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Dos años de sangre en Gaza: Israel bajo la sombra del genocidio

En el aniversario del ataque de Hamas, la Franja de Gaza emerge como un cementerio a cielo abierto. Más de 66.000 muertos, ciudades en ruinas y un pueblo al borde del exterminio. ¿Cuánto más puede el mundo mirar para otro lado?

Decenas de países de todo el mundo denuncian un genocidio en Gaza por parte de las fuerzas ocupantes israelíes
Decenas de países de todo el mundo denuncian un genocidio en Gaza por parte de las fuerzas ocupantes israelíes

El 7 de octubre de 2023, Hamas irrumpió en el sur de Israel, dejando un saldo de 1.200 vidas segadas y 251 rehenes. Fue un acto de barbarie que sacudió al mundo. Pero la respuesta de Israel ha eclipsado esa tragedia inicial con una ofensiva que, dos años después, huele a aniquilación sistemática. Hoy, 7 de octubre de 2025, Gaza no es solo un campo de batalla: es un epitafio vivo para decenas de miles de inocentes.

La cuenta de los muertos es escalofriante. Al menos 66.000 palestinos han perecido bajo las bombas del Ejército de Defensa de Israel (IDF), con más de 150.000 heridos que claman por un futuro robado. Niños y mujeres representan el 40% de las víctimas, según el Ministerio de Salud de Gaza y la ONU. En el primer año solo, las cifras superaron las 40.000 muertes. Ahora, con la guerra extendida, cada día suma más cuerpos a las fosas comunes improvisadas.

No son solo números: son familias enteras borradas del mapa. En Cisjordania, las redadas nocturnas del IDF han cobrado más de 700 vidas palestinas, a menudo sin provocación aparente. Israel lo llama autodefensa contra el terror de Hamas. Pero expertos en derecho internacional susurran una verdad más cruda: esto ha cruzado la línea de la proporcionalidad, convirtiéndose en una venganza colectiva contra un pueblo entero.

La devastación material es un paisaje apocalíptico. El 80% de los edificios en Gaza yacen en ruinas: hogares, escuelas, hospitales, mezquitas. Ciudades como Gaza Ciudad y Jan Yunis, que albergaban a millones, son ahora fantasmas de hormigón pulverizado. La ONU estima que la reconstrucción tomará décadas. ¿Y el sistema de salud? Colapsado. De 36 hospitales, solo tres operan a media máquina en 2025. El 70% de las clínicas han sido blanco de ataques, un crimen flagrante contra el derecho humanitario.

Imaginemos a 600.000 niños sin escuela, bombardeados en aulas convertidas en refugios. La UNRWA, la agencia de la ONU para refugiados palestinos, cuenta 500 escuelas destruidas. No es daño colateral: informes de Human Rights Watch revelan bombas de gran penetración lanzadas sobre barrios densos, como si el objetivo no fuera Hamas, sino la existencia misma de Gaza.

La crisis humanitaria es un arma silenciosa pero letal. El bloqueo israelí ha cortado el agua, la comida y el combustible, sembrando hambruna generalizada. En 2024, Amnistía Internacional advirtió de un exterminio por sed: el 96% de los gazatíes sin agua potable durante meses. Hoy, 1.9 millones de personas —el 90% de la población— vagan desplazados, acurrucados en tiendas bajo el fuego cruzado. La ONU lo califica como la peor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial.

Una mujer gazatí, rodeada de cientos de otras personas, grita desesperada por un plato de comida. Foto cortesía de la agencia de noticias palestina WAFA
Una mujer gazatí, rodeada de cientos de otras personas, grita desesperada por un plato de comida. Foto cortesía de la agencia de noticias palestina WAFA

El paisaje de un genocidio visto en tiempo real por el mundo

Ataques contra convoyes de ayuda han segado más de 300 vidas de trabajadores humanitarios, muchos de la UNRWA. Escuelas-refugio bombardeadas, familias atrapadas en el hambre. Desde Ramala, líderes palestinos lo llaman por su nombre: un plan para hacer Gaza inhabitable, allanando el camino para la expansión territorial israelí.

Aquí radica el núcleo del horror: las violaciones que gritan genocidio. La Convención de 1948 lo define claro: actos con intención de destruir a un grupo étnico o nacional. En septiembre de 2025, una comisión de la ONU lo certificó: Israel ha cometido genocidio en Gaza. Cuatro de cinco actos prohibidos están presentes: matanzas masivas, daños físicos graves, condiciones letales impuestas y barreras a los nacimientos.

Declaraciones de funcionarios israelíes avivan la llama de la prueba: llamados a «borrar Gaza de la tierra». Amnistía Internacional, en su duro informe de diciembre de 2024, habla de actos genocidas con «impunidad total«, usando el hambre como arma, un delito bajo el Estatuto de Roma de la CPI.

Human Rights Watch no se queda atrás. En noviembre de 2024, denunció el desplazamiento masivo como crimen contra la humanidad. Meses después, apuntó al exterminio por privación de agua a 2.3 millones. Y en agosto de 2025, reveló disparos contra civiles mendigando comida en puntos de ayuda respaldados por EE.UU.: puro crimen de guerra. El asalto al hospital Al-Shifa en 2023, con torturas y ejecuciones, es solo la punta del iceberg de una ocupación que huele a apartheid agravado.

El mundo judicial responde, aunque a paso de tortuga. En diciembre de 2023, Sudáfrica llevó el caso a la Corte Internacional de Justicia (CIJ), que en enero de 2024 ordenó a Israel prevenir el genocidio y abrir paso a la ayuda. Reconoció un «riesgo plausible«. Para octubre de 2025, más de 20 países —incluido Brasil— se suman, exigiendo justicia. La CPI ha emitido órdenes contra Netanyahu por crímenes de guerra y contra la humanidad, aunque el genocidio pende como espada de Damocles.

Palestinos afligidos se despiden de sus seres queridos que murieron en los ataques israelíes en Deir al-Balah, en el centro de la Franja de Gaza, el 12 de julio de 2025. Foto cortesía de la agencia de noticias palestina WAFA
Palestinos afligidos se despiden de sus seres queridos que murieron en los ataques israelíes en Deir al-Balah, en el centro de la Franja de Gaza, el 12 de julio de 2025. Foto cortesía de la agencia de noticias palestina WAFA

Israel defiende su accionar: sostienen que es proporcional

Israel se defiende: es autodefensa bajo la Carta de la ONU, con Hamas usando civiles como escudos. Han destruido túneles y líderes terroristas, dicen. Pero tras dos años de ruinas, ¿sigue valiendo la excusa? Analistas en The Conversation lo dudan: esto es agresión punitiva, no defensa.

La reacción global es un mosaico fracturado. La ONU condena sin cesar; su Consejo de Derechos Humanos pide investigaciones en 2025. EE.UU. veta resoluciones pero frena envíos de armas bajo presión doméstica. El Sur Global —Sudáfrica, Brasil— clama sanciones. Europa titubea con embargos parciales. Para los palestinos, esta parálisis es complicidad en el genocidio, un permiso para la impunidad.

En el aniversario, Gaza susurra una pregunta al mundo: ¿hasta cuándo? La ofensiva de Israel no solo respondió a Hamas; la superó en escala y sadismo, apuntando al corazón de un pueblo. Matanzas, ruinas, hambre: todo grita destrucción intencional. La comunidad internacional debe despertar: embargos de armas ya, apoyo total a la CIJ, un alto al fuego inquebrantable.

Solo así, quizás, Gaza deje de ser sinónimo de muerte. Dos años bastan para un luto eterno, pero no para olvidar la verdad. El mundo debe actuar, o ser cómplice de la historia más oscura.

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