Escalada militar de Trump contra Venezuela: una semana de tensiones, ultimátums y un posible golpe de Estado
Trump mantiene la campaña de presión sobre Venezuela diciendo que su espacio aéreo debe considerarse cerrado, anunciado el 29 de noviembre, como parte de una estrategia antidrogas que incluye despliegues navales masivos.

En los últimos siete días, la presión militar estadounidense contra Venezuela ha alcanzado niveles inéditos, con el presidente Donald Trump intensificando sus acciones contra el gobierno de Nicolás Maduro bajo el pretexto de combatir el narcotráfico y restaurar la democracia. Desde el 24 de noviembre de 2025, informes iniciales indicaban preparativos para restricciones en licencias militares, preparando el terreno para operaciones más agresivas, aunque sin aprobación congresal explícita. Esta estrategia forma parte de un despliegue masivo en el Caribe, el mayor desde 1989, que incluye más de 15.000 tropas, el portaaviones USS Gerald R. Ford y aviones como B-52 y F-35.
El 25 de noviembre de 2025 marcó un punto de inflexión cuando Trump anunció que Estados Unidos detendría el tráfico de drogas venezolano «por tierra» muy pronto, subrayando el rol de la acumulación militar en el Caribe para presionar a Maduro. Ese mismo día, analistas de Democracy Now destacaron cómo esta escalada contradice las promesas de Trump de evitar nuevas guerras, exacerbando la crisis humanitaria en Venezuela sin promover cambios democráticos reales. Críticos argumentan que las sanciones y acciones militares han creado vacíos de poder, beneficiando indirectamente a carteles y potencias extranjeras como Rusia y China.
Para el 26 de noviembre de 2025, fuentes revelaron que Trump había autorizado operaciones encubiertas de la CIA en Venezuela, como parte de una nueva fase de intervenciones que incluye bombardeos a embarcaciones sospechosas en el Caribe. Estos ataques, reportados desde septiembre, han causado al menos 83 muertes y se enmarcan en una campaña antidrogas que ahora amenaza con extenderse a tierra firme. Expertos advierten que esta táctica podría convertirse en un «juego de gallina» con riesgos de conflicto directo.
El 27 de noviembre de 2025 vio a Trump insinuando nuevas operaciones militares, acusando a Maduro de «guerra psicológica» en medio de tensiones crecientes. Ese día, el gobierno venezolano respondió con maniobras costeras, movilizando misiles rusos y 4,5 millones de milicianos. Analistas internacionales, incluyendo hindúes y australianos, cuestionaron la legalidad de las acciones estadounidenses, señalando que solo Venezuela o la ONU pueden cerrar su espacio aéreo formalmente.

Ofensiva de Estados Unidos contra el presidente de Venezuela
La tensión alcanzó su pico el 28 de noviembre de 2025, cuando Trump reiteró que las operaciones por tierra contra narcotraficantes venezolanos comenzarían pronto, con el 25% de la flota naval estadounidense desplegada en la región. Fuentes indicaron que esta presión busca expulsar influencias de China, Rusia, Irán y Hezbolá. En respuesta, Maduro calificó las acciones como «amenaza colonialista», activando mecanismos multilaterales para denunciar el bloqueo aéreo propuesto por Washington.
El 29 de noviembre de 2025 fue el día de la declaración más controvertida: Trump anunció en redes sociales que el espacio aéreo «sobre y alrededor de Venezuela» debía considerarse «cerrado en su totalidad», advirtiendo a aerolíneas, pilotos y traficantes. Esta medida, aunque limitada legalmente a aeronaves estadounidenses, generó pánico global, con temores de ataques aéreos. El presidente colombiano Gustavo Petro criticó duramente la decisión, posicionándose contra la intervención militar. En Venezuela, la población reportó una «calma tensa», con impactos en el tráfico aéreo civil.
Finalmente, el 30 de noviembre de 2025 confirmó una conversación telefónica entre Trump y Maduro, ocurrida la semana anterior, donde el estadounidense rechazó demandas de amnistía y exigió la salida inmediata de Maduro, ofreciéndole exilio en Rusia u otro país. Trump describió la llamada como neutral: «No diría que salió bien ni mal. Fue una llamada telefónica». Ese día, Putin ordenó la evacuación de rusos de Venezuela, y Colombia retiró a su embajador en Washington tras el hundimiento de una embarcación con colombianos. Publicaciones en X, como las de periodistas venezolanos, destacaron la oferta de Trump para que Maduro salvara a su familia abandonando el poder.
Hasta el 1 de diciembre de 2025, no se han reportado incursiones terrestres, pero senadores como Tim Kaine predijeron defecciones republicanas si Trump excede sus poderes de guerra. Analistas estiman un 30% de probabilidad de intervención en tierra para fin de mes. Rusia y China parecen retroceder, con Moscú evacuando personal y Pekín manteniendo silencio, posiblemente para evitar confrontaciones directas con EE.UU. Esta dinámica resalta cómo los aliados de Maduro se alejan ante la presión trumpiana.
Expertos advierten que la espada de Damocles del potencial golpe de Estado no está descartado del todo, lo cual evidencia que Trump sigue intentando moldear América Latina a su antojo, con miras solo a los intereses de Estados Unidos.
Las implicaciones humanitarias son graves: las sanciones han colapsado la economía venezolana, agravando escaseces de alimentos y medicinas, afectando a civiles más que al gobierno de Maduro. Migrantes venezolanos en rutas hacia Europa y EE.UU. enfrentan mayores riesgos, con el Reino Unido instando respuestas a impactos migratorios. Críticos ven en esto una estrategia para controlar el petróleo venezolano, contradiciendo la retórica antidrogas de Trump, quien planea indultar figuras ligadas a carteles como el de Sinaloa.
En el ámbito militar, Venezuela está desventajadamente posicionada, con fuerzas debilitadas por salarios estancados y equipo obsoleto, incapaz de contrarrestar un ataque estadounidense. Maduro ha repudiado las acciones como vulneración de soberanía, comparándolas con invasiones pasadas en Panamá o Libia, donde las intervenciones no resolvieron crisis sino que las complicaron. Opositores venezolanos, como los citados en X, ven en Trump una «palanca de cambio», pero advierten contra costos impredecibles.
Esta escalada representa un giro intervencionista en la política de Trump, manteniendo canales diplomáticos abiertos pero con opciones militares en la mesa. Si la presión falla sin respuesta militar, EE.UU. podría retirar fuerzas, debilitando su credibilidad hemisférica. La situación evoluciona rápidamente, con posibles impactos en precios del petróleo, migración y relaciones globales. Fuentes equilibradas, desde The New York Times hasta Al Jazeera, destacan sesgos en coberturas, urgiendo cautela ante narrativas polarizadas. Venezuela vive días de incertidumbre, donde la retórica belicista podría derivar en conflicto o en un retiro negociado.
Compartí tu opinión con toda la comunidad