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Mirando al 2030: El Mundial más grande de la historia en seis países y tres continentes

Uruguay remodela el Estadio Centenario para el Mundial 2030: la obra de 120 millones de dólares que definirá el partido inaugural de la versión más ambiciosa hasta ahora de la FIFA.

Foto: AUF
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El gobierno de Uruguay busca inversores privados para financiar la reforma del Estadio Centenario, escenario elegido para el partido inaugural del Mundial 2030. La obra, valuada en unos 120 millones de dólares, dejará cerrado el recinto por más de dos años y es hoy el mayor desafío de infraestructura que enfrenta el país de cara al centenario de la primera Copa del Mundo.

El presidente Yamandú Orsi calificó de “impensable” que Uruguay afronte en soledad el costo de la remodelación. Lo dijo hace tiempo en el programa La Mañana del Fútbol, de Radio El Espectador, y agregó que coincide con una postura que le transmitió directamente el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en una conversación reciente entre ambos.

La cifra no es antojadiza. Según el presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol, Ignacio Alonso, la inversión total oscilará entre 120 y 140 millones de dólares, dependiendo de los detalles finales del proyecto ejecutivo. Alonso dio esos números en 2024.

El Centenario fue construido específicamente para el primer Mundial de la historia, disputado en 1930, con Uruguay coronándose como campeón. Desde 1983 tiene el estatus de Monumento Histórico del Fútbol Mundial otorgado por la FIFA, una distinción que no comparte ningún otro estadio del planeta. Ese antecedente fue la base de la candidatura sudamericana ante la FIFA.

Foto: AUF
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Un mundial en varios continentes a la vez

El 11 de diciembre de 2024, en un Congreso Extraordinario realizado en Zúrich, la FIFA ratificó formalmente que Uruguay, junto con Argentina y Paraguay, será sede de los partidos conmemorativos del centenario, mientras que España, Portugal y Marruecos organizarán el resto del torneo. La decisión convirtió al Mundial 2030 en el primero de la historia disputado en tres continentes y seis países.

El partido inaugural del certamen se jugará en Montevideo. Así lo confirmó el propio Congreso de la FIFA, en homenaje directo a la sede original de 1930. Buenos Aires, con el estadio Monumental de River Plate, y Asunción, con el nuevo Osvaldo Domínguez Dibb, completan el trío de sedes homenaje.

La obra en el Centenario contempla la demolición completa de la Tribuna América, la que aloja el palco oficial desde donde se transmiten los partidos. Alonso describió el trabajo como “complejo”, ya que esa tribuna deberá reconstruirse por completo para quedar a la misma altura que las restantes tres.

El proyecto también incluye bajar el terreno de juego un metro y medio, para mejorar la visibilidad desde las gradas, y techar la mayor parte del estadio, con la única excepción del sector que rodea la Torre de los Homenajes, símbolo histórico que la AUF decidió preservar sin alteraciones. La capacidad pasará de 60.000 a 63.000 espectadores.

Los trabajos comenzarán a fines de 2025 o principios de 2026 y se extenderán entre 30 y 32 meses, según el cronograma difundido por la AUF. Ese plazo deja al estadio terminado hacia mediados de 2028, con margen suficiente antes del límite que exige la FIFA: entregar las sedes mundialistas con al menos un año de anticipación al inicio del torneo.

Alonso planteó el proyecto con una mirada que va más allá de lo deportivo. “Va a dialogar mucho más fluido con la ciudad porque va a tener mucha más vida en la diaria, no solamente con el fútbol los fines de semana, con el museo y los espectáculos musicales”, sostuvo el dirigente al describir el concepto arquitectónico presentado ante la FIFA.

El financiamiento sigue siendo la pieza que falta encajar

La intención original de la AUF, expresada en 2024, era que los fondos provinieran mayoritariamente de inversión privada. Dos años después, el escenario cambió: el gobierno de Orsi creó una comisión especial, encabezada también por el intendente de Montevideo, Mario Bergara, con la tarea de coordinar los preparativos del Mundial y definir cómo se cubrirá el costo de la obra.

Esa comisión tiene entre sus primeras tareas establecer el alcance definitivo del proyecto y las alternativas de financiamiento disponibles, un punto que el propio intendente Bergara señaló como central en las reuniones de trabajo mantenidas hasta ahora.

Mientras se resuelve el esquema de fondos, el Centenario sigue en actividad. Orsi remarcó que los últimos espectáculos realizados en el estadio dejaron señales auspiciosas, un dato que el gobierno toma como indicio de que el recinto puede sostener actividad comercial más allá de los partidos de la selección, algo que también forma parte del plan de sustentabilidad económica presentado a la FIFA.

El caso uruguayo contrasta con el de Paraguay, donde el nuevo Estadio Osvaldo Domínguez Dibb, en Asunción, avanza con un cronograma que prevé el inicio de la superestructura en octubre de 2026 y la finalización completa hacia junio de 2029, un plazo más ajustado al límite de la FIFA que el uruguayo.

Para Montevideo, el desafío no es solo terminar la obra a tiempo. Es hacerlo sin que el costo recaiga únicamente sobre las arcas públicas, en un país que ya delineó su ambición: ser, cien años después, el lugar donde el Mundial vuelva a empezar.

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