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MP Talks: ¿Usas GPS o IA a diario? El peligro del “sedentarismo cognitivo”

Un neurólogo advierte que delegar tareas mentales en la tecnología puede atrofiar zonas clave del cerebro. Te contamos cómo usar la IA sin perder tus capacidades.

Vivimos en la era de la comodidad absoluta. Un simple clic y una inteligencia artificial redacta correos complejos, resume libros de cien páginas en tres párrafos, programa código o resuelve problemas estratégicos. Hemos ganado tiempo y productividad, pero la ciencia comienza a encender una luz de alarma. ¿Qué precio está pagando nuestro cerebro por tanta facilidad? Este es el dilema que aborda el último episodio del podcast MPX, donde se acuña un término que promete ser clave en la próxima década: el sedentarismo cognitivo.

Para debatir sobre si nos estamos volviendo mentalmente dependientes de la pantalla, el programa reunió a tres voces de lujo: el Dr. Ignacio Amorín (neurólogo), Álvaro Moré (presidente de WPP Production) y el Ing. Eduardo Mangarelli (decano de la Facultad de Ingeniería de la ORT). El consenso fue unánime en un punto: la herramienta no es buena ni mala, pero su uso indiscriminado podría estar atrofiando nuestras habilidades más preciadas.

El debate: ¿Pereza o eficiencia?

La pregunta inicial fue directa: «¿El uso diario de la IA nos está haciendo más perezosos?» Para el ingeniero Eduardo Mangarelli, la respuesta no es binaria. Depende enteramente de cómo usemos la tecnología.

Puso un ejemplo claro en el ámbito educativo. «Si le pido a la IA un resumen de tres párrafos de un libro de 100 páginas y me creo que con eso ya aprendí, estoy cometiendo un error gigantesco», sentenció. «Pero si uso esa misma herramienta para que me genere preguntas, me explique conceptos con ejemplos de la vida cotidiana o me cuestione mis conclusiones, estoy potenciando mi capacidad de aprendizaje».

Esta distinción fue el hilo conductor del episodio: la IA como un habilitador de nuevas habilidades frente a la IA como un sustituto del pensamiento. Álvaro Moré, desde el mundo creativo de la publicidad, coincidió plenamente. «La primera gran utilidad de la IA en la creatividad fue desbloquear la hoja en blanco. Pero si te quedas con la primera respuesta, tu trabajo se vuelve genérico. El valor humano está en la curaduría, en la decisión y en la iteración».

Alerta por el sedentarismo cognitivo
Alerta por el sedentarismo cognitivo

El precio neurológico: El cerebro se atrofia

El Dr. Ignacio Amorín aportó la visión médica más contundente, y lo hizo con un ejemplo muy gráfico: el GPS. «Estudiaron a personas que usaban permanentemente el GPS, incluso para trayectos cortos. Comparados con quienes no lo usaban, a los primeros se les achicaba el hipocampo, la zona del cerebro relacionada con la memoria espacial. La misma que se afecta en las primeras etapas del Alzheimer».

Este es el núcleo del «sedentarismo cognitivo». Si dejamos de usar las funciones cerebrales para las que estamos diseñados (como la orientación, el cálculo mental o la memorización), esas áreas se atrofian. Sin embargo, el neurólogo lanzó un matiz interesante: «No todo es malo. El cerebro también necesita momentos de pereza y aburrimiento. Es ahí donde surgen los momentos ‘eureka’, las conexiones creativas». El problema surge cuando reemplazamos el esfuerzo mental por la gratificación instantánea de una respuesta automática.

El peligro de la gratificación instantánea

La dopamina, el neurotransmisor del placer, juega un papel crucial en esta ecuación. «La IA nos da una descarguita de dopamina cada vez que responde una pregunta», explica Amorín. «Es adictivo, pero no genera felicidad duradera. Nos encierra en un bucle de validación, y además, al estar programada para ser contemplativa, raramente nos dice ‘estás equivocado’, atemperando nuestros errores conceptuales».

Este punto conecta con otro debate más amplio: la pérdida de la interacción humana. «La soledad mata», sentenció el médico. «El ser humano es un animal social. Las habilidades interpersonales, la empatía, la tolerancia y la diversidad de pensamiento son insustituibles. Si delegamos hasta la terapia en un ‘bot’ que nos valida constantemente, estamos empobreciendo nuestra salud cerebral».

La nueva inteligencia: curiosidad y sentido crítico

Ante este panorama, los tres expertos coincidieron en definir qué habilidades serán realmente valiosas en la era de la IA.

  • Sentido crítico: Eduardo Mangarelli fue enfático. «La habilidad fundamental es hacer una pausa para reflexionar y cuestionar, tanto el output de la IA como nuestro propio pensamiento».

  • Curiosidad: Álvaro Moré destacó que este es el nuevo filtro en los procesos de selección. «Necesitamos gente demasiado curiosa. Los que más avanzan con esta tecnología no son los que saben programar mejor, sino los que se hacen las mejores preguntas».

  • Aprendizaje práctico: Desde la educación, Mangarelli apuntó que la formación debe adaptarse. «Si la IA hace el trabajo operativo (como programar líneas de código), el ingeniero debe dedicar más tiempo a la verificación, la seguridad y la comprensión del dominio del problema. La teoría debe ir de la mano de la práctica real».

Menos operativo, más estratégico

El episodio concluyó con una reflexión optimista pero exigente. La IA nos liberará del trabajo operativo (se estima que hasta el 80% en algunos sectores), pero el verdadero desafío es qué haremos con ese tiempo ganado. Si lo usamos para seguir consumiendo contenido pasivo en redes sociales, habremos fracasado. Si lo invertimos en pensar, crear, descansar (dormir bien, algo que Amorín calificó como fundamental para limpiar toxinas cerebrales) y relacionarnos, estaremos ante una oportunidad evolutiva sin precedentes.

Como bien resumió Mangarelli: «No debemos preguntarnos si la IA es creativa. Debemos preguntarnos si nos hace a nosotros más creativos». La IA llegó para quedarse, pero la decisión sobre si nos vuelve más inteligentes o más dependientes sigue estando, única y exclusivamente, en nuestras manos.

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