53 años del golpe

Recordando el último discurso de Salvador Allende antes del golpe de Estado de 1973

El actual presidente de Chile, José Antonio Kast, ordenó no conmemorar oficialmente el golpe de Estado, mientras mantiene su posición reivindicadora de la dictadura de Augusto Pinochet.

Foto cortesía de la Fundación Salvador Allende
Foto cortesía de la Fundación Salvador Allende

El discurso fue emitido aproximadamente a las 9:10 de la mañana, mientras el Palacio de La Moneda era bombardeado y las Fuerzas Armadas consumaban el golpe de Estado.

En sus palabras, Allende se dirigió a la ciudadanía para informar sobre la situación y despedirse, en lo que se convirtió en uno de los discursos más emblemáticos de la historia de Chile.

Horas después, las fuerzas militares a cargo de Augusto Pinochet comenzaron uno de los periodos más oscuros de la historia reciente de Chile. Los informes oficiales de las comisiones de la verdad (Comisión Rettig y Comisión Valech) registran oficialmente más de 40.000 víctimas, entre los que hay al menos 3.200 desaparecidos o fallecidos.

Se calcula que más de 200.000 personas tuvieron que partir al exilio por razones políticas o de seguridad entre 1973 y 1989. Esta ola migratoria forzada dispersó a ciudadanos chilenos por Europa, América del Norte y el resto de América Latina.

De la mano de un grupo de economistas conocidos como los «Chicago Boys», la dictadura implementó una privatización masiva de empresas públicas, servicios de salud, pensiones (las AFP) y educación. Este modelo económico sentó las bases estructurales del Chile actual y generó una profunda brecha de desigualdad social.

Texto completo del último discurso de Allende

Compatriotas:

Esta será seguramente la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron… soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino que se ha autodesignado, más el señor Mendoza, general rastrero… que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al gobierno, también se ha nominado director general de Carabineros.

Ante estos hechos, sólo me cabe decirle a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen… ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Trabajadores de mi patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección.

El capital foráneo, el imperialismo, unido a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara Schneider y que reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas, esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.

Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros; a la obrera que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la patria, a los profesionales patriotas, a los que hace días estuvieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clase para defender también las ventajas que una sociedad capitalista da a unos pocos.

Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron, entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos… porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando la línea férrea, destruyendo los oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de los que tenían la obligación de proceder: estaban comprometidos. La historia los juzgará.

Seguramente Radio Magallanes será callada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa, lo seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos, mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal a la lealtad de los trabajadores. El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

 

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