La Traición

La política es el arte de lo posible. Aristóteles

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Se destaca con frecuencia la palabra traición entre los actores políticos y la prensa. Otras veces se insinúa. El calificativo es empleado como acusación de inmoralidad que es imposible redimir. Parte de  la sociedad civil quejumbrosa lanza dardos contra los políticos que no han cumplido sus promesas. Es que la palabra traición tiene una connotación muy fuerte en nuestra cultura política.

En la literatura, para Dante Alighieri, en la Divina Comedia, ubica a los traidores en el último círculo. Es que para traicionar hay que ganar la confianza de la víctima y  por ende es el mayor de los pecados.

Pero para Maquiavelo es parte fundamental de la política y quien asume el ejercicio del poder se verá afectado por la traición

No es fácil traicionar y la lealtad es un valor que se aprecia. Empero al magnificarse como un hecho ético se transforma en cobardía, la de no motivar a emprender nuevos proyectos que la política real solicita para las comunidades. Traicionar es una expresión de pragmatismo y se inserta en la estructura interna que hace funcionar  nuestro sistema republicano.

Solo los regímenes totalitarios con su resistencia a la traición y con el fin de perpetuarse en el poder son capaces al uso de métodos sangrientos a cualquier clase cambio. La lealtad que llega a ser virtud y tiene el sello de honor entre los militares con su vertiente patriótica ha protagonizado guerras y  represión a sus pueblos.

Según Javier Cercas, escritor español de Anatomía de un Instante. Los héroes reales de la derrota del franquismo, en lo el político fue Adolfo Suárez, ligado a Acción Católica cuando joven y más tarde vicesecretario del Movimiento, traicionó al movimiento político franquista. El general Gutiérrez Mellado, que traicionó a los militares franquistas, y el secretario general del Partido Comunista Santiago Carrillo, que traicionó a sus camaradas. Esos tres héroes, cada uno en su campo de acción, traicionaron los juramentos de lealtad. Siendo el resultado que los españoles disfruten por primera vez de la democracia.

Recordemos a Jruschof al denunciar en 1956 los crímenes de Stalin y más tarde Gorbachov con su “Perestroika”, dos traidores que intentaron sacar a la Unión Soviética de su estancamiento. Con el mismo resultado, la democracia.

 

La política debe concebir de flexibilidad para conservar las relaciones necesarias entre los individuos  y actuar  en los conflictos sin cometer excesos. En esta generalidad compleja la rigidez provoca fisuras, mientras el pragmatismo permite enfrentar y sortear las dificultades e impedir  los bloqueos. De esta manera garantiza la continuidad pacífica de las comunidades.

Un beso que simboliza a la traición. En el año 33 de la era cristiana, según los Evangelios, Judas Iscariote delató a Jesús en el Huerto de Getsemani. Hecho que ha sido  representado en diversas manifestaciones artísticas. Cristo crea su Iglesia a partir de la denuncia de Judas. Lo anuncia en una profecía. Es la causa de la crucifixión y la resurrección que fundamenta el mito de Jesús. Nace la pasión y gloria de Cristo.  La traición de Pedro demuestra la fragilidad humana obteniendo la redención que es otro cimiento de la Iglesia. Estas dos traiciones marcan el comienzo de una nueva era. La judeocristiana.

Una traición romántica. La obra de  William Shakespeare, Romero y Julieta traicionan a sus familias Montesco y Capuleto en aras del amor. Se rompe de esta manera con el llamado honor de familia y se adelanta a la época moderna.

Una traición histórica es la que infligieron a José Gervasio Artigas sus más cercanos aliados como los gobernadores de Santa Fe, Estanislao López y Entre Ríos, Francisco Ramírez quien lo vence en su última batalla en las Tunas cerca de Paraná. Para luego exiliarse, en el año 1820, a Paraguay. Nace el mito Artigas. Y sobre la traición se levanta la República Oriental del Uruguay.

Hannah Arendt en su libro, Un estudio sobre la banalidad del mal. La autora que trabajó como periodista durante el juicio a Adolf Eichmann en Jerusalén para la revista The New Yorker afirma que al dirigente nazi no lo movía ninguna ideología antisemita y que todo su proceder se justifica por el deseo de mejorar su carrera cumpliendo su deber como militar. Y en un libro posterior, Los orígenes del totalitarismo, la filósofa demuestra que los hombres se convierten en autómatas de una maquinaria burocrática perdiendo su conciencia de individuos.

¿Cómo se hubiese escrito la historia si uno de los seis atentados fallidos contra Hitler hubiese tenido éxito? Se hace necesario la traición para romper con el totalitarismo.

Atención. El oportunismo político descubre su entrada  en la traición pero encuentra su límite en la elección.

 

Fuente: El príncipe de N. Maquiavelo

Elogio de la traición de Jeambar y Roucaute

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