“Una bofetada para las mujeres”: deportistas de elite estallan contra el aviso de Sydney Sweeney
La actriz volvió a instalarse en el centro de la conversación pública, en esta oportunidad por encabezar una publicidad de apuestas en la que aparece sin ropa.

Del debate feminista a la controversia por las casas de apuestas
Sydney Sweeney es una de las grandes figuras mediáticas de estos días. Sin embargo, el motivo no tiene relación con los Premios Emmy —a los que, dicho sea de paso, ni siquiera se hizo presente—, sino con la campaña publicitaria más reciente en la que participó. La intérprete se transformó en la cara de Novig, una firma de apuestas deportivas para la cual posa completamente desnuda, con el cuerpo apenas tapado por objetos vinculados al deporte ubicados de manera estratégica, mientras repite una y otra vez la palabra “deportes” (en referencia al eslogan de la propuesta, “Solo deportes”).
Con semejante combinación de elementos, y tal como cabía anticipar, la controversia estalló de inmediato. Cada detalle de la producción parece diseñado para provocar, aunque esto no representa ninguna sorpresa tratándose de Sweeney.
La protagonista de La asistenta ya había cedido su imagen a otros lanzamientos comerciales igualmente atravesados por el ruido social y mediático. Alcanza con recordar aquella pieza de American Eagle bajo el lema “Sydney has great jeans” (“Sydney tiene unos vaqueros geniales”), donde jugaban con la similitud fonética entre jeans (vaqueros) y genes.
El tono, el mensaje y el enfoque mismo de esa producción derivaron en acusaciones contra la marca y la actriz por presunta gordofobia y por hacer apología de la supremacía blanca, al pretender instalar su figura como el modelo ideal de mujer en varios sentidos.
Ahora, igual que en aquel momento, Sydney Sweeney —que no tiene reparos a la hora de respaldar sus incursiones en terrenos polémicos— vuelve a quedar bajo la lupa por una campaña que no fue especialmente bien recibida. Pero ¿dónde radica exactamente el conflicto en esta ocasión? Lo cierto es que se abren varios frentes, que van desde la mirada feminista hasta el intrusismo laboral.
Sexualización de la mujer y ausencia de representación en el deporte
El primer eje de discusión pasó por la forma en que aparece Sweeney en el video. La consulta que muchos usuarios replicaron en redes fue directa: ¿era realmente necesario mostrarla desnuda para promocionar contenido deportivo? Ese planteo, a su vez, reflotó otro asunto que suele reaparecer en estos casos: la cosificación del cuerpo femenino como herramienta de venta, algo por lo que, precisamente, la propia actriz ha sido cuestionada en numerosas oportunidades.
El movimiento feminista lleva décadas enfrentando este tipo de situaciones, aunque publicaciones como esta parezcan hacer retroceder los logros alcanzados hasta el momento. Y de ahí se desprende otro dilema: el de la libertad de cada mujer para decidir qué hacer con su propio cuerpo, incluso cuando esa decisión implique desnudarse con fines publicitarios.
¿Pero es realmente una decisión unicamente propia la de participar en publicidades del más alto rango cuando estas son las ideas creativas que anda proponiendo una de las cúpulas más altas del marketing global? Cínico…
Así lo comentó Harriet Walker, la editora de moda de The Times, ha escrito un artículo de opinión muy crítico sobre la actriz Sydney Sweeney a raíz de su polémica campaña publicitaria para la aplicación de apuestas deportivas Novig.
En su columna, titulada originalmente First nipples, now nudes: has Sydney Sweeney gone too far? (“Primero pezones, ahora desnudos: ¿ha ido demasiado lejos Sydney Sweeney?”), Walker analiza el impacto de la extrema sexualización de la actriz en los medios y la publicidad.
Los puntos centrales de la crítica de Harriet Walker incluyen:
Regresión cultural: Walker argumenta que el anuncio de Novig —en el que Sweeney aparece prácticamente desnuda y se cubre sugerentemente con equipamiento deportivo— es profundamente regresivo. Sostiene que devuelve la cultura a una época en la que las mujeres en bikini o desnudas se utilizaban como objetos para vender productos o atraer audiencia en programas de televisión.
La falsa narrativa del empoderamiento: La periodista comienza ironizando sobre lo que “toda mujer debe decir hoy en día” cuando otra mujer se desnuda públicamente: “¡Qué empoderador que hayas tomado esa decisión por ti misma y por tu cuerpo!”. Sin embargo, después expone lo que, según ella, muchas mujeres dicen en privado: “Uf, ¿en serio?”.
Impacto en el resto de las mujeres: Walker afirma que cuando una mujer famosa se quita la ropa de esa manera y sin un propósito real, contribuye a que el resto de las mujeres sean tomadas menos en serio. En sus palabras: “Es usar el cuerpo de las mujeres como un medio para captar y mantener la atención masculina… los cuerpos hablan, no las mujeres. Eso me parece increíblemente deprimente”.
Normalización de la cultura pornográfica: También advierte sobre los efectos insidiosos de la creciente insensibilización del público ante la mercantilización del cuerpo femenino. Compara el impacto de las plataformas actuales con el de las revistas masculinas de las décadas de 1990 y 2000, que intimidaban a muchas jóvenes en las aulas.
El artículo de Walker se ha sumado a una ola de críticas liderada principalmente por atletas femeninas de élite de distintos países, quienes acusan a Sweeney de demeritar y sexualizar el deporte femenino justo cuando está alcanzando un mayor reconocimiento por sus propios méritos.
Frente a las numerosas críticas que señalaron esta realidad, Sydney Sweeney optó por responder sin decir una sola palabra, pero con un gesto contundente: compartió en su cuenta de Instagram imágenes de deportistas que también posaron sin ropa, en este caso para la revista estadounidense ESPN, como la recordada portada que la tenista Serena Williams protagonizó en 2009.
Para muchos, no obstante, la cuestión trasciende el plano feminista. Atletas de elite como la nadadora Ariarne Titmus, cuatro veces campeona olímpica, admitieron sentir “rabia” ante el aviso. “¿Cómo podemos vivir en un mundo en el que sigue existiendo la mercantilización del cuerpo de la mujer y la sexualización del deporte femenino?”, cuestionó, al tiempo que sostuvo que esto representaba “una bofetada en toda la cara para las mujeres que han dedicado su vida a perfeccionar su oficio”.
A ella se sumó Amy Hunt, la atleta británica de 24 años que, tras finalizar cuarta en los 200 metros del World Athletics Ultimate Championship, le dedicó unas palabras a Sweeney: “así es como se ve el deporte femenino”.
A los reclamos de estas deportistas —y de tantas otras que también quisieron remarcar que la práctica femenina poco tiene que ver con lo que exhibe la campaña— se sumaron numerosas voces anónimas que salieron a respaldar a las profesionales. Además de acompañar ese discurso, muchos aprovecharon para difundir una suerte de “tendencia” que parece haberse instalado: mostrar los verdaderos logros deportivos de las mujeres que se dedican a esta actividad, algo que nada tiene que ver con la exhibición física que propone el anuncio.
El problema de fondo: las empresas de apuestas
El desnudo de Sydney Sweeney y la invasión del terreno de las deportistas profesionales terminaron eclipsando un asunto todavía más delicado: el de las apuestas, una actividad conflictiva por su vínculo directo con enfermedades tan riesgosas como la ludopatía. Más allá del choque con el deporte femenino o del uso del cuerpo de la mujer como gancho, la controversia más evidente reside en aquello que efectivamente se está publicitando.
De acuerdo con un informe de Epic Research difundido en junio de 2026, la ludopatía creció más de un 60% desde 2018 en Estados Unidos, con especial impacto en hombres adultos jóvenes y con las apuestas en línea como principal fuente de adicción. Nada parece librado al azar en esta pieza: el perfil de quienes se sienten atraídos por las apuestas coincide con exactitud con el público que sí valida el desarrollo de la campaña. Todo un entramado maquiavélico con más lógica de la que aparenta.
Se desconocen los motivos que llevaron a Sydney Sweeney a aceptar participar en este cuestionado aviso, así como también por qué asuntos —no menos relevantes— como la sexualización del deporte femenino resonaron más que el propio hecho de que una de las actrices más populares de Hollywood preste su imagen a un negocio de apuestas tan nocivo para la sociedad.
En cualquier caso, con esta jugada la protagonista de Euphoria volvió a consolidarse como una de las reinas del escándalo y demostró que no solo no le incomoda, sino que está dispuesta a todo con tal de sostener esa bandera. Aunque esta vez la gravedad de lo ocurrido supere ampliamente la línea de la simple rebeldía.
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