Violencia en el fútbol

Son pocos. Ha sido la respuesta indulgente a la violencia en el fútbol. De esta manera nos olvidamos del hecho ocurrido hasta el próximo partido.
Lejos queda mi recuerdo cuando asistía al clásico con mi viejo. Con mis pocos años sabía los nombres de todos lo jugadores. Siempre en la Colombes porque el 174 que nos conducía desde el Cerrito estacionaba en Avenida Centenario. Salíamos 10 minutos antes de terminar el partido para poder tomar el ómnibus vacío. En la tribuna gritaba y hablaba como si supiese mucho. Mi padre me decía, no grites tanto que podés ofender al señor de al lado que es de Nacional. Así era la historia en el Estadio. Hace mucho que no visito el Centenario.
En los albores del siglo XX el Club Nacional tenía un hombre que “hinchaba” (soplaba) los balones con el aire de sus pulmones. Gritaba y se agitaba alentando a su equipo. Se convirtió en el aficionado de Nacional. Fue el primer “hincha” que conoce la historia.
La primera muerte en el fútbol uruguayo se remonta al año 1957, en Belvedere, en un partido de la división de ascenso entre Sud América y Progreso. Allí cayo el simpatizante de Sud América Carlos Héctor Gómez herido de muerte en una pelea a puñetazos. Estaba solo entre el público rival.
Para los que vivíamos las divisiones inferiores y amateur sabemos que eran comunes las peleas en las canchas. Personalmente presencié algunas. Las barras se preparaban antes del encuentro para una posible trifulca. Procedían de los barrios carenciados.
Los que protagonizaban estos incidentes eran gente marginada. Un marginado en esa época era un individuo que comía salteado y con ropa gastada.
La marginación actual adquiere otro sentido . El violento no tiene problemas de ropa ni alimentación. Es un excluido cultural y emocional.
En la década de lo 60 la juventud pone los ojos y los sentimientos en la política. La revolución cubana fue el disparador de una nueva cultura juvenil, a esto se agrega las libertades que la juventud empezaba a ensayar como algo propio. Y es entonces que la cultura se une a la política como un percusor de conciencia. De broche cinéfilo, literario. Además de la música moderna con sus bailes.
Para muchos jóvenes no había tiempo para cosas superficiales, nos creíamos superiores. Pocos gustábamos del deporte. No daba prestigio.
Hoy se ha convertido en lealtad irracional. Se construye sobre la base de un vínculo identitario con el aficionado que tiene como fin el fanatismo. “ Ganamos” comenta el parcial cuando su cuadro ha ganado. El hincha es protagonista adictivo. El equipo y el hincha se confunden en una unidad. “ Somos todos corazón” alardea la canción que gritan miles al unísono. “El fútbol es sentimiento” abundan los comentarios. Se convierte en identidad absurda al igual que la religión.
Desde hace unos 15 años cuando empecé a escuchar radio uruguaya, gracias a internet, algo empezó a llamarme la atención. En todo tipo de programas se toca el tema. Se comenta el partido anterior y se le toma el pelo al compañero simpatizante del equipo que perdió. Un juego en que todos están prendidos. La verdad que me cuesta entender porque se ha metido tan hondo en la sensibilidad ciudadana.
Para estos periodistas era una modo de decir, el popular deporte no es solo de ustedes los violentos sino también nuestro. Gran error señores del audio. El fútbol debe ser privado al igual que la religión. Ya que se ha convertido en el opio de los pueblos. Dejar el comentario solo a los programas deportivos.
Una prueba reciente de la culpabilidad de los medios de comunicación es el procedimiento del trato al accidente ( asesinato) del padre de Cavani. Titulares como este.
La madre del jugador afirmó que están apoyándolo «para que juegue, para que si tiene que dar la alegría a la gente que lo haga».
«Que todo el mundo sepa que va a tener que jugar con ese dolor que tiene», agregó.
Nada para la víctima. Ni su nombre. Apenas la edad. Tenía 19 años.
Desde los mismos jugadores y clubes debe salir la solución.
Que utilicen parte del dinero del circo futbolero para incentivar otro tipo de cultura para sus seguidores.
Crear círculos de estudios en las sedes de los clubes sobre temas como teatro, literatura, cine, arte, otras culturas en el mundo, algunos ejemplos. Enseñar como relacionarse sin el fútbol. Que sea prestigio tener otro tipo de conocimiento.
En los días de concentración del equipo. Que vean una película y opinen. Que cada jugador lea un libro. Y lo comenté delante de sus compañero.
Extender los centros culturales a los comités de los partidos políticos especialmente de izquierda y hacer menos proselitismo.
De esta manera será el balompié un parte más de la cultura popular pero no la única.
Mientras para el aficionado. No visitar las canchas y evitar de mirar los eventos por la televisión. Menos comentarios en el trabajo. Los auspiciadores tomaran distancia al ver que no es más un negocio rentable.
Menos dinero y más alegría para el deporte.
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