maternidad deseada

Fue madre a los 62 años por reproducción asistida: “La menopausia hoy no es un obstáculo”

Mabel, de 62 años, dio a luz a su primer hijo en San Nicolás, provincia de Buenos Aires, y se convirtió en la madre de mayor edad registrada en Argentina.

Mabel con su bebé recién nacido. Foto: redes sociales
Mabel con su bebé recién nacido. Foto: redes sociales

A los 62 años, mientras muchas mujeres de su generación celebran el nacimiento de sus nietos, Mabel acaba de tener a su primogénito. El miércoles 12 de agosto, en el Hospital San Felipe de San Nicolás, dio a luz a David mediante una cesárea programada. Con 2,750 kilos de peso y en “perfectas condiciones” de salud, el bebé no solo llegó al mundo, sino que inscribió a su madre en los registros médicos como la madre primeriza de mayor edad en la historia argentina.

Pero, ¿cómo es posible gestar un hijo cuando el reloj biológico ya marcó su fin? Mabel había atravesado la menopausia hacía muchos años. Sin óvulos propios, el camino natural estaba vedado. Sin embargo, la reproducción asistida le ofreció una puerta: la ovodonación. En la ciudad de Rosario, bajo la dirección del doctor Matías Colabianchi, un óvulo de una donante joven fue fecundado en el laboratorio. El embrión resultante fue transferido a su útero, y contra todo pronóstico, logró anidar en el primer intento.

“Decidí tener un hijo ahora porque hace muchos años que quedé menopáusica, pero yo siempre tuve el deseo de ser madre. No me di por vencida”, confiesa Mabel con una serenidad que desarma. Detrás de esa decisión no hubo impulsividad, sino una certeza forjada en años de espera. “Soy una mujer de mucha fe. Oraba, ponía mi mejor energía y sentía en mi corazón que iba a ser madre. Hasta que un día tomé la decisión y me animé”.

Tengo un útero muy saludable”

El tratamiento de fertilidad se realizó con óvulos donados y la gestación transcurrió con una normalidad que asombró a los especialistas. “Todo salió perfecto: el tratamiento, se formó el embrión, llevé un embarazo hermoso y llegó David”, detalló la flamante madre sobre su experiencia.

¿El secreto de un embarazo longevo sin sobresaltos? La propia Mabel lo atribuye a su estado físico. “Yo soy saludable; tengo un útero muy saludable y eso me ayudó mucho; sino hubiera sido imposible”, asegura. Y la ciencia respalda esa observación: en mujeres mayores, la calidad del endometrio y la salud vascular del útero son factores diferenciales para que la implantación sea exitosa, más allá de la edad cronológica.

La obstetra Romina Ruffini, quien llevó adelante el seguimiento del caso en San Nicolás, destaca un componente clave que suele subestimarse: la actitud de la paciente. “Ella es una paciente muy predispuesta, estaba siempre muy tranquila, muy confiada. Se hacía todo lo que se le solicitaba en tiempo y forma, totalmente confiada y entregada al médico”. Esta adherencia estricta al tratamiento y la estabilidad emocional son, en la práctica clínica, tan determinantes como los fármacos.

El parto, que finalmente se resolvió por cesárea, cerró un ciclo de nueve meses de gestación absolutamente normales. Mabel no es un caso aislado en el concierto mundial, pero sí un hito local. En 2005, la rumana Adriana Iliescu dio a luz a los 66 años; un año después, la española María del Carmen Bousada de Lara tuvo mellizos a la misma edad; y en 2015, la alemana Annegret Raunigk sorprendió al mundo con cuatrillizos a los 65 años en Ucrania. Sin embargo, en Argentina no existían registros de una madre primeriza que cruzara la barrera de los 60 años, lo que otorga al nacimiento de David un valor documental y médico excepcional.

“Estoy muy agradecida con el doctor. La doctora Ruffini fue excelente conmigo”, insiste Mabel, mientras ajusta al pequeño David en sus brazos.

Lejos de guardarse el aprendizaje, Mabel deja un mensaje contundente para otras mujeres que podrían sentirse excluidas del relato materno por la edad. “No hay que darse por vencido. La menopausia en estos tiempos no es un obstáculo; la ciencia avanzó mucho. Me atendieron muy bien”, cierra con una sonrisa.

David no es solo el nombre de un bebé sano; es el símbolo de una perseverancia que se negó a aceptar los límites impuestos y de un sistema médico que, gracias a la tecnología y a la empatía, supo acompañar el sueño de una mujer que nunca dejó de creer

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