Celulares en la mira: liceos del interior restringen su uso en clase tras conflictos y problemas de convivencia
La decisión del Liceo de Florida de guardar los teléfonos bajo candado durante el horario lectivo y la prohibición resuelta en Colonia vuelven a poner en el centro del debate el impacto de las redes sociales, la atención en las aulas y el clima institucional en la educación secundaria del país.

La preocupación por las constantes interferencias tecnológicas y el deterioro del ambiente de estudio llevó a que varios centros de enseñanza del interior tomaran cartas en el asunto. En las últimas horas, la dirección del Liceo Nº2 de Florida (Andrés Martínez Trueba) resolvió suspender el ingreso con teléfonos móviles a las aulas —y también a los recreos y horas libres— luego de «reiterados problemas» vinculados al manejo inadecuado de las redes sociales entre los alumnos. La medida comenzó a regir el lunes 14 de setiembre, y los estudiantes deben depositar sus dispositivos en una caja con candado.
Meses antes, en marzo de 2026, una postura similar había adoptado el Liceo N°2 de Colonia, donde se prohibió el uso de celulares en las aulas durante todo el horario escolar. Para llevar tranquilidad a las familias, el establecimiento estableció que, ante situaciones de urgencia, la comunicación se canalizaría a través de los medios institucionales habituales —adscripción y dirección—. La medida, según argumentaron las autoridades del liceo coloniense, busca «asegurar la atención al estudiantado en clase» y «fortalecer los vínculos interpersonales» frente a la dispersión que generan las pantallas.
Violencia y tensiones que vienen encendiendo las alarmas en el cuerpo docente
Estas restricciones se dan en un escenario sensible en materia de convivencia escolar, donde a lo largo de este 2026 se reportaron episodios violentos de diversa gravedad en distintos puntos del país.
En marzo, en un liceo de Durazno, un estudiante de 12 años resultó herido en el brazo con un arma blanca de fabricación casera —la mitad de una tijera— por parte de un compañero de la misma edad, en un hecho que el agresor sostuvo que ocurrió de manera accidental durante una discusión; la herida fue leve.
En abril, en el Liceo 1 de Barros Blancos, Canelones, una pelea entre dos alumnos de tercer año escaló cuando uno de ellos golpeó al otro con la culata de un arma que en un primer momento se creyó de fuego, generando alarma entre los presentes hasta que varios padres lograron reducir al agresor. Minutos después se confirmó que se trataba de una pistola de CO2 (aire comprimido), con apariencia similar a un arma real.
A esto se suma la reacción gremial registrada en marzo en el Liceo 4 «Manuel Oribe» de Paysandú, donde un alumno sancionado por pelearse con un compañero reaccionó violentamente y golpeó al director del centro. Ante la agresión, los docentes del liceo resolvieron interrumpir los turnos de clase, reclamando protocolos y respuestas claras a las autoridades de la educación pública.
El dilema de las redes sociales y el vacío regulatorio
El manejo irrestricto de las plataformas digitales entre los adolescentes sobrepasa las fronteras locales e integra una discusión global. Países como Australia ya han avanzado en marcos normativos severos, prohibiendo el acceso a redes sociales a menores de 16 años para proteger su salud mental y privacidad.
En el ámbito local, especialistas en salud mental han señalado que el uso desmedido de estas plataformas impacta en la rutina de los jóvenes y que las herramientas de control parental suelen estar subutilizadas por las familias uruguayas. Sin pautas claras de uso, advierten, las redes dejan de ser un espacio de entretenimiento o búsqueda de información para transformarse en un factor de conflicto.
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