“Ya van a ver, se pudre todo”: la fuerte amenaza de Luis Fernández Albín frente a la Justicia
La extradición desde Argentina culminó un operativo internacional. El hombre enfrenta cargos por narcotráfico y lavado de dinero. Su llegada a Montevideo estuvo marcada por una amenaza a una fiscal.

El pasado jueves, un operativo coordinado por Interpol concluyó con la extradición desde Buenos Aires de Luis Fernández Albín, un ciudadano de 38 años con doble nacionalidad. El procedimiento, que involucró un fuerte despliegue de seguridad, generó interrupciones en el centro de Montevideo y en el área de la base militar del aeropuerto internacional de Carrasco. El individuo, señalado por las autoridades como un capo narco, fue trasladado para enfrentar procesos judiciales en Uruguay.
Fernández Albín estaba recluido en Argentina tras su captura a fines de noviembre en el barrio porteño de Flores. Su detención fue posible gracias a información proporcionada por la DEA, agencia antidrogas de Estados Unidos, que permitió a la Policía Federal Argentina localizar su refugio. El sitio, un departamento en la Avenida Rivadavia al 6300, es propiedad de un ciudadano uruguayo con antecedentes penales por narcotráfico.
Las autoridades uruguayas lo identifican como el presunto líder de una organización familiar, a menudo referida en informes policiales como el «clan Fernández Albín». Se le imputa ser el cerebro detrás del acopio y la intendencia de exportación de dos mil kilogramos de cocaína incautados en agosto en una propiedad rural de Punta Espinillo. La droga, según las investigaciones, tenía como destino final el mercado europeo.
Amenaza a fiscal: las palabras del narco al llegar a Uruguay
Al descender del avión en suelo uruguayo, Luis Fernández Albín apareció con los tobillos encadenados. Frente a las cámaras de televisión, mostró una mirada desafiante. Manifestó su molestia por la cobertura periodística que lo vinculaba a un supuesto plan para atentar contra la fiscal Mónica Serrano. En ese momento, dirigió una advertencia verbal hacia la fiscal Angelita Romano, declarando textualmente: «Ya van a ver».
Sin embargo, durante la audiencia de formalización ante el juez Fernando Islas, realizada al día siguiente, el imputado se retractó de sus dichos. Solicitó disculpas por la amenaza proferada horas antes. El magistrado, tras evaluar los cargos, le dictó prisión preventiva por un plazo de 120 días. Las acusaciones formales en su contra incluyen narcotráfico, contrabando agravado y lavado de dinero.
La investigación que condujo a su captura en Argentina se extendió por varios meses. El rastreo de sus movimientos y comunicaciones fue una pieza central. La camioneta Volkswagen Amarok que utilizaba en Buenos Aires fue intervenida con un dispositivo de localización GPS, lo que proporcionó a los investigadores datos fundamentales sobre sus desplazamientos y contactos.
Prisión preventiva de 120 días para extraditado desde Argentina
Los informes de inteligencia y las actas judiciales asocian a Luis Fernández Albín con figuras de alto perfil en el crimen organizado regional. Su vínculo más destacado es con Sebastián Marset, el ciudadano uruguayo considerado el narcotraficante más buscado en el Cono Sur. Además, se le atribuyen conexiones operativas con la facción criminal brasileña conocida como Primer Comando Capital (PCC).
Su historial delictivo, según registros consultados, se inició en la adolescencia. A los 13 años habría cometido su primer robo y posteriormente protagonizado fugas de institutos de menores. Su ascenso dentro de las estructuras del tráfico internacional de estupefacientes fue rápido, según análisis policiales, consolidando eventualmente su propia organización junto a dos de sus hermanos.
El departamento de Flores usado como escondite tiene su propio historial delictivo. Investigaciones revelan que, en el año 2014, el mismo inmueble fue utilizado por otro ciudadano uruguayo. Este individuo fue detenido en la terminal de Buquebús cuando intentaba abordar un ferry con sesenta paquetes de cocaína ocultos en el asiento trasero de su automóvil.
Durante su estadía en Buenos Aires, Fernández Albín mantenía una rutina aparentemente ordinaria. Su actividad más visible consistía en pasear tres veces al día a Robertina, su perra de raza Bulldog Francés. Recibía visitas regulares de su esposa, Khaterine «La Chuna» Quilimas Gularte, y de sus hijas de corta edad. La mujer también se encuentra detenida, procesada por el delito de lavado de activos.
Tras la captura del hombre, la mascota fue examinada por la División Canes de la Policía Federal Argentina. Posteriormente, el animal fue trasladado a Uruguay y entregado a las hijas del matrimonio. Las menores se encuentran actualmente bajo el cuidado de familiares, mientras ambos progenitores enfrentan procesos judiciales separados por tráfico internacional de estupefacientes y otros delitos conexos.
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