Irán: lo que viene después de la “Operación Epic Fury” y por qué ahora Turquía está en la mira de Trump
El mundo cambió el 28 de febrero. EE.UU. e Israel lanzaron la Operación Epic Fury, matando a Khamenei y atacando 9 ciudades iraníes. Irán respondió con misiles. Y ahora nadie sabe bien qué sigue.

Lo que pasó dejó a muchos pensando que Donald Trump debería buscarse un pasatiempo para los sábados en la mañana que no sea dar golpes de Estado. El 28 de febrero de 2026, EE.UU. e Israel lanzaron la “Operación Epic Fury”, atacando al menos 9 ciudades iraníes, incluyendo Teherán. Los strikes mataron al líder supremo Ayatolá Ali Khamenei, y Trump anunció “operaciones de combate mayores en Irán”, llamando al pueblo iraní a derrocar al régimen. Irán respondió con misiles contra Israel y bases estadounidenses en Qatar, Kuwait, EAU y Bahréin.
El debate tiene como eje central una pregunta muy áspera de responder: ¿puede caer el régimen? Los expertos del Stimson Center son contundentes: por más preciso o devastador que sea un ataque aéreo, no puede derribar un gobierno por sí solo, e Irán en 2026 probablemente saldrá golpeado pero no roto — un costoso ejemplo de la arrogancia estadounidense y los límites del poder aéreo.
Señalan además que Trump inició una guerra contra Irán sin aprobación del Congreso, sin debate público serio, y ante una oposición pública mayoritaria, lo que la convierte en inconstitucional e imprudente.
El Atlantic Council plantea tres preguntas clave: ¿logrará Irán infligir costos reales a EE.UU.? ¿Mantendrá Trump el compromiso si hay bajas significativas o sube el precio del petróleo? ¿Existe un plan para lo que viene si se decapita el régimen? Su respuesta implícita: Trump no describió ninguna amenaza inminente de Irán, ni un plan detallado para lo que sigue.
El problema del “día después” para Irán
Chatham House lo pone en perspectiva histórica: el paralelo con la guerra de Iraq de 2003 es difícil de ignorar. Trump parece intentar algo mucho más ambicioso que la diplomacia coercitiva — redefinir los términos de 47 años de conflicto con Irán. El problema es que nadie tiene claro qué viene después.
Además, hay un factor económico que no se sabe si Washington sopesó antes de apretar el botón rojo: alrededor del 20% del suministro mundial de petróleo transita diariamente por el Estrecho de Ormuz. Irán ha amenazado repetidamente con cerrarlo con minas o misiles si ocurre un ataque mayor. Los académicos están divididos sobre si tal cierre es posible en la práctica, pero la historia sugiere que picos de precios iniciales son posibles incluso con cierres parciales.
Entonces, a medida que Irán pierde influencia externa y sus proxies como Hamas, Hezbollah y los hutíes se debilitan, el régimen está apretando el control doméstico. Amnesty International observa que, frente al aislamiento, Teherán refuerza su control a través de represión intensificada y un probable aumento en ejecuciones.
“Turquía es la nueva Irán”: ¿qué significa realmente?
Esta frase no viene de Washington; viene de Israel, y tiene un significado muy específico y diferente a lo que parece.
Fue el ex primer ministro israelí Naftali Bennett quien dijo que Turquía, con el apoyo de Qatar, estaba reemplazando a Irán como la principal amenaza estratégica de Israel. Sus palabras reflejan una ansiedad más amplia: Israel podría estar entrando en un período de conflicto renovado con un adversario poderoso y próspero.
La lógica israelí es que la amenaza no es Turquía sola, sino Turquía y Qatar, acusados de “nutrir al monstruo de la Hermandad Islámica”, expandiendo una amenaza ideológica similar al apoyo iraní a fundamentalistas chiitas, con influencia creciente en Siria y Gaza.
Steven Cook, experto del Council on Foreign Relations, lo resume así: “Israel ha calibrado su estrategia de defensa según las capacidades de Irán. Pero si Turquía logra influir sobre Arabia Saudita o solidifica su relación con Pakistán, el mapa estratégico cambia de la noche a la mañana. Ya no se trata solo de los misiles de Irán — sino de un mundo sunita con capacidad nuclear.”
Ahora, bien, ¿se espera que Estados Unidos ataque a Turquía? Es altamente improbable, porque la situación es completamente distinta:
1. Turquía es miembro pleno de la OTAN. Atacarla activaría el Artículo 5 del tratado, que obliga a todos los aliados a defenderse mutuamente. Sería el fin de la Alianza Atlántica.
2. Turquía está mediando activamente. El canciller turco Hakan Fidan está liderando un esfuerzo diplomático para asegurar un alto al fuego y prevenir el colapso total del estado iraní. Ankara no toma partido y podría ser un canal trasero clave para futuras conversaciones de desescalada.
3. La fricción es Israel-Turquía, no EE.UU.-Turquía. Erdoğan condenó públicamente los ataques y expresó su “tristeza” por la muerte de Khamenei, lo que subraya la preferencia histórica de Ankara por la supervivencia del régimen islámico iraní y su oposición a un gobierno pro-occidental en Teherán.
4. El costo económico para Turquía es enorme. Turquía ya enfrenta una inflación de alrededor del 31% a principios de 2026. Una guerra regional típicamente eleva los precios del petróleo; como importador neto de energía, el déficit de cuenta corriente turco podría ampliarse y la Lira enfrentar más presión — lo que explica el interés de Erdoğan en frenar el conflicto, no en escalarlo.
Así que, la idea de que Turquía es el siguiente blanco es más una alegoría de geopolítica confrontativa y no una señal de que será el blanco de misiles y bombas.
Lo que sí es real es que la relación Israel-Turquía está en su punto más bajo en décadas, y que Ankara está jugando un papel propio: mediando, protegiendo su economía, y evitando a toda costa que Irán colapse y genere una crisis migratoria masiva en su frontera.

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