enfrentándose a Johnson y ganándose a pulso el apodo de «Rey del Norte» por plantar cara al centralismo de Londres.
La debacle electoral de mayo de 2026 dejó a Starmer contra las cuerdas, y Burnham supo esperar su momento. Recuperó un escaño por Makerfield el 19 de junio, y tres días después, Starmer tiraba la toalla. Con el respaldo masivo de su bancada, el hijo del técnico de BT y la recepcionista que llegó a Cambridge sintiéndose un intruso ya mira hacia el 10 de Downing Street.
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