Ciudad de Buenos Aires instalará la IA obligatoria en primaria: el programa fue cocreado con Google

El Ministerio de Educación porteño justifica la integración de Gemini desde los 9 años argumentando que “los chicos ya usan IA”. El hecho de que Google haya cocreado el plan, capacitado a los maestros y proveído las cuentas exclusivas para el aula plantea un conflicto de intereses para algunos.

Foto con fines ilustrativos
Foto con fines ilustrativos

El Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires implementará desde el próximo ciclo lectivo la enseñanza obligatoria de inteligencia artificial generativa en las escuelas primarias, con uso directo a partir de los 9 años. El programa, que incluye la creación de cuentos, resúmenes, podcasts y memes con IA, fue desarrollado en colaboración con Google y capacita a los docentes exclusivamente en el uso de Gemini.

Mientras la UNESCO recomienda esperar hasta los 13 años y China prohíbe el acceso a IA generativa antes de los 14, la Ciudad justifica la medida en que los niños ya utilizan estas herramientas. Sin embargo, una ONG estadounidense especializada en calificación de contenido infantil clasificó a Gemini como de «alto riesgo» para menores, señalando fallas en los filtros de moderación y riesgos de contenido inapropiado.

El plan de estudios presentado por el Ministerio de Educación porteño establece que los niños utilizarán IA generativa para “armar contenido, resúmenes, cuentos, podcasts y memes”. El documento oficial sostiene que, dado que los menores ya emplean estas herramientas, la escuela debe ser el espacio para “aprender a usarlas con sentido crítico”.

Lo que el documento no detalla es que el plan fue cocreado con Google Gemini. Los docentes realizaron una capacitación exclusiva sobre esta plataforma, y la Ciudad firmó un acuerdo para que las escuelas cuenten con cuentas institucionales de Gemini. Google es la única empresa de IA que permite el uso en menores de 13 años, y solo bajo la excepción de cuentas escolares con supervisión parental.

El ministro de Educación porteño defendió la iniciativa argumentando que “los chicos ya usan IA en sus casas, por eso es necesario que la escuela los acompañe”. Esta justificación, sin embargo, agrupa en una misma estadística a niños de 9 y a adolescentes de 17 años, invisibilizando las diferencias etarias en el desarrollo cognitivo.

El contraste con el plan nacional PAIDEIA

A nivel nacional, el Ministerio de Capital Humano presentó el programa PAIDEIA, que establece un enfoque radicalmente distinto: en primaria se trabaja pensamiento computacional y uso crítico de la IA, sin acceso directo a herramientas generativas. Este modelo se asemeja al enfoque chino, donde los niños aprenden los fundamentos de la IA pero no utilizan chatbots hasta la adolescencia.

“El plan de la Ciudad parece buscar que los niños sean consumidores pasivos de IA desde temprano”, señala un informe del Observatorio de Tecnología y Educación. “No se trata de formar futuros ingenieros o científicos de datos, como hacen otros países, sino de habituar a los niños a un consumo asistido de contenido.”

El documento oficial porteño lo explicita: la creación de cuentos con IA, la generación de resúmenes automáticos y la producción de memes son los ejes del programa.

Los riesgos para el desarrollo infantil

Una organización estadounidense especializada en calificación de contenido para niños, que evalúa películas, series y libros, clasificó a Gemini como una herramienta de “alto riesgo” para menores. El informe señala múltiples preocupaciones:

  • Contenido inapropiado para la edad: los filtros de moderación no son suficientes para garantizar que el contenido generado sea adecuado para niños de 9 años.

  • Soporte emocional inadecuado: el chatbot puede ofrecer consejos sobre salud mental o temas sensibles sin la formación necesaria.

  • Filtros insuficientes para maestros: los docentes no cuentan con herramientas robustas para moderar lo que los estudiantes generan o consultan.

  • Fallos en límites temáticos: la IA no establece barreras claras sobre los temas que puede tratar con menores.

  • Riesgo de evasión de controles: los niños podrían sortear fácilmente los sistemas de validación de edad.

La UNESCO recomienda comenzar la incorporación de IA en las escuelas a partir de los 13 años. El organismo internacional sostiene que antes de esa edad, los niños deben consolidar habilidades fundamentales como la lectura, escritura y razonamiento matemático antes de interactuar con sistemas generativos.

El precedente internacional

El primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, declaró hace dos meses, tras prohibir la IA en el aula hasta la secundaria: «Lo más importante es que nuestros hijos aprendan a leer, escribir y hacer matemáticas». La declaración refleja una preocupación creciente entre los países nórdicos sobre el impacto de la exposición temprana a la IA generativa.

En China, el uso de IA generativa está prohibido para menores de 14 años, y entre los 14 y 18 solo se permite con autorización parental explícita. A pesar de esta restricción, el país asiático enseña conceptos de IA desde la primaria, pero sin acceso a herramientas generativas. El enfoque chino prioriza la comprensión conceptual sobre el consumo tecnológico.

El costo del apuro

Aprender a usar Gemini para generar un cuento o un resumen requiere unas pocas horas de práctica. La pregunta que surge es: ¿cuál es el apuro para que los niños comiencen a los 9 años si podrían adquirir esa habilidad en pocas horas unos años después?

Los especialistas en desarrollo infantil advierten sobre múltiples riesgos de la exposición temprana:

  • Adicción tecnológica: la IA generativa puede generar dependencia en niños que aún están formando su relación con la tecnología.

  • Afectación del proceso de aprendizaje: el acceso inmediato a respuestas puede atrofiar la capacidad de razonamiento y búsqueda autónoma.

  • Pérdida de criterio propio: los niños pueden comenzar a ver a los chatbots como “seres mágicos que tienen la respuesta a todo”.

  • Confusión emocional: el uso de IA como confidente o “amigo” puede distorsionar la comprensión de las relaciones humanas.

El contraargumento que surge desde el Ministerio porteño es que los niños necesitan crear cuentos y dibujarlos ellos mismos en clase, no que el trabajo les llegue ya armado por una IA. El proceso creativo, con sus errores y correcciones, es parte fundamental del aprendizaje.

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