Mamdani desclasifica 173.000 documentos que revelan cómo Nueva York ocultó la toxicidad del aire tras el 11-S
Los archivos, publicados a días del 25º aniversario, muestran que la administración de Rudy Giuliani conocía la presencia de asbesto en la Zona Cero y priorizó limitar su responsabilidad legal sobre la salud de los neoyorquinos. Ya son más de 9.400 las personas fallecidas por enfermedades relacionadas con la exposición a los tóxicos.

El 8 de septiembre de 2026, a tres días de cumplirse 25 años de los atentados contra las Torres Gemelas, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, abrió un portal público con más de 173.000 páginas de documentos municipales que habían permanecido ocultos durante un cuarto de siglo. El contenido de esos archivos, según la propia oficina del alcalde, demuestra que las autoridades de la ciudad sabían que el aire alrededor de Ground Zero era tóxico y, sin embargo, transmitieron a la población que era seguro respirarlo.
La publicación forma parte de un acuerdo legal con la organización 9/11 Health Watch, que había demandado a la ciudad para obligarla a divulgar información sobre la calidad del aire y los riesgos sanitarios posteriores a los ataques. Los documentos, que se irán subiendo por fases durante los próximos 12 meses, incluyen el llamado Memorándum Harding, un conjunto de notas internas enviadas al entonces vicealcalde Robert Harding, en las que ya se advertía sobre la posibilidad de miles de demandas por exposición al aire contaminado y por la falta de equipos de protección para los socorristas.
Lo que la ciudad sabía y ocultó
El contenido de los archivos es contundente. Mamdani señaló en rueda de prensa que se encontró amianto “prácticamente en todos los lugares examinados” en las inmediaciones de la Zona Cero. Un documento interno sin fecha, dirigido precisamente a Harding, enumeraba los posibles motivos de litigio contra la ciudad: recomendaciones sanitarias que llevaron a la gente a regresar demasiado pronto a la zona, el suministro de equipos defectuosos a los rescatistas y la falta de protección policial frente a los saqueos.
Otro memorando, redactado ya durante los primeros meses de la administración de Michael Bloomberg, advertía que la ciudad se enfrentaba a “una avalancha de demandas” y recomendaba, como mínimo, dejar de decir a la gente que limpiara sus apartamentos con trapos húmedos. El fiscal jefe de la ciudad, Steven Banks, confirmó que entre los documentos figuran las “discusiones que la administración Giuliani mantuvo en su momento sobre su responsabilidad legal y los riesgos para la salud”.
La mentira que enfermó a miles
La declaración más directa de Mamdani apunta al núcleo del encubrimiento. “La gente se enfermó porque los líderes en los que confiaban les mintieron, diciéndoles que podían respirar aire tóxico sin peligro”, afirmó el alcalde, acompañado por supervivientes y familiares de las víctimas. La frase resume el mecanismo de la tragedia sanitaria que se extendió durante los meses siguientes al derrumbe de las torres.
Los funcionarios federales también contribuyeron al mensaje tranquilizador. Christine Todd Whitman, entonces administradora de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), declaró en septiembre de 2001 que el aire cerca del World Trade Center era seguro para respirar. El congresista Jerry Nadler, cuyo distrito incluía Ground Zero, recordó que él mismo “estaba gritando a pleno pulmón para proteger a nuestras comunidades”, pero que tanto Whitman como Giuliani negaban sus advertencias y afirmaban que el aire era “perfectamente seguro”.
El costo humano de la omisión
Las cifras dimensionan la magnitud del daño. A las 2.977 personas que murieron el día de los atentados se suman más de 9.400 fallecidas por enfermedades relacionadas con la exposición a los tóxicos, según el programa federal creado para su seguimiento médico. Al menos 140.000 personas de los 50 estados están inscritas en el World Trade Center Health Program, y unas 49.000 han sido diagnosticadas con cánceres certificados como vinculados a los ataques.
Mamdani fue explícito al respecto: “Casi 25 años después han muerto más personas por enfermedades relacionadas con el 11 de septiembre que las que murieron el propio día del atentado”. La dimensión sanitaria del 11-S, por tanto, no se agotó aquella mañana de septiembre: se prolongó durante décadas en forma de cánceres, enfermedades respiratorias y muertes prematuras que pudieron haberse mitigado si la información se hubiera divulgado a tiempo.
La respuesta de Giuliani y el contexto político
El exalcalde Rudy Giuliani rechazó las acusaciones a través de un portavoz. Afirmó que los terroristas son “100 por ciento responsables” del sufrimiento y la enfermedad de los neoyorquinos, y señaló a la EPA como la entidad que declaró seguras las muestras de aire. “Es una vergüenza que el alcalde Mamdani intente ahora obtener puntos políticos partidistas baratos culpando aparentemente a los funcionarios locales que corrieron al lugar, en lugar del islam radical, por el 11 de septiembre”, declaró su portavoz, Ted Goodman.
La publicación de los archivos también salpica a Michael Bloomberg, cuya administración continuó manejando la información sobre la toxicidad durante los años siguientes. El portavoz de Bloomberg declinó hacer comentarios. Mamdani, por su parte, evitó personalizar las culpas: “Desearía que hubiera un número limitado de personas que engañaron al público y pudiera describirlas con unos pocos nombres, pero la verdad es que esto atraviesa una multitud”, dijo.
El alcalde asistió al acto conmemorativo del 25º aniversario el 11 de septiembre de 2026, pese a las voces que pedían su exclusión, entre ellas la del propio Giuliani. La ceremonia, sin embargo, quedó marcada por la revelación de que la ciudad que prometió nunca olvidar también eligió, durante 25 años, no recordar todo lo que sabía.
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