Se pronostica que el fenómeno de La Niña llegue a Uruguay con impactos para el agro
La Niña favorece calor extremo y sequía en Uruguay. Para el verano 2025-2026, se pronostican temperaturas más altas y lluvias escasas, impactando al agro.

La Niña es un fenómeno climático caracterizado por un enfriamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial, impulsado por vientos alisios más intensos que desplazan las aguas cálidas hacia el oeste. Esto genera alteraciones en los patrones globales de precipitaciones y temperaturas, con impactos regionales y mundiales, como sequías o inundaciones en diferentes zonas del planeta. Es el opuesto de El Niño y forma parte de los ciclos de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS).
Sí, según pronósticos climáticos, hay una alta probabilidad de que La Niña se desarrolle y afecte a Uruguay durante el período 2025-2026. El Centro de Predicción Climática de la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE.UU.) estima una probabilidad del 54% para el trimestre diciembre 2025-febrero 2026, aunque modelos previos en septiembre indicaban hasta un 71% para el invierno boreal.
En Sudamérica, el fenómeno ya se ha manifestado en enero de 2025 y se espera que se prolongue hasta abril, con mayores efectos de sequía en el centro y sur del continente, incluyendo Uruguay. Expertos locales, como el meteorólogo Mario Bidegain, confirman que esta fase influirá en el clima uruguayo, exacerbando condiciones de sequía persistente observadas en años recientes.
¿Cómo impacta en Uruguay en la temperatura de enero La Niña?
En Uruguay, La Niña tiende a favorecer temperaturas más elevadas de lo normal durante el verano austral, particularmente en enero, junto con precipitaciones por debajo de los promedios históricos. Esto se debe a que el enfriamiento en el Pacífico altera los patrones de circulación atmosférica, reduciendo la nubosidad y las lluvias, lo que permite un mayor calentamiento superficial.
Para la primavera de 2025, se proyecta un aumento en las temperaturas y escasez de lluvias, impactando el sector agropecuario. En enero específicamente, el calor por encima de lo normal podría extenderse, aunque no afectaría de manera uniforme a todo el verano, según proyecciones del Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima (IRI). Estas condiciones ya se anticipan como un riesgo para la agricultura en los primeros meses de 2025, con sequías que podrían agravar la vulnerabilidad del país.
El Niño, el fenómeno opuesto
El Niño es uno de los fenómenos climáticos más influyentes y estudiados a nivel global, formando parte de un ciclo natural conocido como la Oscilación del Sur (ENOS, por sus siglas en inglés: El Niño-Southern Oscillation). Este evento se caracteriza por un calentamiento anómalo e inusual de las aguas superficiales en la porción central y oriental del océano Pacífico ecuatorial, lo que genera una cascada de alteraciones en los patrones atmosféricos y oceánicos a escala planetaria.
En condiciones normales, el Pacífico ecuatorial presenta un equilibrio dinámico entre los vientos alisios del este (que soplan de América hacia Asia) y las corrientes oceánicas. Estos vientos empujan las aguas cálidas superficiales hacia el oeste, acumulándolas en la región occidental del Pacífico (cerca de Indonesia y Australia), mientras que en la costa occidental de Sudamérica (como Perú y Ecuador) emergen aguas frías y ricas en nutrientes desde las profundidades oceánicas, un proceso llamado “upwelling”. Este contraste térmico mantiene un gradiente de temperaturas que impulsa la circulación atmosférica global.
El Niño ocurre cuando este equilibrio se rompe. Factores como variaciones en la presión atmosférica entre el Pacífico oriental y occidental (medidas por el índice de la Oscilación del Sur) debilitan o incluso invierten los vientos alisios. Como resultado, las aguas cálidas que estaban acumuladas en el oeste fluyen hacia el este, cubriendo las zonas de upwelling y elevando la temperatura superficial del mar en hasta 2-3°C por encima de lo normal en áreas como la costa peruana. Este calentamiento libera grandes cantidades de calor y humedad a la atmósfera, alterando la convección (el ascenso de aire caliente) y desplazando la Zona de Convergencia Intertropical (ZCIT), una banda de lluvias ecuatoriales, hacia el sur.
El fenómeno típicamente se inicia entre finales de la primavera y el verano boreal (mayo a noviembre), alcanza su pico en diciembre-febrero (de ahí el nombre “El Niño”, que significa “el niño” en español, en referencia al Niño Jesús y a la época navideña) y puede durar entre 9 y 12 meses, aunque en casos extremos se extiende hasta 18 meses. No es un evento aleatorio; se ve influido por ciclos naturales como la estratósfera-troposfera y por el cambio climático antropogénico, que podría intensificar su frecuencia e intensidad en el futuro.
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