por la paz

Urbi et Orbi: León XIV pide el fin de las guerras en su mensaje de Domingo de Resurrección

El papa León XIV implora desde el balcón vaticano el cese de armas y anuncia una vigilia por la paz el 11 de abril para abogar por la paz del mundo.

Foto cortesía de Vatican Media
Foto cortesía de Vatican Media

Desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, el sumo pontífice ha dirigido el tradicional discurso pascual a la ciudad y al mundo. Durante la proclamación del mensaje Urbi et Orbi, León XIV ha solicitado a la divinidad “que conceda su paz a un mundo asolado por las guerras y marcado por el odio y la indiferencia”. Posteriormente, el líder religioso ha formulado una exhortación hacia la “conversión” a la paz, ha señalado el peligro de la apatía frente al fallecimiento de numerosas personas y ha extendido una invitación a participar en una jornada de plegaria en la Basílica Vaticana el sábado 11 de abril.

El pontífice ha pronunciado frases enfáticas: “¡Que quienes empuñan las armas las depongan! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras elijan la paz! No una paz forjada por la fuerza, sino por el diálogo! ¡No por el deseo de dominar a los demás, sino por el encuentro!”. No ha elevado la voz ni ha gritado; su tono se ha mantenido firme durante la exposición del mensaje pascual.

La vigilia de oración por la paz: un llamado a la conciencia

León XIV ha anunciado una Vigilia de Oración por la Paz en la Basílica de San Pedro el 11 de abril. Sus expresiones, según la observación directa, han adquirido un peso simbólico sobre las conciencias de quienes, según el discurso, contaminan el entorno global con la lógica bélica, la promoción del odio y la despreocupación hacia los afectados por el sufrimiento y la muerte. La alocución ha recordado lo expresado durante el Vía Crucis del Viernes Santo, donde se mencionó que aquellos tendrán que dar cuenta a Dios por sus actos.

El papa, ataviado con la muceta roja y la estola obsequiada por el Patriarca Ecuménico Bartolomé tras el evento de Nicea en noviembre pasado, ha aparecido a través de las cortinas de terciopelo de la Logia central a las 12:00 del mediodía. Inmediatamente después de presidir la Misa del día en la Plaza de San Pedro, donde más de 50.000 fieles se congregan (otros 10.000 esperan fuera del hemiciclo de Bernini) con coros y cánticos, se ha escuchado una fanfarria con el himno del Estado de la Ciudad del Vaticano, seguida de un guiño al himno nacional italiano. Se han rendido honores militares y se ha desplegado la Guardia Suiza.

 “Paz desarmada y que desarme”

Desde el mismo balcón donde hace aproximadamente un año se presentó al mundo, haciendo un llamado a una “paz desarmada y que desarme”, en esta mañana de Pascua, con cielo despejado y soleado, León XIV ha implorado nuevamente la paz, una “conversión” a la paz. No solo acciones, no solo acuerdos o palabras, sino una paz que nace del corazón y florece desde allí. Ha declarado textualmente: “La paz que Jesús nos da no es una que simplemente silencia las armas, ¡sino una que toca y transforma el corazón de cada uno de nosotros! ¡Convirtámonos a la paz de Cristo! ¡Hagamos oír el clamor de paz que brota del corazón!”.

Por esta razón, el papa ha invitado a todos —fieles y no creyentes— a unirse a él en la Vigilia de Oración por la Paz que se celebrará en la Basílica Vaticana el próximo sábado 11 de abril. Este evento da continuidad al que tuvo lugar el 11 de octubre de 2025, cuando el pontífice presidió un momento de oración y reflexión por la paz en la Plaza. La vigilia del sábado es también una oportunidad para no bajar la guardia y no caer víctimas de la “globalización de la indiferencia” denunciada constantemente por el Papa Francisco, quien hace exactamente un año, “desde esta logia”, recuerda León, “dirigió sus últimas palabras al mundo, recordándonos: ‘¡Cuánto deseo de muerte vemos cada día en los numerosos conflictos que afectan a diferentes partes del mundo!’”.

La indiferencia como riesgo y la victoria pascual

El discurso ha continuado con una advertencia: “Nos estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes. Indiferentes a la muerte de miles de personas. Indiferentes a las consecuencias de odio y división que siembran los conflictos. Indiferentes a las repercusiones económicas y sociales que producen, y que todos sufrimos”. Posteriormente, el papa ha señalado un camino: Cristo. Hoy, Domingo de Pascua, se celebra su victoria: la victoria “de la vida sobre la muerte, de la luz sobre la oscuridad, del amor sobre el odio”, ha subrayado. Una victoria “a un precio muy alto” con la muerte del Hijo de Dios en la cruz, quien “tomó sobre sí el pecado del mundo y así nos liberó a todos, y con nosotros a la creación, del dominio del mal”.

¿Cómo venció Jesús? El pontífice ha afirmado: “Cristo, nuestro ‘Rey victorioso’, luchó y venció su batalla con una entrega confiada a la voluntad del Padre, a su plan de salvación”. Y ha agregado: “La fuerza con la que Cristo resucitó es totalmente no violenta”. Es similar al de un grano de trigo que, tras pudrirse en la tierra, “crece, rompe los terrones, brota y se convierte en una espiga dorada”. Y se asemeja aún más al de “un corazón humano que, herido por una ofensa, rechaza el instinto de venganza y, lleno de compasión, ora por quien lo ha ofendido”. Esta es “la verdadera fuerza que trae paz a la humanidad”, porque genera relaciones respetuosas en todos los niveles: entre individuos, familias, grupos sociales y naciones.

El abandono de la dominación

No es una fuerza que “busca intereses particulares, sino el bien común”, ha subrayado el papa León; “no pretende imponer su propio plan, sino ayudar a planificarlo e implementarlo junto con los demás”. Sí, “la resurrección de Cristo es el comienzo de una nueva humanidad” y “nos sitúa aún con mayor fuerza ante el drama de nuestra libertad”. En efecto, ante el sepulcro vacío, se puede llenar de “esperanza” y “asombro”, como los discípulos, o de “miedo”, como los guardias y fariseos, obligados a mentir antes que reconocer que aquel que había sido condenado ha resucitado verdaderamente.

“La cruz de Cristo siempre nos recuerda el sufrimiento y el dolor que rodean a la muerte y el tormento que conlleva. Todos tememos a la muerte, y por miedo apartamos la mirada, prefiriendo no mirarla. ¡No podemos seguir siendo indiferentes! ¡Y no podemos resignarnos al mal!”, ha afirmado León XIV. Y ha concluido el segmento central: “En esta fiesta, abandonemos todo deseo de contienda, dominación y poder, e imploremos al Señor que conceda su paz a un mundo asolado por la guerra y marcado por el odio y la indiferencia que nos hacen sentir impotentes ante el mal”.

Al Señor, el pontífice ha encomendado “a todos los corazones que sufren y esperan la verdadera paz que solo Él puede dar”. A continuación, el cardenal Protodiácono Dominique Mamberti ha anunciado la concesión de una indulgencia plenaria a todos los fieles presentes y a quienes reciban su bendición. Finalmente, como en Navidad, León ha pronunciado el deseo de una feliz Pascua en diez idiomas diferentes: italiano, francés, inglés, alemán, español, portugués, polaco, árabe, chino y latín: “Felix sit vobis Domini resurrectionis festivitas! Jesús resucitó, inter nos adstantis, laetitiam cum omnibus comunica”.

 

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