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Nobel de Economía advierte en un paper que la automatización empuja hacia la represión política

Daron Acemo?lu, junto a A. Arda Gitmez y Mehdi Shadmehr, publicó en junio un working paper que modela matemáticamente cómo el avance de la automatización puede dañar los cimientos de la democracia como la conocemos.

desigualdad

Un nuevo estudio académico pone en números una advertencia que hasta ahora circulaba solo como intuición entre empresarios tecnológicos: cuanto más avanza la automatización, más conviene a los dueños del capital reprimir la protesta social en lugar de repartir la riqueza generada por las máquinas.

La investigación, titulada «Automation and Repression» y publicada como documento de trabajo del National Bureau of Economic Research (NBER) en junio de 2026, lleva la firma de Daron Acemoğlu, ganador del Premio Nobel de Economía 2024 y profesor del MIT, junto a A. Arda Gitmez, de la Universidad Bilkent, y Mehdi Shadmehr, de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.

El trabajo construye un modelo económico en el que los dueños del capital deciden cuánto automatizar la producción, mientras los trabajadores pueden organizar una revuelta si la desigualdad entre capital y trabajo se vuelve demasiado grande. Ante esa amenaza, el «estado capitalista» —una figura que en el modelo actúa en representación colectiva de los capitalistas— tiene dos caminos: redistribuir ingresos mediante impuestos y bienes públicos, o reprimir directamente la disidencia con un aparato de seguridad.

El círculo vicioso del capital en la era de la automatización

La conclusión central es que ambas estrategias no cuestan lo mismo a medida que la automatización avanza. Redistribuir se vuelve progresivamente más caro cuanto mayor es el nivel de automatización, porque hay que compensar a más trabajadores desplazados.

Reprimir, en cambio, tiene un costo que se mantiene relativamente fijo como proporción de la producción total. Esa diferencia hace que, pasado cierto punto, la represión se vuelva la opción más rentable para el capital.

Los autores llaman a esto una «complementariedad» entre automatización y represión: cuanto más capital se acumula, más conviene automatizar, y cuanto más se automatiza, más conviene reprimir. En su modelo dinámico, que sigue la evolución de una economía a lo largo del tiempo, el resultado es que, salvo que la amenaza de una revuelta sea muy débil, el sistema termina convergiendo hacia la represión en el largo plazo, ya sea desde el inicio o después de un período inicial de redistribución que se abandona cuando el capital acumulado supera un umbral crítico.

El estudio no se limita al plano teórico

En su introducción, los autores citan declaraciones públicas de referentes de la industria tecnológica que ilustran la tensión que buscan modelar. Mencionan afirmaciones de Nick Hanauer, inversor y uno de los impulsores de una carta abierta firmada por 100 millonarios en el Foro de Davos 2025 que resumía la disyuntiva como una elección entre impuestos o revueltas.

También citan a Alex Karp, director ejecutivo de Palantir, quien en declaraciones públicas anticipó un escenario de disrupción violenta, y al exdirectivo de X (antes Twitter) Mo Gawdat, quien describió un futuro con mayor vigilancia y control forzado sobre la población desplazada por la automatización.

El paper también extiende sus conclusiones a dos escenarios adicionales. Primero, muestra que aunque las empresas puedan crear nuevas tareas intensivas en mano de obra para compensar el avance de las máquinas —un mecanismo que la literatura económica reciente identifica como un contrapeso natural a la automatización—, el resultado de fondo no cambia: persiste el incentivo a reprimir antes que redistribuir. Segundo, y quizás el hallazgo con mayor repercusión pública, los autores argumentan que si una sociedad comienza siendo democrática, la acumulación de capital y automatización puede volver cada vez menos tolerable para los capitalistas el límite que la democracia impone a la presión impositiva, lo que eleva el incentivo a organizar un golpe de Estado para instaurar un régimen represivo.

Los investigadores advierten además que los avances en inteligencia artificial podrían profundizar este mecanismo por una vía adicional no incluida directamente en el modelo: si la tecnología también abarata los costos de la vigilancia y el control social, la balanza se inclinaría todavía más hacia la represión como opción preferida por el capital.

Ataques a Acemoğlu

El trabajo se inscribe en la línea de investigación que Acemoğlu viene desarrollando desde hace más de dos décadas sobre instituciones, tecnología y poder político, y llega en un momento de intenso debate público sobre su figura: días después de su publicación, la revista británica The Economist cuestionó en un artículo sin firma la solidez de su trabajo más citado —el estudio de 2001 sobre los orígenes coloniales del desarrollo— y calificó de excesivamente pesimistas sus proyecciones sobre el impacto económico de la inteligencia artificial, generando una respuesta pública del propio economista.

Los autores concluyen que su modelo es un primer paso y llaman a profundizar la investigación empírica sobre cómo la automatización afecta la política, tanto de forma directa —a través de la pérdida de empleos y el aumento de la desigualdad— como indirecta, motivando protestas y otras formas de acción colectiva.

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