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Masculinidad, violencia y feminismo: las definiciones del Primer Encuentro de Varones Antipatriarcales en en Uruguay

Más de 100 varones participaron el pasado sábado 8 de agosto en el Primer Encuentro Nacional de Varones Antipatriarcales hacia la Igualdad, realizado en el Centro Cultural de Ciudad de la Costa. La jornada buscó abrir un espacio de organización para cuestionar la masculinidad hegemónica y avanzar hacia una sociedad sin violencias. "Si no incomoda, no vamos por el buen camino": el debate de los varones antipatriarcales

Un joven activista en una marcha en el Congreso argentino sostiene un cartel que dice "Perdón, por tantos pelotudos".
Un joven activista en una marcha en el Congreso argentino sostiene un cartel que dice «Perdón, por tantos pelotudos».

Varones antipatriarcales se reúnen por primera vez en Uruguay y buscan formalizarse

«Tanto varón junto. ¿Qué quieren que les diga?», expresó con desconfianza Raquel Hernández, integrante de la Red Uruguaya contra la Violencia Doméstica y Sexual (RUCVDS), al subir al escenario junto con otras referentes feministas.

La actividad fue impulsada por Varones por la Igualdad, la Red de Masculinidades Uruguay y Varones Antipatriarcales por la Reflexión, Revisión y Acción. El encuentro contó con el respaldo de la RUCVDS y el apoyo de la Intendencia de Canelones, MenEngage Latinoamérica, ONU Mujeres, el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), el Centro Interdisciplinario de Estudio sobre el Desarrollo y la Embajada de Gran Bretaña.

La apertura estuvo a cargo del escritor y periodista Mario Delgado Aparaín y de la directora de Inmujeres, Mónica Xavier. Luego expusieron los colectivos convocantes y el doctor en Ciencias Sociales rosarino Luciano Fabbri.

Machismo, patriarcado y privilegios

Los organizadores sostuvieron que las desigualdades de género atraviesan las dimensiones política, social, económica y cultural, y afectan «nocivamente en las relaciones humanas y los ecosistemas». Según plantearon, la violencia machista «busca perpetuar un sistema de creencias» que legitima la «dominación sobre mujeres, niñeces, adolescencias y disidencias» y provoca daños también en la salud de los varones.

En su declaración, reconocieron el «liderazgo de los feminismos» y manifestaron su voluntad de «acompañar la construcción de una sociedad justa, libre de violencias y orientada al cuidado de los vínculos». «Como varones igualitarios, aspiramos a ser aliados en la eliminación de las brechas de género», afirmaron.

Después de la exposición de Fabbri, los participantes se dividieron en cinco grupos de trabajo. La primera mesa analizó el orden patriarcal y sus manifestaciones cotidianas. Al presentar sus conclusiones, hubo una coincidencia: «A nadie le alcanzó el tiempo». Fabbri vinculó esa falta de tiempo con el compromiso necesario para transformar la realidad: «Ganarle la batalla al tiempo tiene que ver con lo que estamos dispuestos a invertir».

El grupo definió el patriarcado como un conjunto de «normas y mandatos escritos y no escritos por el sistema desde hace miles de años». El machismo, en tanto, sería «la expresión de la preponderancia, del desbalance de poder a favor del hombre», que «produce privilegios del hombre sobre el resto de las personas».

Nota de 2014:

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También identificó como expresiones diarias del sistema los piropos callejeros, las miradas y los chistes. La educación fue señalada como un ámbito «clave». «El cambio suele ser más discursivo –por ahora, entre nosotros los varones– que estructural. Se trataría justamente de alcanzar ese cambio profundo. No se trata de redecorar una pared, sino de cambiar la forma en la que están puestas las vigas», se sostuvo.

Tres niveles para enfrentar la violencia

La segunda mesa llevó por título «La violencia y la muerte están en nuestras manos, ¿cómo las impedimos?». Allí se planteó que el movimiento debe «actuar e ir para afuera» y «reflexionar para transformar», para no quedar limitado al intercambio entre quienes ya participan.

Los asistentes identificaron tres niveles de acción. El primero es el personal, basado en el autocuestionamiento y la incomodidad. «Nosotros, los varones, hemos hecho cosas de las que no nos orgullecemos ahora. Es difícil, pero hay que hacer ese trabajo», se afirmó.

El segundo corresponde a los vínculos y a la forma de intervenir en los círculos cercanos, incluidos los grupos de WhatsApp. «Cómo nos comunicamos, cuándo, qué decir, qué no decir y qué batallas elegir», se resumió, aunque también surgieron críticas a la idea de seleccionar las luchas. «Elegir una batalla para dar es más de lo mismo», dijo un participante.

Fabbri pidió «cuidado» con esa postura, porque «es el privilegio el que nos permite elegirlas». También advirtió: «Ojo con que abstenernos de dar la batalla cultural no sea una forma de blindarse».

El tercer nivel es colectivo. Allí se propuso colaborar con el movimiento feminista para conseguir más financiamiento y fortalecer la educación en género. También se reclamó una mayor alfabetización emocional. «La única emoción» que se valida a los varones es el enojo. «Después pasa lo que pasa, ¿no es cierto?», concluyó uno de los expositores.

El grupo sostuvo que la respuesta a la violencia no debe ser únicamente punitiva y que es necesario construir comunidades donde los varones puedan expresar sus emociones. «Si le digo que todo lo que es está mal, se va a ir», se explicó. A la vez, se remarcó que los varones no pueden «hacerse los que no se dan cuenta», porque eso también implica violentar.

«Los varones estamos llenos de privilegios. Nos va a doler, pero tenemos que dejarlos de lado», se afirmó entre aplausos. «Si no incomoda, no estamos yendo por el buen camino».

Redes sociales, sexualidad y ausencia de jóvenes

Otra mesa debatió sobre género, política, violencia simbólica y batalla cultural. Las redes sociales fueron identificadas como un terreno central, dominado por «grupos hegemónicos», donde el discurso machista aparece como el más «taquillero». Sobre los medios tradicionales, se señaló que suelen defender el statu quo y décadas de consolidación del machismo.

También se cuestionó al sistema educativo: aunque existen docentes alineados con una mirada contrahegemónica, los programas «encorsetan» y faltan herramientas para enfrentarlos. El grupo cerró con una autocrítica: «Nos cuesta pasar de la propuesta a la acción».

La ausencia de jóvenes fue otro de los déficits señalados. Hacia el final, el único participante menor de 30 años coincidió con ese diagnóstico y lamentó no encontrar personas de su generación.

En la mesa sobre sexualidad y el modelo dominante de hombría se planteó que muchos aprendizajes masculinos están vinculados con la dominación, la competencia y la jerarquía, más que con el placer. «La sexualidad también es frustración, tener que rendir, tener muchas parejas y mostrarlas. También es mentira, hacia uno y hacia el resto. Esa mentira nace de la competencia y de la necesidad de tapar cosas», expresó un participante. Otro agregó: «Qué difícil se nos hace como varones romper el pacto. Hay que tener valentía y una estrategia».

Feminismo: esperanza y desconfianza

La última mesa analizó el vínculo entre los varones igualitarios, los feminismos y el movimiento de la diversidad. Se reconocieron «tensiones, ruidos, peligros y desconfianzas», además del «desconocimiento» de muchos varones cis heterosexuales sobre el lugar que deben ocupar.

Las referentes feministas Raquel Hernández, Andrea Tuana y Nohelia Millán participaron de un panel moderado por Geru Aparicio Aviña. Hernández valoró la valentía de reunir «voluntades de varones para que se miren y se interpelen», pero advirtió que los varones suelen adaptarse para mantener la violencia. «Por suerte, está esto por primera vez en Uruguay, pero me genera desconfianza y me da miedito, les digo la verdad», afirmó.

Tuana recordó que hace 30 años estos debates reunían apenas a un «puñadito» de mujeres. «Hoy celebramos que esta sala esté llena de varones», dijo, aunque aclaró: «Todas y todos encarnamos el sistema de opresión, y claro que nos da desconfianza». Reclamó avanzar en educación emocional, educación sexual integral y transformaciones en la Justicia y las leyes.

Millán también expresó desconfianza, pero llamó a construir rápidamente una «política del consenso» y una «red de resistencias» para «desarmar el proyecto de crueldad».

Fabbri pidió que la sospecha feminista se transforme en «autosospecha» y cuestionó la espera de una autorización: «Es paternalista que cada paso que demos tenga que tener la validación de las compañeras». En el cierre, reclamó que «antipatriarcal» no sea solo un adjetivo, sino una «estrategia y un horizonte político».

Reclamos y desafío de escuchar

Durante el plenario se reclamaron recursos para la emergencia nacional en violencia de género, declarada en 2019, y para aplicar la ley de violencia basada en género. «Siempre fuimos un palo en la rueda de la lucha del movimiento feminista», se reconoció.

Los participantes calificaron el encuentro como histórico, aunque advirtieron que no alcanza con celebrar la convocatoria. «Que 100 tipos distintos elijamos pasar un sábado entero acá es muy bueno», dijo uno. Otro reclamó estrategias de lucha y organización territorial.

Al final, un militante homosexual del movimiento de la diversidad dijo que hablaría desde ese lugar y que todavía se iba «con la sospecha». Llamó a los varones a dialogar con los colectivos de la diversidad y a escuchar antes de plantear sus propios problemas.

«Los varones cis hetero vienen a hablar y a quejarse de lo que les pasa, pero no escuchan. Necesitamos que vengan a escucharnos para que entiendan desde qué lugar estamos hablando y cómo podemos aunar luchas», sostuvo.

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