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Netanyahu asegura que existe un “gen judío”: ¿Herramienta científica o supremacismo racial?

El primer ministro israelí aseguró que existe un presunto “gen Zachary” que les da derecho a apropiarse de la tierra de Israel y sus territorios circundantes.

Foto: X / Netanyahu
Foto: X / Netanyahu

En una reciente entrevista, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu afirmó que estudios genéticos realizados en distintas comunidades judías —ashkenazíes, yemenitas, norteafricanas e incluso etíopes— revelaron “algo asombroso”: la existencia de “un gen judío” que “lleva directamente de vuelta a la Tierra de Israel”.

“Todos nosotros, en las diferentes comunidades, tenemos este gen judío”, sostuvo Netanyahu, presentándolo como una presunta prueba irrefutable de la conexión ancestral del pueblo judío con la región, frente a narrativas que cuestionan sus raíces históricas.

La declaración ha generado polémica, porque se acerca demasiado a otros discursos apologéticos de la supremacía racial de un grupo étnico sobre otros. Mientras algunos la celebran como validación científica de la narrativa sionista, otros la critican por simplificar la compleja realidad de la genética de poblaciones y por bordear el esencialismo étnico.

Lo que dice la ciencia: el “gen Zachary”

Los estudios genéticos de poblaciones judías (realizados por investigadores como Harry Ostrer, Doron Behar y Michael Hammer, entre otros) efectivamente muestran que la mayoría de los grupos judíos diaspóricos comparten un componente ancestral significativo originario del Levante (la antigua Canaán/Israel). Marcadores en el cromosoma Y, como el Cohen Modal Haplotype, y análisis autosómicos confirman una continuidad genética que se remonta a hace más de 2.000-3.000 años para ashkenazíes, sefardíes y muchos mizrajíes.

Sin embargo, los expertos coinciden en que no existe un solo “gen judío”. La identidad judía es compleja: combina elementos étnicos, religiosos, culturales y de autoidentificación. Además, comunidades como los judíos etíopes (Beta Israel) presentan perfiles genéticos mayoritariamente africanos, con menor señal levantina, lo que hace que la afirmación generalizadora de Netanyahu sea científicamente inexacta.

Sionismo, etno-nacionalismo y la línea del supremacismo

El sionismo surgió a finales del siglo XIX como un movimiento de liberación nacional judía ante el antisemitismo europeo, buscando el derecho a la autodeterminación en su patria histórica. Históricamente, ha tenido corrientes laicas, socialistas, liberales y religiosas. Su núcleo es la idea de que los judíos constituyen un pueblo con derecho a un Estado propio en Israel.

Eso ha derivado, con los años, en una ideología que se expresa dentro del espectro de la extrema derecha, con manifestaciones supremacistas como la de las administraciones de Netanyahu. Bajo su manejo, el país ha separado a los palestinos en grupos de segunda categoría y, en paralelo, el Parlamento aprobó en 2018 la Ley Básica Israel como el Estado-Nación del Pueblo Judío, que instaura la religión judía (y a sus practicantes) como oficial y primordial.

La invocación de la genética por parte de Netanyahu forma parte de una evolución moderna del discurso sionista: usar evidencia científica para reforzar la continuidad étnica y contrarrestar acusaciones de colonialismo. En un contexto de conflicto prolongado, sirve para unir a una sociedad judía diversa y legitimar la presencia israelí.

¿Supremacismo racial? Aquí la línea es delicada. A diferencia del nazismo —que promovía la superioridad biológica aria y el exterminio de “razas inferiores”—, el sionismo no se basa en doctrinas de supremacía racial ni en pseudociencia eugenésica. La mayoría de sus corrientes históricas rechazan explícitamente el racismo.

No obstante, cuando se enfatiza de forma excesiva la “pureza” o excepcionalidad genética de un grupo para justificar derechos territoriales exclusivos, el discurso puede derivar en etnonacionalismo radical.

Críticos argumentan que hablar de un “gen judío” que confiere conexión privilegiada con la tierra roza el esencialismo biológico, similar a cómo otros nacionalismos usan la etnia o la “sangre” para definir pertenencia. En Israel, esto también choca con la realidad de una sociedad multiétnica y con la cuestión de los derechos de los palestinos.

Netanyahu, cuyo padre Benzion fue un historiador revisionista, ha usado frecuentemente argumentos históricos y ahora genéticos para defender una visión firme de los derechos judíos sobre la tierra. Sus detractores lo acusan de instrumentalizar la ciencia con fines políticos; sus defensores responden que solo está afirmando una verdad histórica respaldada por datos.

«Hicieron estudios genéticos a los judíos de diferentes comunidades y todos tienen un gen llamado gen Zachary, que lleva directamente a la tierra de Israel, todos tenemos ese gen desde nuestra madre y los orígenes de esta tierra».

El fuhrer polaco Mileikowsky habla de teorías… pic.twitter.com/5pW37jfKeN

— Daniel Mayakovski (@DaniMayakovski) July 24, 2026

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