Peter Thiel asistió al River–Boca y se reunió con Caputo: todos los detalles de su estadía en Argentina
Thiel, el magnate aliado del Partido Republicano de extrema derecha de Donald Trump, creció en Swakopmund, Namibia, que en los años 70 era un enclave colonial alemán donde persistían influencias ideológicas extremistas, incluyendo la celebración de figuras nazis. Su intervención en la política incluye apoyo a plataformas y candidatos que promueven restricciones al voto, control de internet y restauración de estructuras jerárquicas tradicionales.

Peter Thiel: el magnate tecnológico que llegó a la Argentina, rechaza la democracia y se reunirá con Javier Milei
Peter Thiel, empresario de 58 años conocido por ser cofundador de PayPal y primer inversor externo de Facebook, se encuentra en Argentina y tiene prevista una reunión con el presidente Javier Milei este jueves por la mañana en la Casa Rosada, tras el regreso del mandatario de su gira por Israel. Thiel, figura central del libertarismo de extrema derecha y con un historial de posturas contrarias a la democracia liberal, generó además versiones sobre un posible vínculo comercial con servicios de inteligencia durante su estadía.
El propietario de Palantir se reunió con Santiago Caputo y permanece en la Argentina
Peter Thiel, propietario de Palantir —la plataforma de inteligencia artificial empleada por gobiernos como Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel para tareas de control social y seguimiento de migrantes— arribó a la Argentina la semana pasada, supuestamente atraído por seguir de cerca el “experimento” libertario impulsado por Javier Milei.
Según publicó La Política Online (LPO), Thiel se reunió con Santiago Caputo y mantiene la intención de permanecer un tiempo en el país. Fuentes oficiales confirmaron que el encuentro con Caputo consistió en “una charla sobre política internacional”; en el Gobierno resumieron la cita con la expresión “filosofaron”.
La Política Online también reveló que, tiempo atrás, la entonces ministra Patricia Bullrich intentó concretar la contratación de Palantir para operar en el país. Bullrich habría preparado “un contrato extra-large” para que la empresa ingresara mediante un convenio con la Agencia de Seguridad Migratoria, organismo para el que impulsó la postulación de Diego Valenzuela; ese avance fue detenido, según la versión, por Karina Milei.
Además de las reuniones políticas, Thiel asistió al superclásico River–Boca en el estadio Monumental, invitado por un asesor cercano a un consultor de Javier Milei, que a su vez mantiene buen vínculo con la conducción del club encabezada por Stefano Di Carlo.
El arribo de Thiel reavivó críticas en el arco opositor y en sectores del Congreso. Un senador peronista manifestó su alarma: “Es asesor de Trump y proveedor de IA para la defensa de EE. UU.; su empresa también provee IA para inteligencia local y espionaje”, y añadió que se trata de “la privatización de la guerra y la cesión de soberanía estatal a corporaciones de la industria armamentística”.
Según informó la periodista Mara Pedrazzoli en Página|12, durante su visita Thiel también almorzó con autoridades de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE). Ese encuentro encendió especulaciones acerca de una potencial provisión de servicios de rastreo y análisis de datos por parte de Palantir Technologies, la compañía cofundada y presidida por Thiel, especializada en software de análisis masivo para agencias de defensa, inteligencia y seguridad.
La carrera de Thiel comenzó en 1998 con la fundación de PayPal junto a Elon Musk, plataforma de pagos digitales luego vendida a eBay.
En 2004 consolidó su posición en Silicon Valley al invertir 500.000 dólares en Facebook como su primer backer externo, operación que le reportó beneficios multimillonarios. En 2003 también participó en la creación de Palantir, empresa que desde sus comienzos contó con auspicios vinculados a agencias estadounidenses, incluida la CIA, y que hoy trabaja con organismos como el Pentágono, la CIA y el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. (ICE), así como con entidades en Europa.
Thiel ha sostenido públicamente un ideario libertario extremo y un escepticismo marcado hacia la democracia representativa. En 2009, en un ensayo titulado The Education of a Libertarian, afirmó que “la libertad y la democracia ya no son compatibles”, y en 2015 defendió el uso de la tecnología sin regulación como herramienta para llevar adelante transformaciones sin necesidad de aprobación mayoritaria (cual tirano avalado). Esa combinación de libertarianismo económico, darwinismo social y tecnocratismo lo llevó a promover propuestas como las seasteads —ciudades flotantes fuera de jurisdicciones nacionales— e invertir en investigaciones sobre inmortalidad, inteligencia artificial y criogenia.
En el plano político estadounidense, Thiel financió campañas de perfil ultraconservador. Fue el principal respaldo económico de J.D. Vance en su ascenso al Senado en 2022 y apoyó la fórmula presidencial de Donald Trump en 2016, además de haber impulsado candidaturas como la de Blake Masters. Su intervención en la política incluye apoyo a plataformas y candidatos que promueven restricciones al voto, control de internet y restauración de estructuras jerárquicas tradicionales.
El vínculo de Thiel con pensadores neorreaccionarios como Curtis Yarvin, quien plantea un modelo posdemocrático de gobierno corporativo, y su recurrencia a lecturas de autores como Carl Schmitt o Leo Strauss alimentan las críticas sobre una visión del poder donde el soberano sería el empresario y la legitimidad se mide por una supuesta eficiencia más que por la inclusión y participación popular. Thiel no suscribe visiblemente a todos esos modelos, pero ha financiado espacios que los difunden.
Palantir, la compañía que preside, es eje de controversia por su papel en vigilancia y control. El software de la firma se ha utilizado para rastrear y perfilar migrantes, y sus contratos públicos superaron en 2021 los 1.500 millones de dólares. Su actividad con agencias de seguridad y migración estadounidense la sitúa en el centro del debate sobre el uso ético de la tecnología para fines estatales.
El periodista argentino, Marcelo Longovardi, explicó que son los tecno-autoritarios como Peter Thiel
La biografía personal de Thiel también aporta elementos controvertidos. Nacido en Frankfurt en 1967, vivió en Estados Unidos y luego en Namibia durante la época en que ese territorio estaba bajo el régimen de apartheid sudafricano; él mismo ha reconocido que esa experiencia escolar rígida influyó en su formación ideológica. Durante su paso por la Universidad de Stanford, donde estudió Filosofía y Derecho, fundó la revista The Stanford Review, publicación crítica de las políticas de diversidad y con una línea editorial que fue calificada de homofóbica; en 2007 Thiel hizo pública su homosexualidad.
El nombre de Thiel surgió además en documentos judiciales relacionados con Jeffrey Epstein, condenado por delitos sexuales. Registros desclasificados indican que Epstein lo invitó en 2018 a su isla privada en el Caribe, lugar asociado a abusos investigados; Thiel afirmó no haber viajado a esa isla, aunque reconoció que conoció a Epstein y se reunió con él en más de una ocasión. En 2024 declaró en un podcast que se conocieron en 2014 a través de otro ejecutivo de Silicon Valley.
Thiel se presenta también como promotor de una ambición tecnológica que trasciende lo empresarial: ha invertido considerables sumas en biotecnología para prolongar la vida y ha afirmado públicamente que “la muerte es un problema técnico pendiente de resolver”. Para varios analistas, su figura combina poder económico, influencia política e impulso ideológico, transformándolo en actor central de un ecosistema donde capital, tecnología y pensamiento convergen en propuestas que, según sus críticos, ponen en jaque principios democráticos, lo público, derechos y el bien común.
La llegada de Thiel a Buenos Aires y su encuentro programado con el ultralibertario presidente de Argentina, Milei, reavivan el debate sobre las conexiones entre empresarios tecnológicos con agenda posliberal de puro interés privado con gobiernos que promueven transformaciones autoritarias que lejos de construir un proyecto de país próspero y soberano, profundizan la desigualdad y la censura a la participación ciudadana democrática en la organización del Estado.




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