Yuval Noah Harari advierte sobre los peligros de la inteligencia artificial y su impacto futuro
Yuval Noah Harari advierte sobre los peligros de la inteligencia artificial: “Estamos invocando agentes poderosos que pueden ser más inteligentes e imaginativos que nosotros”

Una reflexión profunda desde la historia y la filosofía sobre el avance de la IA
Al sumergirse en la obra del historiador israelí Yuval Noah Harari, ‘Nexus: Una breve historia de las redes de información desde la Edad de Piedra hasta la IA’ (Debate), se encuentra una de las reflexiones más agudas sobre la inteligencia artificial en los últimos años. Este libro, que acude a la historia y la filosofía para proyectar el futuro, ha sido comparado con otros análisis, pero destaca por su capacidad de contextualizar la IA en la narrativa de la historia humana.
Harari, autor de éxitos de ventas como ‘Sapiens’, doctorado en la Universidad de Oxford y profesor de Historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén, busca entender la IA no solo desde su tecnología, sino en el contexto de la historia global, considerando sus implicaciones morales y sociales. En su obra, utiliza mitos y cuentos clásicos para ilustrar riesgos y advertencias, como el mito griego de Faetón o el cuento de Goethe, ‘El aprendiz de brujo’.
En este último, el mago joven invoca poderes que no puede controlar, una alegoría que Harari relaciona con el desafío que enfrentamos con la inteligencia artificial: «Los humanos nos hemos negado a atender las advertencias. Ya hemos desequilibrado el clima terrestre y hemos invocado miles de millones de escobas encantadas, drones, chatbots y otros espíritus algorítmicos que podrían escaparse de nuestro control y desatar un aluvión de consecuencias», señala.
La magnitud de la información y el riesgo de autodestrucción
Harari comienza uno de sus capítulos sobre el futuro de la IA con una impactante comparación: «Cada teléfono inteligente contiene más información que la antigua Biblioteca de Alejandría y permite a su dueño conectarse instantáneamente con miles de millones de personas en todo el mundo.
Sin embargo, con toda esta información circulando a velocidades vertiginosas, la humanidad está más cerca que nunca de autodestruirse». Esta afirmación resalta la paradoja de una era en la que el conocimiento y la conectividad aumentan exponencialmente, pero también incrementan los riesgos de una posible catástrofe global.
La amenaza de la IA como agente autónomo
Para Harari, la inteligencia artificial representa un riesgo sin precedentes porque ha llegado a convertirse en una tecnología capaz de tomar decisiones y generar ideas por sí misma. A diferencia de inventions anteriores, que potenciaron a los humanos dejando el control en sus manos, la IA no es solo una herramienta.
«Las bombas nucleares no deciden a quién matar, ni pueden mejorarse a sí mismas o inventar bombas más potentes. En cambio, los drones autónomos pueden decidir a quién matar, y las IAs pueden crear nuevos diseños de bombas, estrategias militares inéditas y versiones más avanzadas de sí mismas», explica.
“La IA no es una herramienta: es un agente”, recalca Harari. Y el riesgo principal radica en que estamos invocando agentes que podrían ser más inteligentes e imaginativos que nosotros, sin un control absoluto sobre sus decisiones. La preocupación crece aún más ante la capacidad de las IAs para decidir sobre aspectos cruciales, como quién obtiene un préstamo, quién es contratado o quién va a prisión, ya que estas decisiones ya las toman sistemas en etapas embrionarias.
El futuro que nos espera: arte, ciencia y potenciales amenazas
Harari advierte que en las próximas décadas la IA será capaz de crear arte, realizar descubrimientos científicos y, en un escenario más inquietante, crear formas de vida. «Probablemente será capaz de crear nuevas formas de vida, ya sea escribiendo código genético o inventando un código inorgánico que anime entidades inorgánicas», afirma. La capacidad de la IA de alterar la historia de la humanidad y la evolución de todas las formas de vida es un escenario que, aunque plausible, requiere una atención rigurosa y responsable.
En conclusión, Harari subraya que estamos en un punto en el que los avances tecnológicos requieren una reflexión profunda, puesto que la inteligencia artificial, al igual que los mitos y cuentos tradicionales, tiene un potencial tanto para beneficio como para destrucción, dependiendo de cómo y cuánto controlamos su evolución. La historia nos advierte que no atender estas advertencias puede tener consecuencias impredecibles y devastadoras para toda la especie humana.
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