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Irán anuncia bloqueo en el Estrecho de Ormuz y el petróleo comienza a subir

Reportes de advertencias vía radio a buques mercantes tensan la cuerda en el paso petrolero más importante del mundo. Algunos medios alertan que el petróleo ya subio un 12% global ¿Qué pasará con los mercados? Aquí te dejamos el análisis de contexto.

petroleo

La Guardia Revolucionaria de Irán comunicó el arranque de una maniobra destinada a interrumpir la navegación a través del estrecho de Ormuz, una situación que cobró fuerza tras una alerta difundida en redes sociales por el organismo de Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido (Ukmto), según informó la cadena Al Jazeera.

En este contexto de máxima tensión, un funcionario perteneciente a la misión naval Aspides de la Unión Europea confirmó este sábado que diversas embarcaciones han captado transmisiones por radio VHF provenientes de la fuerza iraní, en las que se sentencia textualmente que «ningún ​barco puede pasar ⁠por el estrecho de Ormuz».

El cuello de botella energético del planeta

La relevancia de este paso marítimo es absoluta: se trata de la arteria principal para la exportación de crudo a nivel global. Por sus aguas circula el cinco por ciento de todo el comercio mundial, sirviendo de conexión vital entre los gigantes petroleros del golfo Pérsico —Arabia Saudita, Irán, Irak y los Emiratos Árabes Unidos— y la salida hacia el golfo de Omán y el mar Arábigo.

De acuerdo con la información de Tasnim, el portal noticioso afiliado a la Guardia Revolucionaria de Irán, el paso ha sido «cerrado de forma efectiva».

La fuente europea, que dialogó con la agencia Reuters bajo anonimato, aclaró que hasta el momento Teherán no ha oficializado ninguna orden de cierre a pesar de las maniobras. No obstante, la amenaza de bloquear este angosto corredor ha sido una carta recurrente de la República Islámica durante años como respuesta a posibles agresiones externas, esta vez con intención clara de llevarla a cabo.

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La inestabilidad en Medio Oriente ha sacudido la confianza de los mercados a lo largo de los años, incluso pese a los intentos de cese al fuego, impactando directamente en la cotización del dólar.

Con apenas 280 kilómetros de largo y un ancho que se reduce a 33 kilómetros en su punto más crítico, este paso ve circular anualmente el 20 por ciento del petróleo que se mueve por mar, viajando desde el Golfo hacia destinos en Europa, Asia y América del Norte.

Amenazas que se materializan y reportes cruzados

Este estrecho, situado entre Irán y Omán, es un recurso estratégico con el que Teherán ha amagado clausurar en reiteradas oportunidades, y esta vez no es la excepción tras los ataques recibidos. Ya hace siete años utilizó esta misma carta frente a las sanciones de Washington y el incremento de tropas en la zona.

La agencia de noticias Tasnim, vinculada al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), reportó este sábado que se procedió al cierre del paso estratégico.

El medio asegura que los navíos están siendo notificados por el IRGC de que no se permite el tránsito a ninguna embarcación. Paralelamente, la Organización Marítima Internacional (OMI) indicó haber recibido múltiples reportes externos confirmando que los buques están siendo advertidos sobre el bloqueo.

Una «línea roja» para Washington

Estados Unidos suele calificar la amenaza de cierre de Ormuz como el cruce de una “línea roja”.

Aunque la vía también pertenece a Omán, la República Islámica ha utilizado la posibilidad del bloqueo —sin llegar a ejecutarlo totalmente hasta la fecha— como una herramienta de presión que suele derivar en un lucrativo incremento en el precio del barril.

Geografía de un punto crítico

Ormuz funciona como un embudo vital que une el Golfo Pérsico con el mar Arábigo. Limitado al norte por costa iraní y al sur por la omaní, es la ruta de salida para el gas y petróleo de potencias como EAU, Arabia Saudita, Qatar, Irak y Kuwait. Se calcula que por allí pasan diariamente entre 18 y 20 millones de barriles, representando cerca del 20% (o más de lo que estarían dispuestos a asumir publicamente las potencias) del flujo global de hidrocarburos.

El tráfico es incesante: más de 20.000 barcos lo cruzan al año, incluyendo los superpetroleros de mayor calado. Según la Agencia Internacional de la Energía, también se mueve por allí alrededor del 30% del gas natural licuado (GNL) del mundo.

El origen de la escalada: la «Operación Rugido del León»

El detonante actual fue la orden del presidente estadounidense, Donald Trump, quien este sábado lanzó junto a Israel una ofensiva militar inédita sobre Irán. La operación incluyó bombardeos aéreos y misiles contra infraestructura militar, centros de mando y jerarcas del régimen, justificada por Washington como una medida para frenar el programa nuclear iraní y desestabilizar al gobierno del ayatolá.

Esta acción, denominada “Operación Rugido del León”, se dio tras el fracaso de las negociaciones nucleares y desató una respuesta iraní con misiles contra Israel y bases norteamericanas en el Golfo, generando condenas internacionales y miedo a una guerra regional mayor.

Ya existía un antecedente cercano: el pasado 22 de junio de 2025, EE.UU. atacó tres plantas nucleares iraníes (Fordow, Natanz e Isfahán). En respuesta, el parlamento de Irán apoyó la idea de cerrar el estrecho, aunque la última palabra la tiene el Consejo Supremo de Seguridad Nacional.

Para la Administración de Información Energética de EE.UU., este lugar sigue siendo «el punto de estrangulamiento petrolero más importante del mundo».

¿Es viable un cierre total? Consecuencias y legalidad

El derecho marítimo internacional asegura el libre tránsito por los estrechos y clasifica cualquier interrupción como un “acto de guerra”. Los analistas sugieren que, dada la presencia de la Quinta Flota de EE.UU. en Bahréin, un bloqueo iraní sería efectivo solo por poco tiempo, ya que Teherán posee capacidad de misiles pero carece de una flota naval suficiente.

El paso se regula por la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar de 1982, tratado que Irán firmó pero no ratificó, y que EE.UU. ni siquiera firmó.

Un informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) advierte: «Cualquier crisis prolongada en el estrecho de Ormuz no sólo interrumpiría los envíos de los principales productores del Golfo, Arabia Saudí, Emiratos, Kuwait, Irak y Qatar, sino que también haría inaccesible la mayor parte de la capacidad de producción mundial excedentaria, que se concentra en el golfo Pérsico».

Aunque saudíes y emiratíes han construido oleoductos para evitar el paso marítimo, Ormuz sigue siendo la llave maestra capaz de disparar los precios mundiales. A diferencia del Mar Rojo, que puede evitarse, no hay ruta alternativa marítima para salir del Golfo Pérsico.

Según el analista Altman, «las implicaciones regionales y globales serían mucho más graves y provocarían respuestas a varios niveles por parte de potencias extranjeras de todo el mundo. En particular, las economías de Estados árabes del Golfo, que históricamente han estado en desacuerdo con Irán y alineados con los Estados Unidos, sufrirían un fuerte impacto». Incluso intentando mover el crudo por tierra dentro de la península, la imposibilidad de usar las terminales del Golfo traería consecuencias severas.

Impacto económico: precios y mercados globales durante el conflicto en 2025 dan la pauta.

En el sector petrolero, el efecto sería inmediato: las primas de riesgo volarían y el precio del barril podría subir entre 3 y 5 dólares solo por el pánico. Goldman Sachs proyecta que el Brent podría trepar hasta los 90-110 dólares si el corte es real.

Para la economía global, el golpe sería duro, especialmente para Asia. China recibe cerca del 90% del petróleo iraní, y entre el 60% y 75% del crudo que importan Japón y Corea del Sur pasa por ahí. Esto traería nerviosismo bursátil y un aumento general de costos en bienes y servicios.

La Unión Europea ha tildado la posibilidad de un cierre como “extremadamente peligroso… no bueno para nadie”, ni siquiera para Irán, ya que estrangularía su propia exportación.

Estados Unidos y sus aliados han advertido a Teherán que sería un «suicidio económico» y han contactado a China para que intervenga y disuada la medida.

Las tácticas del bloqueo militar

Expertos militares señalan que Irán cuenta con diversas herramientas para ejecutar el cierre:

Minas navales: Pueden ser sembradas rápidamente por lanchas o submarinos. Howard Altman, en The War Zone, explica que “las minas navales han sido históricamente una de las opciones más inmediatas con las que cuenta Irán para intentar detener el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz. Esas minas podrían sembrarse con relativa rapidez”.

Drones y misiles: El uso de drones Shahed (similares a los enviados a Rusia) para atacar radares o detonar contra buques, sumado a misiles antibuque y la acción de lanchas rápidas y submarinos enanos.

Esto encarecería enormemente los seguros de transporte. Sin embargo, se prevé que EE.UU. y sus aliados intervendrían militarmente para reabrir la ruta, rememorando la «guerra de los petroleros» de los ochenta.

El peso de la historia: Ormuz como campo de batalla y cultura global

El antecedente más directo es la guerra entre Irán e Irak (1980-1988), cuando el estrecho fue rehén del conflicto. En 1988, tras el impacto de una mina iraní contra una fragata, EE.UU. hundió tres buques de guerra de Irán. Meses después, un barco de la Armada estadounidense derribó un avión comercial iraní, matando a 290 civiles.

Fue una guerra breve que devolvió el protagonismo a Ormuz y su isla, un punto que por siglos dominó el comercio con Oriente. Por allí pasó Marco Polo a fines del siglo XIII y, trescientos años después, el misionero Francisco Javier, quien quedó impactado por la vida del puerto portugués donde, según él, los extranjeros “se deshacían de toda moderación en la indulgencia de sus pasiones”.

El santo español dejó escrita una instrucción sobre aquel lugar: “De aquí hasta Ormuz os podéis informar muy menudamente de los tratos y usuras que allá pasan y en el camino pensar el modo como los habéis de persuadir, para que ellos conozcan los yerros en los que viven”.

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