El juego de Reyes e históricos sabios que gana cada vez más relevancia en países de todo el mundo
Por qué nos sigue fascinando el ajedrez: el juego que nos enseña a pensar cuando cada vez se piensa menos.

El juego de reyes que se niega a envejecer: por qué el ajedrez conquista a 250 millones de usuarios
Mientras crece la sospecha de que la humanidad piensa cada vez menos —hay quienes ya consideran eterno un video de treinta segundos—, un fenómeno corre en sentido contrario: nunca antes tanta gente había jugado al ajedrez ni lo había usado, con sólido aval científico, como gimnasio para la mente y herramienta pedagógica.
La plataforma Chess.com dice tener más de 250 millones de cuentas, y la cifra de países que lo incorporan a las aulas no para de subir. Todo esto le devuelve energía a un juego con quince siglos de historia documentada a cuestas.
De Pedro Sánchez a Haaland: las celebridades que caen bajo su hechizo
La lista de figuras públicas seducidas por el tablero es larga y variopinta. Lo practican el presidente español Pedro Sánchez, el tenista Carlos Alcaraz, el comunicador David Broncano y futbolistas como Erling Haaland y Unai Simón. Además, funciona como fuente de inspiración para el deporte profesional —Pep Guardiola, Ernesto Valverde— y para el arte, con nombres como Arturo Pérez-Reverte, Humphrey Bogart, Stanley Kubrick o Milos Forman. Y por debajo de esas figuras conocidas, decenas de millones de personas mueven piezas cada mes a través de internet.
El poder de atracción del juego quedó en evidencia el pasado 2 de mayo en el espacio cultural Matadero Madrid, durante el festival por los cincuenta años de EL PAÍS —diario en el que la columna de ajedrez es la única que se publicó todos los días durante medio siglo—. Allí, la gran maestra hispano-iraní Sara Khadem enfrentó a veinte rivales en simultáneas. «Esto tiene algo de hipnótico», «es como un imán», «no sé jugar, pero el ambiente es cautivador», se escuchaba entre el público. Muchos permanecieron más de dos horas, apenas acompañados por una suave música de fondo.
De Persia a América: el largo viaje de un tablero milenario
Irán, entonces Persia, fue el puente entre la India del siglo VI y la corte de Bagdad en el VII. De allí los árabes lo trajeron a al-Ándalus en el siglo VIII y lo expandieron con rapidez hacia el norte de la península ibérica, algo que reflejó hace poco la muestra Formas dormidas del Museo Nacional de Escultura, en Valladolid. El rey Alfonso X el Sabio dejó constancia en su monumental Libro de axedrez, dados e tablas (1283) de que lo jugaban musulmanes, judíos y cristianos, sin distinción de género ni de edad.
Casi dos siglos más tarde, hacia 1475 y probablemente en Valencia, la dama se transformó en la pieza más poderosa del tablero. Fueron los españoles quienes exportaron la versión moderna del juego a América y a buena parte de Europa, mientras el clérigo extremeño Ruy López, apadrinado por Felipe II, era reconocido a mediados del siglo XVI como el primer campeón oficioso de la historia.
Cuando el error se vuelve arte
Casi cinco siglos después, el mejor ajedrecista del planeta ya no es humano: calcula millones de jugadas por segundo y cabe en un teléfono. Y sin embargo, el ajedrez como deporte conserva pleno sentido, porque en él la belleza suele nacer del error. Uno falla, el rival lo castiga con genialidad y, entre ambos, terminan creando una obra de arte.
Los torneos presenciales siguen en aumento: la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) agrupa a 203 países miembros, superada apenas por las federaciones de fútbol, atletismo y básquetbol. Pero el crecimiento más explosivo está en lo virtual. Si sumamos a quienes juegan al menos una vez por mes en Chess.com y agregamos otros portales de peso como Lichess o Play Chess, el total trepa a varias decenas de millones.
El fenómeno se disparó con la pandemia y con el éxito de la serie Gambito de dama, a la que Netflix sumó luego otras dos producciones: La reina del ajedrez, sobre Judit Polgar —única mujer que integró el top ten mundial—, y Jaque al rey, acerca de la acusación de trampas, nunca probada, que Magnus Carlsen lanzó contra Hans Niemann. No fue una moda pasajera: los números siguen creciendo mes a mes.
Más partidas posibles que átomos en el universo
La primera clave de su magnetismo es sencilla: quien se engancha al ajedrez tiene casi asegurado no aburrirse jamás. La cantidad de partidas distintas posibles —un uno seguido de 123 ceros— supera al número de átomos del universo conocido, que es un uno seguido de 80 ceros.
A eso se suma su parentesco con innumerables campos del saber: educación, inteligencia artificial, matemáticas, pedagogía, psicología, psiquiatría, neurología, cine, literatura y política internacional. Pocas actividades humanas atesoran más de 1.500 años de historia documentada, una mina de oro para periodistas y divulgadores, porque en esos quince siglos desfilan cientos de personajes dignos de novela o película.
Algunos ejemplos de esa cultura ajedrecística resultan fascinantes. El juego aportó muchísimo al desarrollo de la inteligencia artificial, desde Alan Turing en 1947 hasta el Premio Nobel de Química otorgado a Demis Hassabis en 2024. Fue prohibido por la Inquisición, por el gobierno chino durante los últimos años de Mao Zedong, por el ayatolá Jomeini en Irán y, en la actualidad, por los talibanes en Afganistán.
La proporción mundial es de aproximadamente una mujer por cada diez hombres. Junto con la música y las matemáticas, es la actividad que genera más niños prodigio.
Existe evidencia científica firme de que estimula la inteligencia, tanto cognitiva como emocional, y retrasa el envejecimiento cerebral y, con él, el alzhéimer. El excampeón Gari Kaspárov, exiliado en Nueva York, figura muy alto en la lista de objetivos de Vladímir Putin; su viejo rival Anatoli Kárpov, diputado del partido oficialista ruso, apareció inconsciente en una calle oscura poco después de manifestarse públicamente contra la invasión a Ucrania.
Magnus Carlsen encabeza el grupo de los 10 ajedrecistas más importantes de esta época, un periodo caracterizado por la influencia de los motores de análisis de computadora, las transmisiones globales en vivo y la irrupción de jóvenes prodigios de la llamada «Generación Z».
Los 10 referentes del ajedrez moderno
Magnus Carlsen (Noruega): El dominador absoluto del ajedrez contemporáneo, número uno indiscutible y campeón en múltiples disciplinas rápidas.
Fabiano Caruana (Estados Unidos): Subcampeón del mundo clásico en 2018 y persistente número dos del escalafón global FIDE.
Hikaru Nakamura (Estados Unidos): El rey del ajedrez de velocidad e Internet, quien combina su estatus de súper gran maestro con una masiva faceta de streamer de éxito mundial.
Ding Liren (China): El actual campeón del mundo clásico de la FIDE tras ganar la corona en el histórico encuentro por el título mundial de 2023.
Hou Yifan (China): La mujer con el mayor Elo del planeta, quien sigue liderando de forma ininterrumpida el ranking femenino absoluto.
Ju Wenjun (China): La vigente Campeona Mundial Femenina, famosa por revalidar su corona reiteradamente y sostenerse en la cúspide de los torneos femeninos.
Javokhir Sindarov / Nodirbek Abdusattorov (Uzbekistán): Representantes del «milagro uzbeko». Ambos lideran a una generación joven hipercompetitiva que conquistó las Olimpiadas de ajedrez.
Alireza Firouzja (Francia): Prodigio franco-iraní de ataque agresivo que se convirtió en uno de los más jóvenes en romper la mítica barrera de los 2800 puntos Elo.
Gukesh D / Praggnanandhaa R (India): Estrellas del masivo resurgimiento de la India, habiendo disputado torneos de Candidatos y finales del mundo siendo apenas adolescentes.
Zhu Jiner / Lei Tingjie (China): Las colíderes indiscutibles que acechan la cima de los listados femeninos FIDE junto a la élite mundial.
Un mar donde bebe el mosquito y se baña el elefante
Casi 1.300 años después de que el ajedrez fuera materia central en la formación de los nobles andalusíes, España se ubica hoy en la vanguardia mundial de su incorporación como recurso educativo, impulsada sobre todo por la recomendación unánime del Congreso de los Diputados —una rareza en aquel Parlamento— el 11 de febrero de 2015. También lidera en sus aplicaciones sociales y terapéuticas, en especial en Extremadura: envejecimiento cerebral, cárceles, rehabilitación de adicciones, TDAH, espectro autista, síndrome de Down y más.
Y desde 1988, tras la enorme repercusión del Mundial Kaspárov-Kárpov en Sevilla —trece millones de personas siguieron en directo por TVE la partida decisiva—, es el país con más torneos internacionales por año, varios cientos.
El panorama es alentador y choca de frente con la «tontocracia» que alimentan el mal uso de las redes sociales y ahora ChatGPT y compañía: millones de personas copian, pegan y envían sin aportar casi nada de su propio cerebro cuando un jefe o un docente les encarga un trabajo, algo que pone en duda si el Homo sapiens seguirá mereciendo ese nombre. Goethe, uno de los eruditos más cultos que existieron, dejó una vara altísima: «El ajedrez es la piedra de toque del intelecto».
Pero un proverbio hindú recuerda que no hace falta ser un maestro para disfrutarlo: «El ajedrez es un mar donde un mosquito bebe y un elefante se bañan». Quizás fue el alemán Siegbert Tarrasch, uno de los grandes de hace un siglo, quien mejor lo resumió: «El ajedrez, como el amor y la música, hace felices a quienes lo practican».
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