Entrega de tierras del Parque Roosevelt para un golf range: “queremos quitar el estigma de que es un deporte de elite”
La Intendencia de Canelones cedió por 20 años un predio del parque público más grande del país a la Asociación Uruguaya de Golf. El proyecto promete popularizar el deporte, pero vecinos y organizaciones reclaman transparencia y alertan sobre un patrón de privatización de espacios públicos.

El 9 de marzo de 2026, la Intendencia de Canelones, encabezada por el frenteamplista Francisco Legnani, firmó un comodato con la Asociación Uruguaya de Golf (AUG) para ceder 4,2 hectáreas del Parque Roosevelt por un plazo de 20 años. El destino: un driving range, una instalación de entrenamiento donde los golfistas practican sus golpes sin necesidad de recorrer un campo de 18 hoyos.
El presidente de la AUG, el arquitecto Federico Armas, calificó el acuerdo como un “hito histórico” para el golf uruguayo. La firma tuvo escasa cobertura fuera de la prensa deportiva y, dos meses después, sumó el respaldo internacional de Mark Lawrie, director regional para Latinoamérica y el Caribe de The R&A —el organismo que junto a la USGA rige las normas del golf a nivel mundial—, quien recorrió el predio junto a la dirigente Carina Spera.
El comunicado de esa visita presentó la obra como “el primer driving range público del país”. Allí reside la tensión central del proceso: un terreno de un parque público, cedido en comodato exclusivo a una asociación civil privada por dos décadas, que se promociona como una infraestructura abierta a la comunidad.
Diez años de gestión, resueltos en silencio institucional
La idea del driving range no es nueva ya que, según el propio Armas, circulaba en la AUG desde hacía más de una década, ya bajo la presidencia de Claudio Billig. En 2024, el proyecto ya contaba con el visto bueno de la Junta Departamental de Canelones y de la Intendencia, y solo restaba definir la ubicación exacta del predio dentro del parque.
Lo que no tuvo, hasta donde pudo constatarse, fue ninguna instancia pública de consulta a los vecinos o usuarios habituales del parque, ni cobertura periodística por fuera de la sección deportiva al momento de concretarse la firma.
Un patrón que se repite en el mismo parque
El Parque Roosevelt —370 hectáreas administradas por la Intendencia de Canelones, el más grande del país— viene siendo objeto de sucesivas cesiones de fracciones a instituciones deportivas y privados.
La Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) negoció un comodato de más de 38.000 metros cuadrados por 20 años para un centro de desarrollo técnico, con contrapartidas explícitas: cerramientos no opacos, reforestación y mantenimiento de accesos.
Un club ecuestre también recibió instalaciones para un centro de recuperación de animales, que mantiene su predio abierto al público. Y una carpa privada de eventos —ya operativa, con un partido del Mundial 2026 proyectado y un show musical agendado para setiembre— generó la primera protesta vecinal documentada, por la tala de árboles y el ruido.
Frente a esa carpa se organizó la Comisión de Vecinos Parque Roosevelt para Todos, que sostiene que la intención de entregar cerca de un tercio del parque a privados está documentada por escrito desde que la Intendencia firmó un convenio con el Ministerio de Ganadería. La comisión recuerda que en 2011 ya hubo un llamado a interesados que incluía un campo de golf, un estadio de Peñarol, equitación y hasta un shopping —varias de esas iniciativas cayeron por presión vecinal.

“Público”, pero de acceso restringido a golfistas
El punto que amerita más preguntas es el modelo de acceso. Un driving range es, por definición, una instalación de entrenamiento de golf: una zona cerrada donde se practica el swing con pelotas de práctica, generalmente de acceso pago o condicionado a una membresía.
Que el comunicado de la visita de The R&A lo denomine “público” no aclara si ese carácter implica ingreso gratuito y sin restricciones para cualquier persona, o si —como suele ocurrir en este tipo de infraestructuras— el acceso estará mediado por una cuota, una reserva previa o la condición de federado.
Federico Armas, en diálogo con el portal Hoy Canelones, sostuvo que el driving range será un lugar público y que “solo se cobrará el canasto de pelotas”, que podría costar unos 200 pesos. Agregó que “cualquiera va a poder anotarse en una clase de iniciación”, que la asociación hará convenios con escuelas y liceos de la zona, y que “no a todos los gurises les gusta jugar al fútbol”.
“Como AUG, lo que queremos es popularizar el golf porque el golf tiene el estigma de que es un deporte de elite. Es verdad que hay mucha gente de poder adquisitivo que juega al golf, pero en otros países todo el mundo juega al golf”, sostuvo. “En esa búsqueda de popularizar el golf, queremos tener un lugar público para la práctica de golf y que vos no tengas que hacerte socio de un club para jugar. Cualquiera va a poder anotarse en una clase de iniciación y empezar a practicar, no tenés que ser socio de nada y solo tenés que pagar un canasto de pelotas, que pude costar unos doscientos pesos”, agregó.
Cuánto cuesta jugar al golf en Uruguay
Para empezar, no todo el mundo tiene palos de golf en su casa, así que, para iniciar, un principante debería hacerse de sus primeros palos. Uno de los primeros, según sitios web especializados en el deporte, uno de los primeros debería ser un driver, es el palo que usarás para los golpes de salida (tee) en los hoyos más largos, ya que está diseñado para lograr la máxima distancia. El precio de un driver en Mercado Libre varía desde los $8,000 hasta los $69,900.
Luego, otro que debe empezar en la bolsa de un amateur es un híbrido, que es una mezcla entre una madera y un hierro. Es ideal para principiantes porque es mucho más fácil de golpear que los hierros largos. Sus precios van desde los $5,800 hasta los $26,900, dependiendo de la marca y la calidad.
A eso hay que sumarle una bolsa para portar los palos, cuyos precios (por una de calidad decente) oscilan entre los $4,900 y los $7,400. Una docena de pelotas de golf anda por los $3,790, unos guantes empiezan por los $600, y un par de zapatos aptos para jugar pueden llegar a costar hasta $8,000, o bien, comprar un kit de tacos (para convertir cualquier calzado en apto para el campo) por unos $2,800.
De inicio, y partiendo de los valores más bajos encontrados como referencia, un principiante debe tener unos $21,000 disponibles para invertir en su primer kit básico de juego.

Compartí tu opinión con toda la comunidad