¿Por qué Trump fue a la guerra con Irán? Expertos creen que ni él sabe
La “Operación Epic Fury” lanzada el 28 de febrero de 2026 dejó al mundo con dos preguntas centrales: ¿quién tomó la decisión de ir a la guerra contra Irán? y ¿sabe realmente Trump qué quiere de todo esto?

En menos de diez días, la administración de Donald Trump ofreció al menos cinco versiones distintas para justificar una guerra que ya cobra vidas estadounidenses, sacude los mercados globales y replantea el mapa de Medio Oriente. Lo que comenzó como una operación militar “clara y decisiva” se convirtió, ante los ojos de analistas, legisladores y hasta aliados del propio Trump, en un rompecabezas sin respuesta oficial coherente.
El primer crack en la narrativa llegó de la boca del propio Marco Rubio. El secretario de Estado explicó ante periodistas en el Capitolio que Estados Unidos lanzó los ataques porque sabía que Israel estaba a punto de actuar contra Irán, lo cual habría provocado represalias iraníes contra fuerzas estadounidenses en la región. En otras palabras, Washington entró a la guerra para evitar las consecuencias de una guerra que Israel ya había decidido comenzar.
La frase cayó como una bomba política. Inmediatamente, comentaristas del espectro conservador, incluidas figuras del universo MAGA (Make America Great Again, el núcleo duro de fanáticos de Trump), interpretaron las palabras de Rubio como una confesión involuntaria: que Israel había arrastrado a Estados Unidos al conflicto. El podcaster conservador Matt Walsh lo sintetizó sin rodeos al señalar que Rubio estaba “básicamente diciéndonos que estamos en guerra con Irán porque Israel nos forzó a eso”. Al día siguiente, Rubio desmintió su propia declaración.
Trump: cinco explicaciones y versiones en ocho días
Lo que siguió fue una sucesión de versiones que se contradecían entre sí. Trump dijo que Irán iba a atacar primero, sin que nadie en su equipo hubiera mencionado eso antes. La portavoz Karoline Leavitt afirmó que el presidente tenía “un presentimiento” de que Irán atacaría activos estadounidenses. El secretario de Defensa Pete Hegseth llegó a hablar de un objetivo de cambio de régimen, para luego retractarse y decir que “el régimen cambió solo”.
El senador demócrata Chris Van Hollen, al salir de una sesión informativa clasificada en el Senado, lo describió como “incoherencia total” con “narrativas en constante cambio”. Su colega Ed Markey fue más directo: “Donald Trump está librando una guerra ilegal y no tiene ningún plan para terminarla”.
CNN documentó que en menos de diez días la administración había articulado al menos cuatro versiones distintas e incompatibles de la amenaza inminente que supuestamente justificaba el ataque. El presidente, por su parte, añadió otra capa de confusión al afirmar ante periodistas que quizás fue él quien forzó la mano de Israel, no al revés.
La llamada que lo desencadenó todo
La reconstrucción más detallada de los hechos proviene de fuentes con acceso directo a las conversaciones entre Washington y Jerusalén, según reportó Axios. El lunes 23 de febrero, Netanyahu llamó a Trump desde la Sala de Situaciones de la Casa Blanca con un dato de inteligencia de alto valor: el ayatolá Alí Jameneí y sus principales asesores militares se reunirían el sábado siguiente en un único lugar en Teherán. Todos podían ser eliminados en un solo ataque.
La información, recopilada originalmente por inteligencia militar israelí, fue verificada por la CIA a pedido del propio Trump. A partir de ese momento, los preparativos se aceleraron. La CIA había recopilado datos sobre la reunión del sábado por la mañana en que participarían Jameneí y el alto mando del país, y esa información fue compartida con Israel, según publicó el New York Times citando fuentes anónimas familiarizadas con la operación.
El objetivo de asesinar al líder supremo, según reveló el ministro de Defensa israelí Israel Katz, había sido establecido por Netanyahu desde noviembre de 2025. Un intento previo durante la llamada “Guerra de los Doce Días” en junio pasado fue vetado directamente por Trump.
Netanyahu: Veinte años esperando este momento
Para entender el contexto, hay que rastrear una trayectoria de dos décadas. Desde el comienzo del segundo mandato de Trump en 2025, el primer ministro israelí se reunió con el presidente estadounidense en siete ocasiones y mantuvo quince llamadas telefónicas en los dos meses previos a la guerra, según funcionarios de ambos países. En cada encuentro, Netanyahu insistía en desviar la atención del conflicto en Gaza hacia las capacidades nucleares y los misiles balísticos de Irán.
Su última visita antes del ataque, el 11 de febrero de 2026, incluyó una reunión de tres horas en la Casa Blanca que, de manera inusual, fue cerrada a la prensa. Al día siguiente, el portaaviones USS Gerald Ford partió del Caribe hacia el Mediterráneo.
Negar Mortazavi, investigadora sénior del Center for International Policy en Washington, fue directa en su análisis: “Esta es, una vez más, una guerra de elección lanzada por Estados Unidos con el impulso de Israel. Israel ha presionado a Washington para atacar a Irán durante dos décadas, y finalmente lo lograron”.
La diplomacia estaba a punto de funcionar. Trump lo arruinó todo
Uno de los elementos más perturbadores del análisis experto es que la guerra comenzó exactamente cuando las negociaciones estaban más cerca de un acuerdo. El 27 de febrero, un día antes del inicio de los bombardeos, el canciller de Omán anunció públicamente que se había alcanzado un “avance” significativo: Irán había acordado no almacenar uranio enriquecido, aceptar verificación completa del Organismo Internacional de Energía Atómica y reducir de manera irreversible su arsenal nuclear actual. La paz, dijo, estaba “al alcance”.
Jamal Abdi, presidente del Consejo Nacional Irano-Americano, señaló que la agenda de Netanyahu siempre fue impedir una solución diplomática. “Temía que Trump estuviera realmente dispuesto a cerrar un acuerdo, de modo que el inicio de esta guerra en medio de las negociaciones es un éxito para él”.
El propio Trump había expresado frustración con las negociaciones apenas unas horas antes de ordenar los ataques, pero también había dicho que estaba dispuesto a darle más tiempo a la diplomacia. Horas después, caían las primeras bombas.
“La guerra de Israel”: lo que dice la base MAGA que no apoya a Trump en esto
Quizás el dato político más revelador es que la crítica más dura no vino de la oposición demócrata, sino del interior del propio movimiento MAGA. El representante Thomas Massie, republicano de Kentucky y uno de los impulsores de una resolución de poderes de guerra en el Congreso, conectó las palabras de Rubio con la promesa “America First” de Trump y advirtió que el precio de la gasolina, los alimentos y prácticamente todo lo demás subiría como consecuencia del conflicto. “Los únicos ganadores en Estados Unidos son los accionistas de las empresas de defensa”, escribió.
El ex congresista Matt Gaetz fue aún más contundente: al repetir la explicación de Rubio, América “luce como un vasallo”. El senador Angus King, independiente de Maine, resumió el dilema constitucional con precisión quirúrgica: “La implicación es que estamos delegando la decisión de si este país va a la guerra a otro país. Eso es una afirmación que quita el aliento”.

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