Cómo hacer tortitas negras esponjosas en casa: receta fácil y rendidora
Una receta sencilla, rendidora e ideal para compartir en familia o entre amigos.

Tortitas negras caseras: el clásico criollo que conquista mesas de los dos lados del charco
Pocas cosas despiertan tanto la nostalgia panadera como una buena tortita negra. También llamadas carasucias, su combinación de miga esponjosa con esa capa crujiente de azúcar negra las convirtió en un imprescindible de las panaderías rioplatenses.
La buena noticia es que se pueden hacer en casa, con una receta sencilla, rendidora e ideal para compartir en familia o entre amigos. Eso sí: requieren algo de tiempo y paciencia, aunque —como todo lo que se prepara con cariño— el esfuerzo se recompensa en cada bocado.
Lo que vas a necesitar antes de arrancar
Para el fermento y la masa:
25 gramos de levadura
2 cucharadas de harina
150 gramos de agua tibia
20 gramos de azúcar blanca
250 gramos de harina 000
250 gramos de harina 0000
30 gramos de azúcar blanca
8 gramos de sal
150 centímetros cúbicos de leche
Para la cubierta:
200 gramos de azúcar negra
10 gramos aproximadamente de harina 0000
El secreto arranca con una buena «esponja»
El primer paso es preparar la «esponja» (por su textura burbujeante que crece) de levadura. Integrá bien los ingredientes indicados hasta que la levadura se disuelva por completo. Un detalle clave: el agua no debe estar demasiado caliente, porque el exceso de temperatura arruina la levadura.
Tapá el recipiente y esperá unos minutos, hasta que empiecen a aparecer burbujas en la superficie. Esa es la señal de que todo va por buen camino.
Amasar con paciencia: la clave de la textura
Colocá en un bol todos los ingredientes destinados a la masa, mezclalos y sumá la esponja ya activada. Ahora viene el trabajo físico: amasá durante cinco a siete minutos, hasta lograr una masa lisa y elástica. Una vez lista, dejala descansar sobre la mesada y cubrila con el bol dado vuelta para que leve tranquila durante 30 minutos.
Cumplido ese tiempo, estirá la masa con el palo de amasar procurando que quede pareja en toda su superficie; debe conservar un buen grosor, nada de finita. Para darle forma, usá un cortante redondo o directamente un vaso. En este caso se empleó uno de siete centímetros de diámetro. Con el sobrante de masa, volvé a amasar sin manipularla en exceso y cortá nuevos discos.
Trucos de panadería para que salgan perfectas
Disponé los discos sobre una placa enmantecada, ubicándolos juntos y «trabados» entre sí. Al expandirse en el horno adoptarán esa forma hexagonal tan característica que las distingue. Con los restos de masa, armá «choricitos» finos y colocalos alrededor de los discos que quedan con los bordes libres: este detalle es el que garantiza que salgan esponjosas y húmedas.
Otro paso que parece prescindible pero resulta fundamental: espolvoreá los discos con harina cubriendo hacia los bordes. Así, cuando crezcan en el horno, no se pegarán unos con otros.
El azúcar negra, protagonista de la cubierta
Como el azúcar negra tiende a ser húmeda, hay que trabajarla para que se deslice como la blanca. La solución es mezclarla con harina hasta que no queden grumos; si hace falta un poco más de harina, agregala sin problema. Lo importante es lograr que corra con facilidad.
Con eso resuelto, pincelá los discos con agua y, antes de que se sequen, cubrilos con abundante azúcar negra. Y cuando decimos abundante, hablamos de MUCHA: no seas tímido en este punto.
El último empujón antes del horno
Tapá la fuente con un paño seco y dejá que los discos dupliquen su volumen. Ese es el momento justo para precalentar el horno a 190 grados. Una vez que la masa haya crecido, llevala al horno ya caliente y cociná durante unos 18 minutos aproximadamente.
Al retirarlas, separá las tortitas con cuidado en el acto: si las dejás enfriar pegadas, quedarán unidas y costará despegarlas. Después, solo resta dejarlas enfriar —si la tentación lo permite— y disfrutarlas.
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