Miguel Abella, delfín de Enrique Antía, fue electo intendente de Maldonado
Abella es funcionario municipal hace 32 años, y ahora se convertirá en el portador de la bandera de Enrique Antía, sosteniendo al Partido Nacional en el poder en la comuna fernandina por cinco años más.

El delfín de Antía, Miguel Abella, garantizó la continuidad política en Maldonado tras su victoria electoral. Con 32 años como funcionario municipal, incluyendo el cargo de director general de Administración y Recursos Humanos, Abella sucederá al caudillo fernandino, quien no pudo candidatearse por límites constitucionales.
La elección consolidó el dominio del sector liderado por Antía, quien gobernó en tres períodos (2000-2005, 2015-2020 y 2020-2025). Abella obtuvo una amplia ventaja sobre su principal rival, Rodrigo Blás del Partido Nacional, que fracasó por segunda vez frente al oficialismo.
Miguel Abella gana en Maldonado con apoyo de Antía
Abella había anunciado su retiro de la función pública antes de ser designado candidato. En enero, al renunciar para competir, declaró: “El barco en el que me subió me gusta, porque me gusta ayudar a la gente y voy a llevar adelante, si me toca, varias iniciativas que no pudiste concretar en estos períodos de gobierno”.
El nuevo intendente destacó su gratitud hacia la gestión de Antía, a la que calificó como «transformadora». Su llegada al sillón comunal extenderá la influencia del sector hasta 2030, marcando una transición sin rupturas programáticas.
Antía justificó su apoyo a Abella durante la votación: “Es un hombre de bien, de equipo, honesto y trabajador”. Agregó: “Abella me estuvo respaldando todos estos 25 años, con mucha eficiencia y lealtad, y esto es un ida y vuelta siempre”.
Además del Partido Nacional, otros partidos compitieron sin éxito. El Frente Amplio presentó a los exintendentes Óscar de los Santos, Susana Hernández y Eduardo Antonini. Por el Partido Colorado, Teresita Marzano y Bethy Molina buscaron capitalizar el voto opositor, mientras Carlos Pérez representó a Asamblea Popular.
La fragmentación de la oposición facilitó el triunfo de Abella, quien capitalizó la estructura de gobierno y el respaldo de Antía. El oficialismo mantuvo su base electoral, reforzada por obras públicas y estabilidad administrativa durante los últimos años.
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