España en Montevideo
Este musical se ubica esta vez en el mundo musical de España; pero no es mera veleidad, sino la España rioplatense viva de nuestro teatro Artigas en el día en que muere Gardel, la España de nuestros inmigrantes que inmortalizó Vacarezza, la España que dejó su sello indeleble en la Avenida de Mayo de Buenos Aires. Es toda una empresa poner, en nuestro medio, 24 actores en escena y por ello no es posible abordar una crítica de «La bien pagá» sin adelantar que Varela es uno de los protagonistas más conspicuos del teatro uruguayo de hoy, por más que se empeñe o parezca empeñarse en no hacerse ver o en no hacerse ver demasiado, teatro al que abastece como autor, director, productor, suponemos que empresario y aún, si cuadra, como actor, actividad esta última que ha desatendido últimamente, pese a sus muy notables condiciones y no podemos olvidar, sino antes bien recordar con emoción, el generoso apoyo que brindó, siempre desinteresadamente, a la realización de los «Porto Alegre en Montevideo» y al intercambio artístico entre ambas ciudades, que tantas veces culminó con la feliz presentación de nuestros actores y autores en la capital de Río Grande del Sur. Todo lo hace Omar Varela, todo lo cumple y lleva a cabo con sobresaliente aptitud de organización, que le ha permitido formar y orientar un equipo muy eficaz y, por sobre todo, con una austera contracción al trabajo tan admirable como la modestia que rodea la presentación de su propia persona, tan autoborrada y casi impersonal pero omnipresente, de suave y asordinado hablar pero siempre audible, de tan extrema gentileza y buenas maneras que hace pensar, inevitablemente, en la clásica imagen de la mano de hierro en un guante de seda.
El musical es una predilección, casi hasta una obsesión de Omar Varela. «El violinista en el tejado», «La ópera do malandro» y «La Piaf» lo vieron en un proceso de evolución siempre en ascenso, siempre perseguido por una autocrítica sin pausa, que lo llevó a enmarcar sus producciones en la retención de efectos, en la moderación del tono, en el culto del estilo, en la insistencia en la sobriedad. A las dificultades técnicas del musical en nuestro medio, tan desprovisto de los equipos hoy de uso común, opuso el ingenio, la economía de medios, la concisión, la adaptación a espacios restringidos; a la ausencia de cantantes profesionales con experiencia escénica, ha logrado aquí, con Laura Sánchez, de ya larga experiencia en el musical, lo mejor y muy suficiente que estaba al alcance de los espectadores montevideanos. Laura (llamada en la escena «Lore») domina la parte de la actuación, saber emplear un acento español que, por lo menos para nosotros que no somos españoles, suena a auténtico, a bien impostado y a convincente; lleva un traje de sevillana sin errores y con elegancia; y además canta con buen gusto, con un trato muy bien trabajado de su voz, con acierto la melodía, con medidas dosis de sentimiento y una chispa vivaz de ese impulso y brío que la canción española requiere.
A todos estos méritos hubiéramos querido encontrar, como nos ha ocurrido ante otras producciones de Omar Varela, algo del título o subtítulo de la obra: la pasión, algo que justifique la adjetivación de «musical apasionado». Reconocemos, sí, que pasión no rima con Uruguay, con nuestra inveterada sobriedad y discreción, tal vez derivada de las circunstancias espartanas en que vive el teatro, con nuestra no siempre justificada apoteosis del pudor y el secreto, con nuestra no siempre razonable contención.
De los actores, además de la perfección de Laura Sánchez, destacaremos a Rosita Freiría, todo una actriz, que compuso estupendamente a su millonaria Azucena y a Roberto Andrade, que se lució con su Manolo; Petru Valenski y Luis Charamello, en dos personajes que casi reconocemos no bien aparecen, apoyaron firmemente la obra con su gracia y comunicatividad.
El argumento, del mismo Omar Varela, es un esbozo o hilo conductor encargado de unir los diversos episodios. Tiene alguna analogía con el de «Arrabalera», porque también aquí una Cenicienta logra ir a más y triunfar. Las líneas de la acción se unen con los momentos musicales con fluidez, y los episodios más serios equilibran muy bien a los cómicos, el conjunto tiene dinamismo y ritmo, pausas y contrastes bien dosificados. El vestuario de Nelson Mancebo es una creación brillante, original y artística, que cuenta entre las mejores de su fecunda carrera y el ballet, a cargo de la «Compañía de Ballet Español y Flamenco» es impecable y da un sello típicamente español y una pauta de calidad que beneficia al espectáculo todo. «La bien pagá» es un musical concebido como mero entretenimiento; y su propósito está logrado. *
LA BIEN PAGA, un musical apasionado, de Omar Varela. Con Luis Charamello, Leonardo Franco, Petru Valenski, Roberto Andrade, Laura Sánchez, Rosita Freiría, Jenny Galván, Virginia Rodríguez, Virginia Méndez, Marcelo Galli, Alvaro Borges, Elena Brancatti, Julio Frade, Marcelo Santa Cruz, Gonzalo de los Santos, Osvaldo Ojeda y Miguel Mediza. Bailarines de la Compañía «Alhambra»: Sergio Galleni, Virignia Amarilla, Paula Amengual, Rossana Navone, Isabel Rojo y Graciela Veins. Espacio escénico y vestuario de Nelson Mancebo, iluminación de Ricardo Mazzarelli, coreografía de Sergio Galleni, puesta en escena y dirección general de Omar Varela. Estreno del 14 de junio, Teatro del Anglo, sala 1.
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