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Gemelas idénticas y médicas: lo que la ciencia explica (y lo que no) sobre sentir igual

Rosario y María José Gueçaimburú, gemelas idénticas y médicas, participaron del podcast MP Talks para explicar, desde la ciencia y su propia experiencia, qué comparten realmente los gemelos y qué no.

María José y María José Gueçaimburú en MP Talks
María José y María José Gueçaimburú en MP Talks

«¿Qué se siente al ser dos personas iguales?» Es la pregunta que más les hicieron en toda su vida a Rosario y María José Gueçaimburú, gemelas idénticas y médicas, y la que ninguna de las dos puede responder: nunca supieron lo que es no serlo. La dupla conversó en el podcast MP Talks, de MP – Medicina Personalizada, sobre lo que la genética explica de su parecido y lo que, aseguran, no logran confirmar en carne propia: la telepatía o el dolor compartido a la distancia.

Rosario es neonatóloga y genetista médica en MP. María José es médica general y estética. Son dos de los seis hermanos de una familia que vivió varios años fuera de Uruguay por el trabajo del padre y que hoy sigue reuniéndose casi todos los sábados.

Genéticamente, los gemelos idénticos, también llamados monocigóticos, comparten el cien por ciento de la información genética: provienen de un solo óvulo fecundado por un solo espermatozoide que se divide en dos embriones. Es distinto al caso de los mellizos, o gemelos dicigóticos, que se originan en dos óvulos fecundados por dos espermatozoides y comparten apenas la mitad de su carga genética, igual que cualquier par de hermanos.

Ese cien por ciento compartido, sin embargo, no significa que dos gemelos vayan a ser idénticos en todo. Rosario explicó que la diferencia la marca la epigenética: modificaciones no heredables que prenden o apagan genes según el ambiente en el que vive cada persona. Por esa vía, el entorno puede hacer que un gemelo tenga distinto peso o un envejecimiento diferente al de su hermano, aun compartiendo el mismo ADN. Puso un ejemplo menos esperable: las huellas dactilares. Aunque la carga genética sea idéntica, el líquido amniótico y el útero forman pliegues distintos en cada feto, así que ni siquiera las huellas de un gemelo monocigótico son iguales a las del otro.

El momento en que el óvulo fecundado se divide también determina el riesgo del embarazo. Si la división ocurre temprano, cada gemelo tiene su propia placenta y su propia bolsa. Si ocurre más tarde, ambos comparten una sola placenta y una sola bolsa, el escenario de mayor riesgo, donde puede darse el síndrome de transfusión feto-fetal: los vasos sanguíneos compartidos hacen que un gemelo reciba más sangre que el otro, con consecuencias para los dos. Todo embarazo gemelar se considera de alto riesgo, explicó Rosario, porque el cuerpo humano, a diferencia del de otras especies, está pensado para gestar un solo feto por vez.

Sobre su propio nacimiento, las hermanas Gueçaimburú cuentan que llegaron a término y con un peso alto para tratarse de gemelas: 3.200 y 3.280 gramos, unos 3,2 kilos cada una. Nacieron con diez minutos de diferencia y, entre risas, se acusan mutuamente de haber sido «la gemela en sufrimiento» por los segundos sin oxígeno que implica nacer en segundo lugar.

Otro punto que despejaron fue el de la herencia. Que existan gemelos en una familia no siempre significa lo mismo. La tendencia a la multiovulación, la posibilidad de liberar varios óvulos en un mismo ciclo, sí tiene un componente hereditario y puede derivar en mellizos. La división espontánea de un óvulo fecundado en dos gemelos idénticos, en cambio, no se hereda: es, según Rosario, casi una anomalía biológica sin explicación clara.

Frente a mitos más difundidos, como el de sentir el dolor físico del otro gemelo a la distancia, las hermanas fueron categóricas: a ellas nunca les pasó. Cuando una tuvo neumonía hace poco, la otra no se enfermó. Lo que sí reconocen es una preocupación desproporcionada por la salud de la otra, más cercana a la ansiedad que a un vínculo sobrenatural. «Yo para saber si ella está mal necesito hablar por teléfono», dijo una de ellas.

De la infancia recuerdan que sus padres nunca intentaron diferenciarlas a propósito, algo que hoy se recomienda hacer con gemelos: mismo corte de pelo, misma ropa. De bebés, a veces ni sus propios padres lograban distinguirlas y solo las identificaban por el color del chupete. La adolescencia las distanció —Rosario se casó a los 20 años, María José seguía soltera y salía de noche— pero el reencuentro en la adultez, con la misma profesión y el mismo grupo de amigas, las volvió a acercar. Terminan las frases de la otra y a veces contestan preguntas que no les hicieron a ellas. También comparten pacientes cuando alguna tiene una duda clínica.

Sobre el balance de haber crecido siendo dos, no dudaron: lo único que lamentan es haber recibido, de chicas, los mismos regalos en distinto color.

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Rosario es neonatóloga y genetista médica. María José, médica general y estética. Son gemelas idénticas y en el podcast MP Talks contaron qué explica realmente la ciencia sobre parecerse tanto — y qué no.

Dato clave: los gemelos idénticos comparten el 100% del ADN. Pero ni siquiera eso las hace iguales en todo. La epigenética (modificaciones que prenden o apagan genes según el ambiente) explica por qué pueden tener distinto peso o envejecer distinto, aunque el ADN sea el mismo. Ni las huellas dactilares les coinciden: se forman por los pliegues del útero, no por los genes.

Mellizos ≠ gemelos idénticos. Los mellizos vienen de dos óvulos y dos espermatozoides, comparten el 50% de la carga genética como cualquier hermano, y pueden ser de distinto sexo. Los gemelos idénticos vienen de un solo óvulo que se divide en dos.

¿Y la telepatía? Ellas lo desmienten: nunca sintieron el dolor físico de la otra a la distancia. Lo que sí sienten es una preocupación desproporcionada cuando a la otra le pasa algo.

Nacieron con 10 minutos de diferencia, pesando 3,2 kilos cada una. De chicas, sus propios padres a veces no sabían cuál era cuál y las distinguían por el color del chupete.

Hoy, después de una adolescencia en la que se distanciaron, viven prácticamente en sintonía: misma profesión, mismo grupo de amigas, y terminan las frases de la otra sin darse cuenta.

Lo único que lamentan de haber crecido siendo dos: los regalos siempre venían repetidos, solo cambiaba el color.

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