El modelo comunista: El 10% más pobre de China ya gana más que sus pares latinoamericanos
Un informe con datos del Banco Mundial muestra que en 1990 el 10% más pobre de la población china ganaba menos de un dólar diario, muy por debajo de sus pares latinoamericanos. Tres décadas después, ese mismo grupo supera en ingresos a los deciles más pobres de Argentina, México y Brasil, aunque la distancia con países ricos como Noruega y Estados Unidos sigue siendo amplia.

En 1990, un obrero rural de las zonas profundas de China entre los más pobres de su país sobrevivía con menos de un dólar por día. Del otro lado del Pacífico, un trabajador argentino en la misma posición relativa —el 10% de menores ingresos— llegaba a los cuatro dólares diarios. La distancia parecía de otra época, casi de otro planeta económico. Treinta años después, esa distancia se borró y el signo se invirtió.
Según datos de la Poverty and Inequality Platform del Banco Mundial, sistematizados por el economista Daniel Schteingart en su newsletter The Atlas, el 10% más pobre de China gana hoy 6,10 dólares diarios ajustados por poder de compra. Es más de lo que gana el mismo segmento en Argentina (5,20), en México (4,30) o en Brasil (3,60). El país que arrancaba último de la comparación terminó primero.
Fue una curva ascendente casi sin pausas a lo largo de tres décadas, mientras que las series latinoamericanas avanzaron a los tumbos, con crisis que se notan a simple vista en cualquier gráfico de la época. Argentina lo sufre en carne propia: la debacle de 2001-2002 aparece como un pozo en la serie, y algo similar ocurre después de 2018 y otra vez tras la devaluación posterior a 2023.
Brasil tuvo su mejor década en los 2000, cuando el Bolsa Família y la suba del salario mínimo real empujaron el ingreso de los sectores bajos, pero esa mejora se frenó después de 2014. México, para peor, ni siquiera tuvo ese envión: su curva es la más chata de las tres durante buena parte del período, reflejo de un crecimiento económico que nunca terminó de despegar.
¿Qué hizo distinto China?
Ahí hay que separar la paja del trigo entre relato oficial y evidencia empírica, aunque en este caso coinciden bastante. Primero, decenas de millones de trabajadores rurales se sumaron a la economía de mercado, a fábricas y a servicios urbanos, y eso cambió la composición del ingreso de los hogares más pobres: los salarios pasaron a pesar mucho más que antes.
Segundo, el Estado chino construyó durante los 2000 una red de protección que no existía: educación obligatoria gratuita, un sistema de salud rural, acreditación de pensiones para el campo y un programa de transferencias focalizadas llamado dibao. Nada revolucionario en el papel, pero con alcance masivo.
Y después está la pieza más publicitada por Beijing: la campaña de «alivio de pobreza focalizado«, lanzada en 2013 y declarada cumplida en 2020. Las cifras oficiales —que conviene tomar con la pinza habitual para datos del gobierno chino, pero que en este caso son consistentes con estudios independientes— hablan de 99 millones de personas sacadas de la pobreza rural, con más de 70.000 millones de dólares invertidos entre 1980 y 2016 solo en fondos específicos del programa. En las zonas designadas como pobres, el ingreso per cápita creció a un promedio de 9,5% anual entre 2013 y 2020, más rápido que en las ciudades.
Un asterisco necesario en las estadísticas chinas
Que el piso haya subido no significa que China se haya vuelto más igualitaria. Todo lo contrario. El coeficiente de Gini —la métrica estándar para medir desigualdad— subió cerca de un 10% entre 2000 y 2010. Los pobres mejoraron en términos absolutos, sí, pero la brecha con los ricos chinos se ensanchó al mismo tiempo. El gráfico de Schteingart retrata el nivel de ingreso de los más pobres, no la foto completa de cómo se reparte la torta.
Del lado de Latinoamérica, el diagnóstico de fondo tampoco cambió mucho en treinta años: la región sigue siendo la más desigual del planeta. El decil más rico gana en promedio doce veces más que el decil más pobre, contra una relación de cuatro a uno en los países de la OCDE. Ese desnivel estructural en la cúpula limita cuánto puede subir el piso incluso en los años de bonanza.
Queda un tercer actor en el gráfico, y es el que pone las cosas en perspectiva: los países ricos. El 10% más pobre de Noruega vive hoy con 31,60 dólares diarios; el de Estados Unidos, con 16,90. La brecha relativa con China se achicó con los años, pero en términos absolutos sigue siendo abismal —el noruego más pobre gana cinco veces más que el chino más pobre, y el estadounidense, el triple—. Convergencia con América Latina, sí. Convergencia con el primer mundo, todavía no.
Un detalle curioso que asoma en la serie estadounidense: un pico pronunciado entre 2020 y 2021, que coincide con los cheques de estímulo repartidos durante la pandemia, seguido de una caída marcada apenas esos programas se cortaron.
Todos estos datos surgen de encuestas de hogares nacionales, con series interpoladas entre años de relevamiento, así que no todos los valores anuales son mediciones directas, sino estimaciones entre puntos conocidos.
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