Lucrecia Martel en BAM: «No podemos seguir filmando lo que ya filmaron (…) hay que inventar el futuro»: Su manifiesto para el cine latinoamericano
La reconocida directora argentina, Lucrecia Martel, cerró su alocución recordándole a la audiencia que el verdadero poder del cine en el hemisferio sur no reside en competir con los presupuestos del norte global, sino en su "extrema capacidad de alterar la percepción" para emancipar las miradas y, fundamentalmente, "inventar el futuro".

Lucrecia Martel y su visión sobre el cine: «Nos entrenan para la catástrofe y la resistencia cultural»
La prestigiosa cineasta argentina Lucrecia Martel planteó una reflexión contundente acerca de cómo el séptimo arte y las narrativas de ficción vienen preparándonos para enfrentar situaciones límite. Según sus declaraciones y análisis, el cine opera como un instrumento crítico fundamental que nos capacita para confrontar el caos y la incertidumbre a nivel mundial.
Alerta por la extinción cultural en Argentina
Durante marzo del año pasado, la laureada directora había advertido que una nación carente de símbolos compartidos constituye un territorio vulnerable a la desaparición.
En el marco de una profunda crisis que atraviesa al sector cinematográfico y cultural en general, Martel señaló que Argentina cuenta con profesionales de categoría excepcional en el ámbito audiovisual: realizadores, intérpretes, creadores de guion, personal técnico y todo el conjunto humano que históricamente sostuvo la producción de ficción en el territorio nacional. Ese patrimonio irremplazable, componente esencial de la identidad colectiva, actualmente no recibe reconocimiento ni valoración por parte de la administración gubernamental, sino que sufre desfinanciamiento y señalamientos como si constituyera un «problema».
¿Por qué la cultura representa una amenaza para el poder?
¿Qué conflicto genera para el Estado actual que la Cultura se desarrolle? Múltiples son las razones por las cuales el partido político del oficialismo en Argentina, La Libertad Avanza, percibe al Cine Nacional como una amenaza. El arte funciona como herramienta crítica y de resistencia que aquellos que impulsan políticas de hostilidad contra les artistas requieren silenciar para avanzar con sus programas de hambre.
Producir cine equivale a construir Memoria, y si construimos Memoria, no estaríamos resignando derechos cotidianamente en nuestro territorio.
«Extraño a los actores y a las actrices. Extraño ver la ciudad de Buenos Aires, ver las ciudades, partes de nuestro país. Extraño mucho ver esas representaciones, y es peligroso no tenerlas. Es peligroso no tener un lugar donde nuestros nuevos actores puedan ejercer la actuación. Se van a perder generaciones. Se van a perder generaciones de directores, generaciones de escritores, Si eso no está, es muy peligroso que se transforme en un país sin cultura propia. No es solamente una industria, es conversar entre nosotros, es vernos. Nos hace entender a nosotros, no como una gente suelta, sino como una comunidad, como un país», expresó la realizadora argentina en el marco de su nueva producción «Nuestra Tierra», que llegó a las salas el 5 de marzo.
Resulta imperativo tomar conciencia. Sin Cultura no existe sustento. Sin producciones cinematográficas, sin obras literarias, sin escenarios teatrales, sin manifestaciones artísticas, no hay identidad viable.
Los pilares del pensamiento de Martel
La propia directora delineó los fundamentos principales de su perspectiva durante su intervención:
1. Preparación para navegar la incertidumbre
Para la cineasta salteña, las producciones audiovisuales trascienden el simple entretenimiento: nos adiestran perceptualmente y nos enseñan a sostener la ambigüedad.
Al exponer al público a climas complejos o instantes de crisis —temática central en trabajos como «La ciénaga» o «La mujer sin cabeza»—, el cine nos fortalece psicológicamente para escenarios donde el dominio se evapora y la realidad se torna caótica.
2. El audiovisual como trinchera política
Frente al contexto actual de crisis planetaria y ataques hacia la cultura, Martel sostiene que el cine resulta más indispensable que nunca. Mediante la ficción y el documental, nos habilita a escapar de doctrinas inservibles, preconceptos y temores paralizantes, impulsándonos a imaginar el porvenir de manera diferente.
El manifiesto desde Bogotá: reinventar el cine latinoamericano
Una aproximación al análisis de la directora sobre la vitalidad del cine y la necesidad de contar nuestras propias ficciones:
En una participación cargada de ironía, hondura filosófica y una perspectiva marcadamente crítica, la aclamada realizadora argentina Lucrecia Martel sacudió al ecosistema audiovisual congregado en el Bogotá Audiovisual Market (BAM).
Distante de ofrecer una masterclass técnica, Martel aprovechó el espacio para lanzar un manifiesto político y ético sobre la urgencia de reinventar el cine regional y su importante rol para la construcción del futuro que deseamos, advirtiendo que, en el panorama actual de crisis climática y globalización, «el cine es un arma extraordinaria que tenemos que saber usar».
A continuación, los aspectos más cruciales y las definiciones clave que dejó su discurso:
La ilusión de la «cultura buena»: hegemonía como conflicto sutil
Martel cuestionó la concepción romántica que separa tajantemente a la cultura del mercado: «Llegamos hasta aquí con una idea de la cultura como algo distinto, peleado con el mercado… y yo les digo: la cultura que inventamos hasta acá es «la guerra por las buenas»».
Para la directora de cine, como para múltiples reconocidos analistas de historia, política, ecomomía, sociología y arte a lo largo del último tiempo, la aspiración de la cultura occidental ha sido históricamente la hegemonía y la imposición de valores sobre otras realidades, utilizando al cine (con Hollywood en la vanguardia) como un vehículo masivo de domesticación.
Mirá el video completo de la charla en BAM de la cineasta Lucrecia Martel
Las plataformas y el «espejismo» latinoamericano
Frente a los representantes de gigantes del streaming, la realizadora puso bajo la lupa el verdadero impacto de las multinacionales en la región. Se preguntó abiertamente si las divisiones locales de estas empresas responden verdaderamente a las necesidades del continente o a los intereses de sus casas matrices en el norte global.
Al referirse a las producciones de autor financiadas por estas plataformas, disparó con su característico sarcasmo: «Cada tanto hay que soltar un prisionero», definiéndolo como excepciones que confirman la regla de la estandarización.
«Indios insomnes»: radiografía de la alienación contemporánea
Apoyándose en una crónica minera del siglo XVI que describía a nativos deambulando exhaustos tras entregar su fuerza de trabajo a intereses ajenos, Martel trazó un paralelo con la sociedad contemporánea: «Todos somos un poco indios insomnes». Denunció la aceleración tecnológica impulsada por los microchips que colisiona con el tiempo biológico, y la «contracción del espacio» provocada por las pantallas de los teléfonos móviles, la cual, asegura, «fantasmagoriza» la pobreza y nos ausenta de la realidad física de las calles.
El riesgo de las «referencias» y la muerte de la mirada autónoma
En uno de los momentos más aplaudidos por el público, Martel instó a las nuevas generaciones de cineastas colombianos y latinoamericanos a romper con los manuales tradicionales de la industria. Criticó la exigencia corporativa de justificar proyectos basándose en largometrajes previos (el famoso concepto del pitch «esto se parece a X película»).
«No pidan referencias de películas. Hagan que la gente salga a la calle, que busque, que mire, que saque fotos. No podemos seguir filmando lo que ya filmaron».
Del «paciente psicológico» al «monstruo» en la escritura
Martel cargó de frente contra las estructuras académicas del guion clásico (el arco dramático, el nudo y el desenlace), y propuso abolir la construcción psicológica rígida de los personajes. «Si escribo un personaje con una prescripción psicológica, lo que voy a tener es un paciente, y una cosa es un personaje (construído para la ficción) y otra cosa es un paciente». En su lugar, invitó a mirar al ser humano como un «monstruo» (en su raíz latina monstrare: lo que manifiesta lo extraordinario o lo divino), una entidad compleja, contradictoria e inabarcable que solo se descubre mediante la observación atenta.
El productor como agente cultural
Finalmente, la cineasta celebró que en Colombia se esté transformando el arquetipo del productor audiovisual, alejándolo de la vieja idea del mero «administrador o usurero».
Defendió que el destino del cine regional está en manos de productores con visión cultural, capaces de plantar cara a las plataformas y gestionar proyectos en un continente donde «la pobreza va a ser la condición» estructural y donde los grandes presupuestos serán anomalías.
Un llamado a emancipar las miradas y crear un pensamiento crítico propio
Martel cerró su alocución recordándole a la audiencia que el verdadero poder del cine en el hemisferio sur no reside en competir con los presupuestos del norte global, sino en su «extrema capacidad de alterar la percepción» para emancipar las miradas y, fundamentalmente, «inventar el futuro».
Te recomendamos
play_arrow
ARGENTINA
Acusan a panelista libertario de apología del delito por comentarios sobre adolescente asesinada por un femicida
Durante un debate en Crónica TV centrado en el femicidio de Agostina Vega, la figura mediática argentina y cieneasta, Diego Recalde, intentó ofrecer su interpretación sobre el comportamiento de la víctima.



Compartí tu opinión con toda la comunidad