Lula da Silva y Trump se reunieron y ya iniciaron acciones para revertir aranceles
Los presidentes de Estados Unidos y Brasil se reúnen en Malasia para abordar tensiones comerciales y políticas que marcaron su relación, llena de acusaciones cruzadas.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, sostuvieron una reunión bilateral el domingo 26 de octubre de 2025. El encuentro se desarrolló en las instalaciones destinadas a los líderes internacionales durante la Cumbre del ASEAN en Kuala Lumpur, Malasia.
Esta cita representa el primer contacto cara a cara entre ambos mandatarios desde que Trump asumió su segundo período en el cargo. La interacción se produce en un contexto de fricciones comerciales y desacuerdos políticos que han caracterizado el vínculo entre ambas naciones en los meses recientes. Previamente, los líderes habían mantenido un breve intercambio durante la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre del mismo año, momento en el cual compartieron sus contactos telefónicos directos.
Posterior a ese primer acercamiento, se concretó una comunicación por videollamada el 6 de octubre. Dicha conversación, descrita como «amigable», se extendió por aproximadamente treinta minutos. En esa oportunidad, ambos presidentes acordaron programar una reunión próxima para abordar temas de índole económica y comercial.
Durante el diálogo virtual, el mandatario brasileño solicitó formalmente la eliminación de un arancel adicional del cuarenta por ciento aplicado sobre ciertos productos de su país. Como respuesta inmediata, Trump delegó en el secretario de Estado, Marco Rubio, la tarea de iniciar conversaciones técnicas con sus homólogos brasileños, entre los que se encuentran el vicepresidente Geraldo Alckmin, el canciller Mauro Vieira y el ministro de Finanzas, Fernando Haddad.
La dinámica bilateral ha experimentado un notable deterioro, influenciada en parte por el respaldo público que Trump ha otorgado al expresidente de Brasil, Jair Bolsonaro. Bolsonaro se encuentra actualmente enfrentando un proceso judicial por una presunta conspiración golpista. Como medida de presión, la administración estadounidense decidió incrementar los aranceles sobre un rango de importaciones brasileñas, elevándolos del diez al cincuenta por ciento. De forma paralela, se impusieron sanciones económicas bajo la Ley Magnitsky dirigidas al juez de la Corte Suprema, Alexandre de Moraes. Adicionalmente, se procedió a la revocación de visados de ingreso a seis altos funcionarios del gobierno de Lula, incluyendo al procurador general Jorge Messias.
Así fue la reunión entre Trump y Lula
La sesión de trabajo entre ambos líderes comenzó con un segmento de acceso para la prensa. En sus declaraciones iniciales, Trump reiteró su postura sobre la situación política interna de Brasil, refiriéndose al juicio contra Bolsonaro como una «cacería de brujas». Esta manifestación generó una reacción visible de descontento por parte de la delegación brasileña. Lula, dirigiéndose a los medios presentes, expresó que la cobertura noticiosa estaba «perdiendo tiempo» e instó a que se les permitiera continuar las discusiones de manera privada para poder tratar los asuntos sustantivos. A pesar del inicio tenso, las partes procedieron a un intercambio centrado en los puntos de fricción comercial.
El núcleo de la conversación giró en torno a la denominada guerra comercial entre Estados Unidos y Brasil, con un enfoque particular en la resolución del conflicto arancelario y las sanciones asociadas. El presidente estadounidense mostró un talante optimista respecto al futuro de la relación bilateral. En un momento de la reunión, Trump afirmó directamente a su par brasileño: «Podremos hacer algunos acuerdos bastante buenos, hemos estado hablando, y creo que terminaremos teniendo una relación muy buena». Por su lado, el presidente Lula optó por una estrategia de no confrontación en el ámbito público, concentrándose en la búsqueda de soluciones prácticas a los desacuerdos existentes.
El desarrollo posterior del encuentro transcurrió a puerta cerrada, sin la presencia de equipos de prensa o asesores externos. Según informaron voceros de ambas delegaciones, el diálogo se mantuvo en términos profesionales y constructivos. La capacidad de los líderes para trasladar la conversación a un ámbito reservado después del comentario inicial sobre Bolsonaro fue interpretado por observadores como una señal de la voluntad mutua para no permitir que factores externos obstaculizaran la negociación. El encuentro bilateral en sí mismo fue considerado un hecho significativo, dada la ausencia de este tipo de contactos formales durante el último año.
Resultados concretos y acuerdos operativos ya en camino
En materia de aranceles y comercio, no se anunció la eliminación o reducción inmediata de los gravámenes vigentes. Sin embargo, el presidente Trump manifestó una clara disposición a encontrar una solución al conflicto comercial con Brasil, lo que implica la posibilidad de recortes futuros a los aranceles del cincuenta por ciento que actualmente afectan a las exportaciones brasileñas. La postura del gobierno de Lula ha sido consistentemente dirigida a revertir estas medidas, basando su argumentación en el impacto negativo que tienen sobre un comercio bilateral que durante el año 2024 superó la barrera de los cien mil millones de dólares.
Respecto a las sanciones contra autoridades brasileñas, se alcanzó un entendimiento operativo. Ambas partes acordaron que equipos técnicos y funcionarios de alto nivel se reunirán «inmediatamente» para trabajar en la búsqueda de una salida a las sanciones impuestas por Estados Unidos, las cuales incluyen las medidas contra el juez Alexandre de Moraes y otros funcionarios. El presidente Lula utilizó su cuenta oficial en redes sociales para comunicar este avance poco después de finalizado el encuentro, destacando que se había logrado un progreso en la «búsqueda de soluciones» sobre este tema específico.
La agenda de trabajo también incorporó temas de cooperación regional en el ámbito de Asia-Pacífico, un tópico relevante dada la sede de la cumbre. Ambos mandatarios coincidieron en la necesidad identificada de fortalecer los lazos económicos en regiones de interés mutuo. Como parte de este proceso, se evaluó la posibilidad de realizar reuniones adicionales en un futuro cercano, las cuales podrían tener lugar en Brasil o en los Estados Unidos. No se reportó la firma de acuerdos vinculantes o declaraciones conjuntas al finalizar la reunión, pero el tono general del diálogo fue catalogado como funcional, marcando un contraste con las fricciones verbales que habían dominado la relación previamente.
Implicaciones geopolíticas y económicas
Este encuentro es evaluado por analistas internacionales como un primer paso tangible hacia una desescalada de tensiones en la relación bilateral. Este proceso es de importancia crítica para la economía brasileña, la cual mantiene una dependencia significativa de las exportaciones hacia el mercado estadounidense, especialmente en sectores clave como la soja, el acero y la carne. Para la administración de Trump, el acercamiento se alinea con los objetivos de su segundo mandato, los cuales incluyen la renegociación de los términos de intercambio comercial con sus principales socios económicos.
El potencial para un «reinicio» en las relaciones entre Estados Unidos y Brasil existe, pero su materialización dependerá por completo de los avances que se logren en las mesas de negociación técnica que están por iniciarse. La complejidad de los temas en discusión, que combinan aspectos comerciales con elementos de política interna, sugiere que el proceso será gradual. La falta de resultados concretos en un plazo razonable podría llevar a un escenario de estancamiento o, incluso, a la implementación de represalias comerciales por parte de Brasil, como la imposición de aranceles recíprocos sobre productos importados desde Estados Unidos.
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