Analistas de inteligencia chinos sitúan al Mosad detrás la crisis migratoria de Ceuta
Pekín examina la crisis de Ceuta desde el prisma de la guerra híbrida, mientras protege a Rabat, su principal plataforma industrial y logística para sortear barreras comerciales con Occidente.

La crisis migratoria que en agosto de 2026 volvió a desbordar la frontera de Ceuta no se lee en Pekín solo como un problema humanitario o de seguridad europea. Para un sector relevante de los analistas de inteligencia chinos, lo ocurrido encaja en el molde de una operación de guerra híbrida. Y el presunto actor detrás de esa maniobra tiene nombre: el Mosad, el servicio de inteligencia exterior de Israel.
La tesis, que hasta hace poco circulaba en conversaciones reservadas entre funcionarios y académicos próximos al Partido Comunista, ha ganado visibilidad pública gracias a un artículo de la politóloga egipcia Nadia Helmy, especialista en política china y relaciones chino-israelíes. El texto, publicado en la revista Modern Diplomacy el 4 de agosto de 2026, recoge textualmente lo que se debate en círculos de influencia de Pekín: “Los centros de análisis de Inteligencia chinos han examinado la escalada de las tensiones diplomáticas y políticas entre España e Israel.
Desde esa perspectiva, el deterioro de las relaciones bilaterales podría haber motivado al Mosad a involucrarse en la crisis migratoria entre Marruecos y España, exacerbando la situación e infiltrando agentes para fomentar el descontento y el caos entre la población marroquí”.
La hipótesis del Mosad toma forma en los despachos de Pekín
Helmy no es una voz aislada. En conversaciones privadas con este diario, varios diplomáticos y analistas próximos a los círculos políticos de Pekín admiten que la hipótesis del Mosad se toma en serio por un motivo concreto: la coincidencia temporal entre el repunte migratorio y el endurecimiento de las críticas del Gobierno de Pedro Sánchez a la ofensiva militar israelí en Gaza, que desembocó en el reconocimiento formal del Estado palestino por parte de España.
Un diplomático consultado lo resume sin ambages: “Desde la normalización de relaciones en 2020, Marruecos e Israel se han convertido en aliados y han estrechado su cooperación en defensa e inteligencia”. Ese nuevo eje, recuerda la fuente, habría dotado a Tel Aviv de una capacidad de influencia indirecta sobre movimientos en el norte de Marruecos que antes no poseía.
La acusación de Gustavo Petro y el eco en las cancillerías asiáticas
La teoría no se limita a Pekín. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, señaló públicamente al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, como responsable último de la crisis en Ceuta. Petro acusó a Netanyahu de “pagar para que los pobres arriesguen su vida para llegar a España” y afirmó que Marruecos “se ha entregado al designio de un genocida prófugo”. Las declaraciones, difundidas a través de su cuenta oficial en X, reforzaron una narrativa que en las cancillerías asiáticas se sigue con enorme atención.
Pero para entender por qué la inteligencia china dedica tiempo a esta hipótesis hay que girar el mapa hacia África. Marruecos se ha convertido en un socio estratégico de primer orden para Pekín. No se trata de un vínculo simbólico: en los últimos cinco años, decenas de empresas chinas han anunciado inversiones multimillonarias en el reino alauí. Gotion High-Tech, uno de los mayores fabricantes de baterías del mundo, comprometió en 2024 la construcción de una gigafactoría de 6.500 millones de dólares en la región de Rabat-Salé-Kénitra. La compañía CNGR Advanced Material prepara una planta de cátodos para baterías. BYD, el gigante de los vehículos eléctricos, negocia su propia implantación.
Marruecos, el socio estratégico que China no puede permitirse perder
La razón de ese apetito inversor es triple. Marruecos ofrece estabilidad política, acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y Estados Unidos, y la mayor reserva de fosfatos del planeta —un mineral indispensable para las baterías LFP que dominan el mercado de los coches eléctricos—. Además, su ubicación geográfica —apenas 14 kilómetros de Europa por el Estrecho— permite a las compañías chinas instalar fábricas desde las que abastecer al mercado occidental, sorteando parte de los aranceles y barreras que penalizan las exportaciones directas desde China.
A esa ventaja industrial se suma la logística. El puerto de Tánger Med, el mayor del Mediterráneo y uno de los que más contenedores mueve en el mundo, funciona ya como un nodo fundamental para las cadenas de suministro chinas. Por sus dársenas transitan componentes electrónicos, vehículos semimontados y materias primas que en cuestión de horas pueden llegar al corazón industrial de Europa. Pekín contempla a Marruecos como el Vietnam del Mediterráneo: una plataforma de ensamblaje y exportación que le permite mantener su cuota de mercado global sin depender del etiquetado “Made in China”.
Tánger Med y la ruta de las baterías: por qué Ceuta es un termómetro económico para Pekín
Esa dependencia económica explica por qué cada crisis en Ceuta o en el norte marroquí dispara las alertas en Pekín. No es filantropía ni una mera curiosidad académica: cualquier desestabilización en el reino amenaza directamente miles de millones de inversión y el plan maestro de la Nueva Ruta de la Seda en el norte de África.
La cobertura de los medios oficiales chinos, sin embargo, ha transitado por un carril distinto al de los analistas de inteligencia. CGTN y la agencia Xinhua han puesto el foco en las “deficiencias” de la política migratoria europea y en las imágenes del Ejército español desplegado en la frontera. El Global Times, diario de línea dura vinculado al Partido, cedió su espacio al profesor Cui Hongjian, de la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín, quien sentenció: “La crisis de Ceuta ha puesto al descubierto las deficiencias de las reformas migratorias de la UE posteriores a 2015 y evidencia las dificultades del bloque para construir una respuesta unificada”. La lectura oficial prefiere señalar las costuras del proyecto europeo antes que dar pábulo a la hipótesis de la conspiración israelí.
La doble narrativa de Pekín: criticar a Europa mientras se protege a Rabat
Esa dualidad de discursos es deliberada. Pekín necesita preservar su relación con Marruecos —y por extensión con Israel, con quien mantiene un vínculo tecnológico y comercial cada vez más denso— mientras cultiva a España como uno de los interlocutores más receptivos a China dentro de la UE. Las cuatro visitas de Sánchez a Pekín, más que las de cualquier otro líder europeo en el mismo período, han convertido a España en un aliado diplomático valioso para contrarrestar las corrientes europeas partidarias del desacople económico.
En las redes sociales chinas, donde el control fronterizo es un dogma de seguridad nacional, las imágenes de miles de personas cruzando a territorio español provocaron incredulidad. “¿Cómo es posible que crucen la frontera con tanta facilidad?”, fue una de las preguntas más repetidas en plataformas como Weibo. Esa reacción refleja la distancia entre la doctrina de soberanía territorial que practica el Partido Comunista y lo que Pekín percibe como una vulnerabilidad.
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