Trump fortalece a Rusia y a Irán: ganancias históricas en petróleo y sanciones levantadas
La Casa Blanca autoriza el desembarco de crudo ruso en Matanzas tras semanas de apagones en la isla, mientras que Irán capitaliza en paralelo a la guerra con los precios del crudo.

En las últimas semanas se han registrado movimientos divergentes en la geopolítica del petróleo que afectan directamente a Cuba e Irán, dos países tradicionalmente bajo presión de sanciones estadounidenses. Mientras en el Caribe la administración de Donald Trump autorizó el ingreso de un buque ruso sancionado con destino a la isla, en el estrecho de Ormuz Irán logró duplicar sus ingresos diarios por exportaciones en medio del conflicto abierto con Estados Unidos e Israel.
Ambos episodios, aunque desconectados en origen, reflejan reconfiguraciones tácticas en la aplicación de sanciones y en la capacidad de los estados para sortear restricciones en un contexto de precios elevados del crudo.
Un cargamento bajo sanción que atraca en matanzas
El buque Anatoly Kolodkin, de bandera rusa y propiedad de la naviera estatal Sovcomflot, se encuentra en ruta hacia la terminal de Matanzas con un cargamento estimado entre 650 000 y 730 000 barriles de crudo. La embarcación, que había sido objeto de sanciones por parte de Estados Unidos, la Unión Europea y el Reino Unido desde 2024 en el marco de las restricciones por la guerra en Ucrania, no fue interceptada por el Servicio de Guardacostas estadounidense pese a contar con dos cortadores en la zona.
La decisión de no impedir el arribo fue confirmada por el presidente Trump, quien señaló: “If a country wants to send some oil to Cuba right now, I have no problem whether it’s Russia or not”. La frase marca un giro respecto a la política aplicada desde enero, cuando tras la captura de Nicolás Maduro se bloquearon los envíos de petróleo venezolano a Cuba y se impusieron amenazas arancelarias a otros proveedores, lo que llevó también a México a suspender sus exportaciones.
Como resultado de esas medidas, las importaciones de crudo a Cuba cayeron a cero en enero de 2026, la primera vez desde 2015 que la isla no recibía petróleo por vía marítima. La situación derivó en una crisis energética aguda con apagones diarios, desabastecimiento de combustible y una progresiva afectación a servicios básicos.
La excepción como válvula de presión
El envío del Anatoly Kolodkin representa un alivio temporal para el sistema eléctrico cubano, aunque analistas consultados advierten que se trata de una solución acotada. La carga equivale aproximadamente a unas semanas de consumo mínimo, y no resuelve la dependencia estructural de la isla, que hasta antes de enero recibía la mayor parte de su crudo desde Venezuela bajo acuerdos bilaterales.
Desde la Casa Blanca se mantiene un discurso dual: por un lado se evita una confrontación directa con la marina rusa en aguas cercanas a Florida, y por otro se sostiene la presión mediante advertencias de futuras acciones. En declaraciones recientes, Trump señaló que “Cuba is next” en referencia al endurecimiento de medidas tras el conflicto con Irán.
El cargamento ruso, aunque autorizado, no implica una reanudación del flujo regular. Funcionarios del Departamento del Tesoro indicaron que el permiso fue concedido caso por caso y que no constituye un cambio de política hacia Moscú ni hacia La Habana.
Ingresos iraníes en ascenso por control del estrecho
Paralelamente, en Oriente Medio Irán ha consolidado un incremento sustancial de sus ingresos petroleros. Desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos e Israel en febrero de 2026, Teherán ha pasado de percibir unos 115 millones de dólares diarios por venta de crudo a aproximadamente 250 millones diarios, según estimaciones con base en volúmenes de exportación y precios internacionales.
El aumento se explica por dos factores convergentes. Por un lado, el precio del Brent se ha elevado hasta cerca de 115 dólares por barril, impulsado por la interrupción parcial de los flujos desde el golfo Pérsico. Por otro, Irán ha logrado reducir drásticamente el descuento que aplicaba sobre el crudo de referencia: antes del conflicto el diferencial llegaba a situarse entre 10 y 24 dólares por debajo del Brent, mientras que en marzo de 2026 ese margen se ha estrechado a apenas 2 o 12 dólares.
El factor determinante ha sido el control efectivo sobre el estrecho de Ormuz. Al restringir el tránsito de buques de otros países productores, Irán no solo ha encarecido el barril global, sino que ha eliminado la necesidad de ofrecer precios de liquidación para colocar su propia producción.
Redes financieras: el comprador único silencioso
El grueso de las exportaciones iraníes, más del 90 %, sigue siendo absorbido por China a través de refinerías independientes conocidas como “teapots”. Para procesar los pagos y sortear el entramado de sanciones financieras, Teherán utiliza una red de bancos en la sombra, empresas instrumentales y un circuito de intermediarios vinculados a la Guardia Revolucionaria (IRGC).
Las transacciones se liquidan mayoritariamente en yuanes, consolidando un mecanismo de desdolarización que se viene observando en el comercio energético desde 2023. Adicionalmente, Irán ha comenzado a cobrar tasas de tránsito a buques comerciales que cruzan el estrecho, con un valor estimado de hasta 2 millones de dólares por embarcación. Un economista iraní citado en reportes sectoriales sugirió que la formalización de ese arancel podría generar ingresos anuales cercanos a 60 000 millones de dólares.
La combinación de precios elevados, menor descuento y nuevos peajes ha convertido al sector energético iraní en el principal beneficiario financiero del actual conflicto regional, en contraste con la situación previa a febrero, donde las sanciones limitaban severamente su capacidad de negociación.
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