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Trump y Netanyahu presentan plan de 20 puntos para “llevar la paz” a Gaza

“Hamás debe desarmarse o desaparecer”, dijo Netanyahu al presentar un plan en conjunto con Trump y en cuyo desarrollo no participaron palestinos.

Netanyahu, saliendo de la reunión, la tildó de “histórica”. Foto X/Netanyahu
Netanyahu, saliendo de la reunión, la tildó de “histórica”. Foto X/Netanyahu

En un movimiento que podría redefinir el mapa geopolítico de Oriente Medio, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha desvelado este lunes un ambicioso plan de 20 puntos para poner fin a la guerra en Gaza, que se prolonga desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. Anunciado durante una cumbre en la Casa Blanca con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, el documento propone un cese al fuego inmediato, el desmantelamiento total de Hamás y una estabilización internacional liderada por Estados Unidos.

Este no es solo un plan de paz; es una hoja de ruta para la prosperidad”, declaró Trump ante las cámaras, con Netanyahu a su lado asintiendo vigorosamente. Sin embargo, mientras Israel lo celebra como un triunfo diplomático, Hamás lo ha calificado de “receta para la ocupación perpetua”, dejando en el aire su viabilidad en un conflicto que ha cobrado más de entre 41.000 y 60.000 vidas palestinas y 1.200 israelíes.

El plan, filtrado en su totalidad por la Casa Blanca y compartido con mediadores en Qatar y Egipto, se centra en cuatro pilares: seguridad, gobernanza, reconstrucción económica y garantías regionales. En su punto uno, se establece que Gaza se convertirá en “una zona libre de terrorismo y desradicalizada que no represente una amenaza para sus vecinos”. El punto dos enfatiza la “redesarrollo de Gaza para el beneficio de su pueblo, que ha sufrido más que suficiente”.

Si ambas partes aceptan –un «si” cargado de escepticismo–, la guerra terminaría de inmediato, con las fuerzas israelíes retirándose a una línea acordada para preparar la liberación de rehenes. Durante este período, se suspenderían todas las operaciones militares, congelando las líneas de batalla hasta una retirada escalonada completa.

Los palestinos no fueron incluidos en el desarrollo del plan

El núcleo humanitario del esquema radica en los puntos tres al ocho. Dentro de 72 horas tras la aceptación pública de Israel, Hamás debe devolver a todos los rehenes, vivos o muertos –actualmente unos 100, según estimaciones de inteligencia estadounidense–. A cambio, Israel liberaría a 250 prisioneros con cadena perpetua y 1.700 gazatíes detenidos post-7 de octubre, incluyendo mujeres y niños. Por cada rehén israelí cuyos restos se entreguen, Israel repatriaría los de 15 gazatíes fallecidos.

Una vez cumplido esto, se otorgaría amnistía a miembros de Hamás que se comprometan con la coexistencia pacífica y desarmen sus armas; los que opten por exiliarse recibirán salvoconducto a países receptores. La ayuda humanitaria fluiría sin trabas a través de la ONU, la Media Luna Roja y otros organismos neutrales, restaurando infraestructuras vitales como agua, electricidad y hospitales, al menos al nivel del acuerdo de enero de 2025.

La gobernanza transicional, detallada en el punto nueve, es donde el plan adquiere su sello trumpiano. Gaza sería administrada por un comité palestino tecnócrata y apolítico, supervisado por un “Consejo de Paz» presidido por el propio Trump, con figuras como el ex primer ministro británico Tony Blair. Este cuerpo gestionaría fondos para la reconstrucción hasta que la Autoridad Palestina complete reformas alineadas con el plan de paz de Trump de 2020 y propuestas saudí-francesas.

«Llamaremos a los mejores estándares internacionales para crear una gobernanza moderna que atraiga inversión«, reza el texto. Se crearía un plan económico «Trump» con expertos en “ciudades milagro” del Golfo, estableciendo una zona económica especial con tarifas preferenciales (punto once). Nadie sería forzado a abandonar Gaza –contrarrestando acusaciones de desplazamiento masivo–, pero se incentivaría la permanencia con oportunidades de “construir un mejor Gaza” (punto doce).

Buscan desaparecer a Hamás

El desmantelamiento de Hamás es inexorable: en el punto trece, el grupo y facciones aliadas renuncian a cualquier rol gubernamental, destruyendo túneles, fábricas de armas y toda infraestructura ofensiva. Un proceso de desmilitarización supervisado por monitores independientes incluiría recompra de armas y reintegración, verificada internacionalmente. “La nueva Gaza se comprometerá con una economía próspera y coexistencia pacífica”, afirma el plan.

Garantías regionales (punto catorce) asegurarían el cumplimiento, mientras que una Fuerza de Estabilización Internacional (ISF), temporal y liderada por EE.UU. con socios árabes, desplegaría inmediatamente para entrenar policía palestina y securizar fronteras con Israel y Egipto (punto quince). Consultas con Jordania y Egipto, expertos en contrainsurgencia, subrayan el enfoque pragmático.

Los puntos restantes –dieciséis al veinte– abordan sostenibilidad a largo plazo: integración educativa contra el extremismo (dieciséis), cooperación en salud y medio ambiente (diecisiete), un fondo multilateral para refugiados (dieciocho), monitoreo satelital de fronteras (diecinueve) y un tratado de no agresión regional avalado por la ONU (veinte). Aunque el documento se redujo de 21 puntos originales –eliminando una cláusula sobre Jerusalén Este, según fuentes cercanas–, su ambición es clara: transformar Gaza en un hub económico, no en un polvorín, por supuesto, desde la óptica y los intereses estadounidenses y con la vigilancia y el aprovechamiento de Israel.

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