DISCURSOS FASCISTAS

Militares trans en EE.UU.: la lucha por sus derechos frente a la prohibición de Trump

En una nota de la BBC se refleja el temor que enfrentan las y los militares que se identifican con el LGBTQIA+ del ejército de EE.UU. ante las políticas restrictivas del gobierno de Trump.

Kara corcovan
Kara Corcoran fotografiada en una entrevista para el Kansascity news.

Una veteranía marcada por la adversidad y la discriminación en el servicio militar

La mayor Kara Corcoran, de 39 años, sirvió en el Ejército de Estados Unidos durante 17 años, tiempo en el que participó en misiones de combate en Afganistán, encabezando pelotones y comandando unidades.

Sin embargo, su trayectoria profesional se vio marcada por un cambio fundamental desde que manifestó su identidad de género.

En 2018, Corcoran notificó a las autoridades militares su intención de vivir como mujer y comenzó su transición hormonal y quirúrgica. Este proceso de transformación absolutamente personal, le ha permitido, además y legalmente, adoptar un nuevo nombre y pronombres femeninos.

A pocos días de su graduación en un programa de liderazgo militar de élite, su historia dio un giro radical. Dos días antes del evento, le informaron que debía ajustarse a las normas masculinas para poder participar en la ceremonia: llevar uniforme masculino y cortarse el largo cabello rubio que mantuvo desde que salió del closet como mujer trans.

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Como relata ella, «No hay nada en mí que sea masculino, pero me van a obligar a cumplir con las normas masculinas solo para que pueda desfilar por el escenario con mis compañeros». La directiva proveniente del Pentágono se filtró a través de su cadena de mando en Fort Leavenworth, Kansas.

La prohibición de servicio para personas trans: un impacto de larga data en las Fuerzas Armadas

Corcoran se encuentra entre las aproximadamente 4,200 militares transgénero que, según cifras oficiales, integran las fuerzas armadas de EE.UU., aunque estimaciones extraoficiales elevan esa cifra hasta los 10,000.

La prohibición que fue anunciada en enero por el expresidente Donald Trump, y que ha sido reforzada en 2025, impide que personas con historial o diagnóstico de disforia de género sirvan en cualquier rol dentro del ejército.

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Una orden ejecutiva respaldó esta postura, calificando la disforia de género como «incompatible con los altos estándares mentales y físicos necesarios para el servicio militar», y criticando la posible influencia de una «ideología de género radical».

La política actual elimina la mayoría de las excepciones que permitían a las personas trans a realizarse en el servicio militar, incluso a aquellos que ya estaban en servicio antes de la prohibición, todos y todas ahora enfrentan la amenaza de separación de sus funciones de manera involuntaria.

Este proceso, que puede afectar a cualquier miembro militar y no solo a quienes desempeñan funciones de combate, conlleva la pérdida de salarios, prestaciones sociales, pensiones y asistencia médica en caso de separación.

Además, el Departamento de Defensa ha aclarado que, en caso de separación involuntaria, la compensación será solo la mitad de lo que correspondería a una salida voluntaria, una diferencia significativa en términos económicos.

La vida bajo la sombra de la incertidumbre y el rechazo institucional

Desde que Donald Trump anunció esta restricción en 2017, las historias de las militares trans continúan siendo la muestra palpable del impacto personal y profesional de esas políticas. La comandante Corcoran expresa que «durante mucho tiempo, permanecí en silencio».

Al alistarse en 2008, las mujeres aún no podían ocupar puestos de combate. Después de casarse, y con hijos, apartó su orientación sexual y empezó a vivir como mujer, fortaleciendo su identidad y creciendo en su carrera.

Corcoran sostiene que permitirse hacer la transición fue clave para mejorar su desempeño en el Ejército, y que hoy, esa política restrictiva lo único que asegura es un destino incierto, con la amenaza de una separación forzada que ella no desea aceptar.

«No voy a aceptar la separación voluntaria», afirma con firmeza. «Pasaré por la separación involuntaria y veré cómo es y lo horrible que quieren que sea para mí y otros miembros del servicio». La comandante Corcoran denuncia la situación como una de las más injustas y polémicas en la historia militar estadounidense.

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Personas con una visión contraria a las políticas transgénero en el ejército también se expresan públicamente. El exmiembro de los Navy Seals, Carl Higbie, quien actualmente conduce un programa en Newsmax, sostiene que «las personas transgénero no son aptas para servir en el ejército estadounidense» debido a que, en su opinión, los tratamientos hormonales y las terapias pueden afectar la capacidad de despliegue y rendimiento en combate.

En sus declaraciones, cuestiona el uso de medicamentos como el Ritalin y los efectos emocionales potenciales de la terapia hormonal, sugiriendo que «hay momentos en los que deberíamos preocuparnos más por abatir a los malos que por asegurarnos de que la diversidad sea nuestra fuerza».

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, un exoficial del ejército nombrado por Trump, ha tomado medidas para eliminar programas de diversidad, equidad e inclusión, y en 2023 anunció que clausuró iniciativas como el programa «Mujeres, Paz y Seguridad», argumentando que estas acciones distraen de la misión principal de «luchar en la guerra».

«Creo que la frase más estúpida de la historia militar es ‘nuestra diversidad es nuestra fuerza'», afirmó Hegseth en un acto celebrado en el Pentágono en febrero.

Contexto histórico de las políticas trans en el ejército estadounidense

La historia de los derechos de las personas trans en el Ejército de EE.UU. refleja una lucha que ha tenido altibajos a lo largo de los años históricos recientes.

En 2016, durante la presidencia de Barack Obama, se levantó la prohibición que excluía a personas trans de servir, permitiendo además financiamiento para tratamientos relacionados con la identidad de género.

Sin embargo, en 2017, Donald Trump anunció la reintroducción de una política restrictiva, argumentando costos y potenciales perturbaciones.

En 2021, con la llegada de Joe Biden, se dio un giro en favor de los derechos a la comunidad trans, restableciendo el derecho a servir.

Pero en 2025, otra vez la postura cambió bajo la administración de Trump, que ordenó procedimientos de separación forzosa para personal con disforia de género, poniendo en jaque la estabilidad y derechos de estos militares.

Testimonios en primera persona: resistencia y esperanza de que las cosas vuelvan a su lugar de justicia

Corcoran relata que, al alistarse en 2008, «las mujeres tampoco podían ocupar puestos de combate». Casada y madre, finalmente decidió salir del armario como mujer trans en 2018, y afirma que esta decisión mejoró su capacidad de servir. «La transición me ha hecho más centrada, más resistente», asegura, y confiesa que la ayuda de sus superiores, quienes seguían las directrices anteriores, fue fundamental en su proceso.

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Su esperanza ahora está en seguir defendiendo su derecho a permanecer en el Ejército, aunque sabe que la política vigente la pone en una situación vulnerable. «No quiero salir voluntariamente. No voy a aceptar esa opción. Voy a luchar contra la separación involuntaria, porque sé lo que eso significa para mí y mis compañeros».

Perspectivas y reacciones

Mientras tanto, la realidad de las militares trans continúa siendo un reflejo de una política que aún genera resistencia y división. La comunidad internacional y diversas organizaciones de derechos humanos han condenado la medida de Trump, calificándola de discriminatoria y contraria a los derechos humanos de expresión y libertad de elecciónes personales fundamentales como el género.

La propia Corcoran mantiene viva la esperanza de un cambio que reconozca la dignidad y derechos de las personas trans en las fuerzas armadas, en medio de un contexto de creciente polarización política en EE.UU.

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