NEOCOLONIALISMO

Escándalo en Kauai: Zuckerberg usa sociedades fantasma para apropiarse de tierras indígenas

El fundador de Meta ha invertido una fortuna superior al presupuesto anual de todo el condado de Kauai para levantar un complejo autosuficiente, rodeado de secretismo, demandas legales y acusaciones de neocolonialismo.

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Zuckerberg bajo la lupa: uso de sociedades pantalla para intimidar a nativos hawaianos y construir su búnker apocalíptico

Desde 2014, Mark Zuckerberg comenzó a adquirir tierras en Kauai de forma discreta, pero lo que empezó como una compra inmobiliaria se ha transformado en un imperio personal que ya abarca más de 2.300 acres (unas 930 hectáreas).

Para ponerlo en perspectiva, el terreno es casi tres veces el tamaño del Central Park de Nueva York. La inversión total supera los 300 millones de dólares, una cifra que, irónicamente, es mayor que todo el presupuesto operativo del condado de Kauai para el año fiscal 2024.

Básicamente, el complejo vacacional de un solo hombre cuesta más que mantener funcionando todo un condado hawaiano durante un año entero.

Una compra tras otra: la expansión imparable

La billetera se abrió en 2014 con una compra inicial de 285 hectáreas por unos 100 millones de dólares. Pero la ambición no paró ahí. En 2021, sumó otros 242 hectáreas por 53 millones, seguidos de 44 hectáreas más por 17 millones. ¿Y a principios de este año? Otros 400 hectáreas se agregaron a la lista por alrededor de 65 millones.

La propiedad hoy se extiende desde los picos de las montañas hasta las playas de la costa norte de Kauai, cerca de Kilauea, engullendo todo a su paso: desde granjas de jengibre orgánico hasta hábitats críticos para especies en peligro de extinción.

«Títulos de propiedad silenciosos»: la maniobra legal

Acá es donde la historia se pone fea. En diciembre de 2016, compañías controladas por el magnate tecnológico presentaron ocho demandas de «título silencioso» (quiet title). El objetivo: cientos de nativos hawaianos, algunos vivos y otros ya fallecidos.

Estas demandas apuntaban a las tierras kuleana: pequeñas parcelas otorgadas a nativos en la década de 1850, pensadas para pasar de generación en generación a perpetuidad. Muchas familias ni siquiera sabían que tenían una participación fraccionada en esas tierras.

Zuckerberg intentó defender la movida alegando que quería pagar a los descendientes «que poseen 1/4% o 1% de una propiedad» y que «ni siquiera saben que tienen derecho a nada».

Sin embargo, la comunidad local lo vio con otros ojos. Kapua Sproat, profesora de derecho de la Universidad de Hawái, fue contundente en The Guardian, calificando a Zuckerberg como «la cara del neocolonialismo». Para los nativos (y para todo científico ambiental y persona racional con los conocimientos adquiridos y acumulados al día de hoy en el siglo XXI), explicó Sproat, la tierra no es una simple propiedad inmobiliaria, es un ancestro.

La reacción pública fue feroz y Zuckerberg retiró las demandas en 2017. Pero hubo un giro inesperado: Carlos Andrade, un profesor jubilado y con el respaldo de Zuckerberg, continuó el proceso de título silencioso contra más de 300 copropietarios.

En una subasta de 2019, Andrade ganó cuatro parcelas que sumaban 8900 metros cuadrados (aproximado) con ofertas que superaron los 2 millones de dólares. Los familiares sospecharon que Zuckerberg estaba financiando la operación detrás de escena. Recién en 2024, un fallo judicial anuló la propiedad de Andrade, aunque las batallas legales persisten.

El búnker y el misterio bajo tierra

¿Qué está construyendo realmente? El plan incluye dos mansiones que suman 57.000 pies cuadrados (unos 5.300 metros cuadrados), con 30 dormitorios y 30 baños.

Pero lo que llama la atención es lo que no se ve: un búnker subterráneo de alrededor de 500 metros cuadrados diseñado para ser autosuficiente, equipado con puertas resistentes a explosiones y una escotilla de escape.

Solo el costo de construcción ronda los 100 millones de dólares, aparte de lo gastado en los terrenos. Cientos de obreros trabajan en el complejo bajo estrictos acuerdos de confidencialidad (NDA), haciendo casi imposible que se filtre información.

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Tierra sagrada y acceso restringido

Parte de la finca de Zuckerberg se asienta sobre un sitio de entierro nativo hawaiano. Julian Ako, un residente local, tuvo que pasar meses negociando solo para poder visitar la tumba de su bisabuela. Funcionarios estatales advierten que existe una «alta probabilidad» de que haya más restos en las cercanías.

El equipo de Zuckerberg asegura que el sitio de entierro está «cercado y mantenido» y que los trabajadores tienen orden de reportar cualquier hallazgo de huesos. Sin embargo, dado que muchos han firmado acuerdos de confidencialidad, es poco probable que alguien hable incluso si encontraran algo.

La resistencia de la comunidad

Puali’i Rossi, profesora de estudios hawaianos en el Kauai Community College, expresó su preocupación a Wired: «Si nuestra isla tiene alguna esperanza de seguir siendo Hawái, este tipo de actividad tiene que parar. Eventualmente, Hawái ya no parecerá Hawái: va a ser una comunidad turística».

La preocupación no es infundada. Los datos son alarmantes:

37 individuos ultra ricos poseen ahora al menos 218.000 acres en todo Hawái, lo que representa el 5,3% de la tierra total del estado. Esa cantidad de tierra es mayor que toda la isla de Molokai, y está en manos de apenas el 0,003% de la población.

Muchos ocultan su propiedad a través de LLCs (sociedades de responsabilidad limitada) y fideicomisos, complicando el rastreo real de quién es dueño de qué.

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El muro de silencio de los NDA

Cualquier persona que pise el Rancho Koolau —desde equipos de construcción y electricistas hasta guardias de seguridad y paisajistas— firma un acuerdo de confidencialidad antes de entrar. Según reportes de SF Gate, algunos trabajadores han sido despedidos por compartir detalles del proyecto.

¿Qué tan estrictos son? Un ex empleado confesó a WIRED: «Es el club de la pelea. No hablamos del club de la pelea», agregando que si alguien publicaba algo sobre el proyecto, el equipo de Zuckerberg se enteraría casi de inmediato según Yahoo Finance.

Un ex contratista señaló a Robb Report: «Que un proyecto privado tenga un acuerdo de confidencialidad adjunto es muy raro». Pero en Koolau Ranch, es obligatorio. Para cada persona. Sin excepción.

¿Entonces?

Los portavoces de Zuckerberg insisten en que la finca se dedica a «ganadería, cultivo de jengibre orgánico, nuez de macadamia y cúrcuma, restauración de plantas nativas y protección de especies en peligro de extinción», y destacan que cancelaron los planes del dueño anterior de construir 80 casas de lujo.

Pero para muchos locales, eso es poco consuelo. El complejo simboliza cómo la riqueza de los multimillonarios reconfigura comunidades enteras, desplazando familias (el famoso proceso de gentrificación, denunciado por Bad Bunny en su último album que le valió llevarse el galardon mas grande de los grammys), restringiendo el acceso a tierras ancestrales y cambiando fundamentalmente la identidad de Hawái y a quién pertenece.

Un residente de Honolulu lo resumió con crudeza en internet: «Soy dueño de 80 metros cuadrados en Honolulu. Eso es todo lo que tengo, y es suficiente para mí. Pero no dejen que se lleven lo que queda».

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