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Trump exige a 7 países que envíen barcos de guerra a Ormuz y todos le dan la misma respuesta

Trump exigió coalición naval para Ormuz. Ningún aliado confirmó. El petróleo llegó a 105 dólares y el mundo mira impávido una bomba de tiempo.

Foto: Casa Blanca
Foto: Casa Blanca

Tres semanas después de que Estados Unidos e Israel lanzaran ataques coordinados contra Irán el 28 de febrero, el Estrecho de Ormuz permanece bloqueado para el tráfico aliado y el precio del petróleo roza los 105 dólares por barril. Trump necesita socios. Los socios no aparecen.

El presidente estadounidense lleva días intentando armar una coalición naval multinacional para escoltar buques comerciales a través del paso más crítico del planeta, por donde transita normalmente un quinto del petróleo que se comercia en el mundo. El resultado, hasta ahora, es una lista de puertas cerradas o entornadas con cuidado. Ningún país ha asumido un compromiso público. Ninguno.

Volando de regreso a Washington desde Florida a bordo del Air Force One el domingo 15 de marzo, Trump lo planteó con su estilo habitual de ultimátum: «Estoy exigiendo que estos países vengan y protejan su propio territorio, porque es su propio territorio.» La frase resume la tesis de la administración: Estados Unidos no necesita ese estrecho porque tiene acceso propio al petróleo. El problema, dicen los aliados en privado, es que esa guerra no la consultaron con ellos.

Edward Fishman, director del Consejo de Relaciones Exteriores, puso el dedo en la llaga al señalar públicamente que la administración Trump no consultó a sus aliados europeos ni asiáticos antes de lanzar las operaciones militares contra Irán, y que precisamente esos aliados son los más dependientes del petróleo del Golfo. La pregunta implícita en esa observación es brutal: ¿por qué habrían de enviar buques a una guerra que no pidieron?

Japón es quizás el caso más ilustrativo. Tokio depende enormemente del petróleo de Oriente Medio y, en teoría, debería tener un interés vital en mantener abierto el estrecho. Sin embargo, la primera ministra Sanae Takaichi fue categórica ante el parlamento: «No hemos tomado ninguna decisión sobre el envío de buques de escolta. Estamos examinando qué puede hacer Japón de manera independiente y qué se puede hacer dentro del marco legal.»

Las restricciones constitucionales japonesas sobre despliegues militares en el exterior pesan más que las presiones de Washington, al menos por ahora. Trump recibirá a Takaichi en la Casa Blanca el jueves, y el tema encabezará la agenda.

Australia fue más directa. La ministra de Transporte, Catherine King, dijo sin rodeos ante la ABC: «No enviaremos un barco al Estrecho de Ormuz. Sabemos lo increíblemente importante que es, pero eso no es algo en lo que nos hayan pedido o que estemos contribuyendo.»

Londres, a su vez, maniobra con más sutileza. El primer ministro Keir Starmer reconoció ante la prensa que reabrir el estrecho «no es una tarea simple» y anunció que trabaja con sus aliados europeos en un «plan colectivo viable», pero dejó en claro que el Reino Unido «no será arrastrado hacia la guerra más amplia.» Trump, que llegó a decirles a los periodistas que Starmer había ofrecido portaaviones y que esos barcos deberían haber sido enviados antes de que empezara el conflicto, amenazó sin nombrar a nadie: «Lo recordaremos.»

Alemania fue la más explícita en negarse. El canciller Friedrich Merz planteó la cuestión como un problema de lógica: «¿Cuál es el objetivo final? ¿Qué resultado se pretende conseguir? Estas preguntas no han sido respondidas. Por lo tanto, desde mi perspectiva, actualmente no hay razón para considerar la protección militar de las vías marítimas.» El ministro de Relaciones Exteriores, Johann Wadephul, fue al grano en ARD Television: «¿Seremos pronto una parte activa de este conflicto? No.»

Francia condicionó cualquier participación a que las hostilidades cesen primero. El presidente Emmanuel Macron habla de construir una misión posible con socios de Europa, India y Asia, pero insiste en que eso sólo ocurrirá «cuando las circunstancias lo permitan.» Noruega, por su parte, descartó opciones militares inmediatas.

China, que según Trump obtiene cerca del 90% de su petróleo a través del estrecho, respondió a través de su portavoz Lin Jian reiterando el llamado de Pekín a detener inmediatamente las operaciones militares y evitar mayor escalada. Ni una palabra sobre buques.

La canciller de la UE, Kaja Kallas, exploró el lunes una vía alternativa: replicar la iniciativa del Mar Negro que permitió exportar grano ucraniano durante la guerra con Rusia. «Está en nuestro interés mantener abierto el Estrecho de Ormuz», dijo, pero aclaró que cualquier expansión de la misión Aspides requeriría el acuerdo de todos los estados miembros.

India, en cambio, optó por la vía diplomática directa con Teherán: el ministro de Relaciones Exteriores S. Jaishankar negoció el paso de dos buques tanque de bandera india el sábado. «Mi conversación ha dado resultados», reconoció.

Irán, mientras tanto, observa el espectáculo con algo parecido a la satisfacción. El canciller iraní Abbas Araghchi confirmó que Teherán ha sido contactado por varios países que buscan paso seguro para sus barcos. «Eso depende de que nuestros militares lo decidan», dijo. Y añadió algo que resume la posición de Irán en esta negociación indirecta: el estrecho está abierto para todos, excepto para Estados Unidos y sus aliados.

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