TEMPORADA VERANO

Embarazo y altas temperaturas: 10 recomendaciones de profesionales médicos que hacen la diferencia

¿La llegada de tu bebé está prevista para los meses de más calor? Las altas temperaturas pueden traer algunas molestias, pero con los recaudos correctos esta etapa se transita con mayor calma y comodidad. Esto es lo que recomiendan desde Medicina Personalizada.

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Embarazo bajo el sol: cómo llevar el calor del verano sin sobresaltos

¿La llegada de tu bebé está prevista para los meses de más calor? Las altas temperaturas pueden traer algunas molestias, pero con los recaudos correctos esta etapa se transita con mayor calma y comodidad.

Que la fecha probable de parto caiga sobre el final del verano suele despertar interrogantes en más de una futura mamá. Sin embargo, no hay motivos para alarmarse: siguiendo algunas pautas sencillas, la temporada más calurosa del año no solo deja de ser un obstáculo, sino que puede convertirse en una verdadera compañera durante la gestación.

La clave está en los pequeños gestos cotidianos. Un rato en la piscina, por ejemplo, colabora con la circulación y descongestiona esas piernas hinchadas tan típicas de esta etapa. Y si toca subirse al auto, conviene frenar cada dos horas para estirar el cuerpo, tomar agua y recuperar energías.

A continuación, reunimos diez recomendaciones prácticas para atravesar estos meses de la mejor manera.

Los controles no se toman vacaciones

Cuando se arma el cronograma de descanso, un error frecuente es espaciar demasiado las visitas al ginecólogo.

Durante el tercer trimestre, en particular, los controles prenatales deben ser más frecuentes, así que planificar los paseos sin descuidar esas consultas resulta fundamental.

Dormir también es cuidarse

El descanso tiene que ocupar un lugar central en la rutina de la embarazada. El calor intensifica la fatiga y esa sensación de agotamiento permanente, por lo que se aconseja dormir al menos ocho horas por noche y, en lo posible, sumar una siesta durante la tarde para reponerse.

Menos plato, más frescura

Las comidas copiosas exigen un esfuerzo extra al organismo y, como consecuencia, elevan la temperatura corporal. Por eso conviene inclinarse por alimentos ricos en fibra, sobre todo verduras y frutas frescas.

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Existen varias creencias y mitos relacionados al embarazo que tienen que ver con la alimentación.

En paralelo, hay que dejar de lado las carnes y pescados crudos, la mayonesa y los embutidos caseros, ya que pueden ser vía de entrada de infecciones gastrointestinales.

Fruta sí, pero siempre pelada

La fruta fresca es un pilar de la alimentación durante el embarazo. Además de hidratar y refrescar gracias a su elevado contenido de agua, aporta vitaminas y minerales imprescindibles.

Las opciones de estación —cerezas, frutillas, durazno, melón y sandía— calman la sed y reponen las sales minerales que se pierden con la transpiración. Su vitamina C, por otra parte, mejora la absorción del hierro, y su fibra combate el estreñimiento, una molestia bastante común en esta etapa. Ahora bien, dada la cantidad de químicos presentes en las cáscaras, lo recomendable es consumir la fruta pelada mientras dure la gestación.

Dos litros por día, sin excusas

Con el termómetro en alza, el cuerpo pierde más agua, y en los últimos meses de embarazo las necesidades de líquido se disparan. Por eso mantenerse bien hidratada es innegociable. Las embarazadas que no beben lo suficiente quedan más expuestas a infecciones urinarias y a contracciones uterinas.

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En las jornadas más sofocantes, la pérdida por sudor se dispara, de modo que hay que reponer con al menos dos litros de agua diarios. ¿El truco para no olvidarse? Llevar siempre una botella en la cartera.

Viajes largos, paradas frecuentes

Ya sea en auto o en avión, los trayectos extensos requieren detenerse cada dos horas para caminar o mover las piernas. La explicación es médica: durante el embarazo aumenta la actividad protrombótica, es decir, la tendencia a formar trombos.

De ahí que sea aconsejable viajar con las piernas estiradas —evitando el asiento trasero— y no quedarse quieta por períodos prolongados. Tampoco conviene aguantarse las ganas de ir al baño, otra puerta de entrada a las infecciones urinarias.

El sol, un aliado que hay que vigilar

En el embarazo, ciertas zonas de la piel sufren una hiperpigmentación que el sol puede acentuar, e incluso volver permanente después del parto. Por eso se recomienda aplicar factor de protección solar (FPS) durante toda la jornada —no solamente en la playa—, además de usar sombrero y lentes de sol.

La insolación merece especial atención: la deshidratación que provoca puede desencadenar síntomas de parto prematuro y comprometer la salud del bebé.

El botiquín que no puede faltar

Es prudente viajar con los medicamentos habilitados para eventuales dolores de cabeza, sumando algún antiespasmódico o antigripal que el médico de cabecera haya indicado por si hiciera falta. La automedicación queda descartada: ante cualquier duda, lo mejor es consultar antes.

Boca sana, embarazo sano

Existe una asociación comprobada entre los partos prematuros y ciertas afecciones bucales como la periodontitis —enfermedades inflamatorias o infecciosas de las piezas dentarias— y la gingivitis, la inflamación de las encías.

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Por eso conviene mantener un control odontológico adecuado durante todo el embarazo, y con mayor razón si se planea pasar un tiempo lejos de casa.

La piscina, tu mejor amiga del verano

El verano también reparte ventajas, y meterse a la piscina es una de las más valoradas. El agua fría favorece la vasoconstricción, con un efecto inmediato sobre el edema, especialmente en piernas y tobillos.

El beneficio se potencia si se acompaña con movimientos como patalear o mover las extremidades, ya que eso activa la circulación sanguínea. Y para quienes no tengan una pileta cerca, una ducha fría o un baño de inmersión con agua tibia o fresca cumplen la misma función.

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