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De la estanflación al estrangulamiento: empresarios y políticos alertan por el modelo de Milei

Los propios economistas y empresarios que antes lo apoyaban, ahora ponen en duda el equilibrio del modelo libertario de Milei.

Foto: Gobierno de Argentina
Foto: Gobierno de Argentina

La economía argentina transita un período de señales contradictorias. Mientras el gobierno de Javier Milei exhibe resultados concretos en materia fiscal —superávit primario sostenido y emisión monetaria cero para financiar al Tesoro—, la actividad productiva en sectores como la industria, el comercio y la construcción no muestra recuperación sostenida. Este escenario generó un debate que involucra a figuras del empresariado nacional y a economistas de distintas vertientes, todos observando el mismo fenómeno desde ángulos diferentes.

El empresario Jorge Brito, presidente de Genneia, encendió la discusión desde Luján de Cuyo, en la provincia de Mendoza, donde inauguró un parque solar con una inversión de US$ 160 millones. En ese marco, reconoció avances del Gobierno en disciplina fiscal y monetaria, a las que calificó de “satisfactoria”, pero añadió una advertencia puntual: “Hoy hay una suerte de estrangulamiento en la actividad privada”. La declaración tuvo repercusión inmediata en el circuito económico y fue publicada por Econojournal.

Brito no se detuvo ahí. Planteó que la atención oficial está depositada en mayor medida sobre el índice de inflación que sobre el pulso real de la economía. “Hay que mirar más de cerca lo que está pasando en la actividad privada y no tanto la inflación”, afirmó. Desde Mendoza, vinculó la expansión del crédito con la posibilidad de canalizar los dólares que los argentinos mantienen fuera del sistema financiero hacia nuevos proyectos en sectores como energía y minería.

El debate sobre estancamiento toma cuerpo con datos concretos

Los números que circulan en el mercado no contradicen la preocupación de Brito. El IPC de enero de 2026 marcó 2,9%, el registro más alto desde marzo de 2025. A esto se suma la desaceleración del EMAE —el estimador mensual de actividad económica— con caídas en octubre y noviembre de 2025. Las proyecciones oficiales y privadas apuntan a un crecimiento del 4% para 2026, aunque economistas señalan que esa cifra no incorpora de manera significativa a los sectores industriales en contracción.

En ese contexto, el exministro de Economía Carlos Melconian elevó el tono de la discusión. En febrero de 2026, afirmó que “está crujiendo todo por la estanflación” y que el programa económico “está perdiendo musculatura”. Su argumento central: para colapsar la inflación, el modelo termina colapsando el crecimiento. La afirmación resume una tensión estructural que varios analistas liberales, incluso aquellos cercanos al gobierno, comenzaron a señalar con mayor frecuencia.

La estanflación —combinación de estancamiento o recesión con inflación persistente— no es un concepto nuevo en la historia económica. Emergió como categoría analítica durante los años 70, cuando los shocks del petróleo pusieron en jaque a los modelos keynesianos en Estados Unidos y Europa. En aquellas economías, ni el estímulo de la demanda ni las políticas restrictivas lograban resolver simultáneamente los dos problemas. La curva de Phillips, que asume una relación inversa entre inflación y desempleo, dejó de funcionar como guía confiable.

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Cavallo describe el fenómeno como el más complejo de resolver

El exministro Domingo Cavallo fue más directo. El 20 de febrero de 2026 declaró: “Estamos en estanflación”, y la definió como “estancamiento con inflación” y “lo más difícil de resolver, incluso más que una hiperinflación”. La caracterización ubica al problema actual en un escalón de complejidad superior al de otros episodios críticos de la economía argentina, incluidos los que el propio Cavallo enfrentó durante su gestión en los años 90.

Para salir del atolladero, Cavallo propuso reformas estructurales concretas: declarar el dólar como moneda de curso legal y restablecer un esquema de convertibilidad. Ambas medidas apuntan a estabilizar las expectativas y cortar la inercia inflacionaria por la vía cambiaria. En publicaciones previas —en su blog en julio de 2023 y diciembre de 2025— ya había advertido que el dólar barato, las altas tasas de interés y las restricciones cambiarias generan apreciación del peso, neutralizan la desregulación y alimentan la inercia inflacionaria, empujando a la recesión sin reducir la inflación.

En enero de 2026, Cavallo también alertó sobre los efectos estanflacionarios transitorios que podría generar la eliminación del cepo cambiario, e instó a no “dormirse en los laureles” con el ajuste fiscal. Su posición jerarquizó la reducción del riesgo país por encima de las metas inflacionarias de corto plazo. Estas advertencias generaron rispideces con Milei, quien en el pasado elogió a Cavallo pero rechazó sus señalamientos sobre política cambiaria.

Los efectos sociales de la estanflación se acumulan silenciosamente

Más allá del diagnóstico técnico, los efectos de la combinación entre inflación y estancamiento se distribuyen de forma desigual en la sociedad. La erosión del poder adquisitivo impacta con mayor dureza en las clases medias y bajas, donde los precios suben más rápido que los ingresos. La pobreza y la brecha social se amplían en ese proceso.

La actividad productiva contraída implica menor demanda de empleo, cierres de empresas y una dinámica donde las políticas antiinflacionarias —como el aumento de tasas de interés— frenan aún más el crecimiento. Los sectores de industria y construcción aparecen como los más expuestos, con riesgos de daños permanentes en la capacidad productiva, fenómeno que los economistas denominan histeresis.

La inversión privada también sufre las consecuencias del escenario. La incertidumbre sobre el tipo de cambio, la inflación volátil y los costos de capital elevados desincentivan la radicación de proyectos a largo plazo. Brito, desde el sector energético, señaló precisamente que la expansión del crédito en dólares podría operar como un mecanismo de activación de recursos ociosos que hoy se mantienen fuera del sistema financiero formal.

El gobierno sostiene que el fenómeno es transitorio

La posición oficial y la de algunas consultoras privadas difiere del diagnóstico de Melconian y Cavallo. El Gobierno sostiene que el fenómeno estanflacionario es transitorio y responde a ajustes macroeconómicos como la desregulación y la recomposición de precios relativos. Las estimaciones oficiales apuntan a que la inflación mensual podría perforar el 2% a partir de abril de 2026, una vez absorbidos los aumentos estacionales en tarifas, educación e indumentaria.

Sin embargo, ocho meses consecutivos de incrementos en el índice de precios consolidan una inercia inflacionaria que no cede con la misma velocidad que los ajustes fiscales. La ausencia de emisión monetaria para financiar al Tesoro no se tradujo, hasta el momento, en una desaceleración proporcional del IPC. El debate entre causalidad monetaria y factores estructurales de la inflación argentina permanece abierto.

Analistas liberales cercanos al modelo coinciden en que el plan se “marchita” ante la combinación de alta inflación y recesión, y que el Gobierno no logró quebrar la estanflación que, según esa lectura, se consolidó desde 2012. La discusión no gira ya sobre si existe el fenómeno, sino sobre su magnitud, su duración y los instrumentos disponibles para revertirlo sin agravar alguna de las dos variables que lo componen.

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