Tiene la palabra
Fasano: ¿es peligroso?
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Yo no deseo buscarme problemas con personas peligrosas como usted, intento juzgar su persona enteramente, ya que estoy seguro posee grandes virtudes y obviamente muchas más de las que yo pueda ver desde mi distante visión, pero parte de lo que puedo ver me es indignante. No puedo concebir, que profesando ser «declarante de la verdad», sus actos se vean absolutamente marcados por el mensaje político y la subjetividad. Digo se vean, porque reconozco que sólo puedo juzgar lo que veo y sé que lo que yo veo, no tiene por qué ser lo que otros ven. Puedo entender entonces que usted vea otras cosas, interprete la realidad en forma diferente que yo; pero no puedo entender que siendo poseedor de un «poder» como el que posee, lo utilice en forma desmedida para alentar sus ideales particulares o dicho de otra manera para declarar su verdad. ¿Sí, tiene el derecho de hacerlo? Constitucionalmente es obvio que sí. Ahora me pregunto: ¿tiene usted claro que no es nada objetivo? No digo con esto que su verdad sea mentira. Digo que ante el análisis objetivo de distintos hechos, es razonable pensar que habrá distintas reacciones; pero cuando los dichos y actos de una persona (en este caso usted) son previsibles de antemano están cantados es porque es evidente que responden a una firme posición subjetiva y no objetiva. Así como a un doctor ante un herido, se le reclama que utilice sus capacidades para curar gratuitamente, cosa que no se le exige a un ingeniero, arquitecto o plomero ante ninguna circunstancia (tengo que suponer que esta diferencia, que no considero justa, se debe a que en manos de un doctor está la posibilidad de salvar la vida), yo le reclamo a usted, sea consciente y responsable, ante el ejercicio del poder que hoy usted goza; y que seguramente se lo ha ganado con esfuerzo y dedicación. Mientras yo y otros podamos adivinar las noticias, actitudes e interpretaciones de su diario, supongo no será que seamos adivinos sino más bien que usted sigue sin el deseo de querer informar y con la convicción de decir su verdad; en cuyo caso se lo aceptaré como su lucha. Sólo le pido esto: Reconózcalo. Muchas gracias por su tiempo y en caso de estar yo equivocado, sepa disculparme y si es posible… convencerme de ello.
INTERNAUTA – [email protected]
De pantalones hablamos
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* El uso de pantalones no figura en la historia de las distintas vestimentas que los humanos han exhibido ni han prestigiado los hechos heroicos realizados por los mismos. Han cumplido la humilde función de cubrir desnudeces, abrigar las carnes expuestas, y en cierto modo, dar un toque de elegancia, dependiendo de quienes los llevan puestos.
Por algún hueco de las relaciones sociales, se han colado expresiones gestadas en la relación pantalones-hombres.
Es comúnmente admitido en cuanto a referencia social, decir: «Ponerse los pantalones una mujer, significa que gobierna a su marido». Ponerse los pantalones el marido, es opinión de los machistas cuando apalea a su mujer».
Llevar los pantalones bien puestos, además de elegante, es también una demostración de machismo. Me pregunto: ¿Es importante tal vestimenta? Por todo lo dicho, lo es y adquiere presencia de dignidad social cuando envuelve en su tela, moral y comportamiento de quienes los llevan.
Usualmente su condición de portable, permite desmontarlo ante necesidades ineludibles de funciones somáticas. Fuera de eso, es común dicción del pueblo: bajarse los pantalones es exhibir la vergüenza de realizar actos indignos, rebajando la moral de quien o quienes lo hacen.
En este caso, el acto asume una degradante y vergonzosa postura, que quizás no duela en la moral de quienes lo hacen, pero sí lastima la dignidad de la sociedad que integra. Si se «Bajan los pantalones» según el decir del pueblo, para obtener limosnas, que las rodillas ya dobladas no obtienen, se ha llegado a lo más hondo que la inmoralidad puede llegar.
Finalmente, los «Pantalones bajados» no para funciones somáticas sino como medio vergonzante para obtener favores, ha perdido sí dignidad de vestimenta protectora y elegante.
Es un mísero trapo que se arrastra por el suelo junto con su portador.
MASHIRA – CI 971.075-5
Carta abierta al presidente Batlle
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Ruego a usted la publicación de estas líneas dirigidas al Presidente y a los políticos.
Me llamo Alejandra Ferreira, tengo 32 años, vivo en Rosario (Colonia) y trabajo desde las tres de la tarde a las siete de la mañana. Gano $ 1.500 por mes, y sólo gracias a mis padres, mis dos hijos y yo no estamos muriéndonos de hambre.
Quiero decirles al Presidente y a los políticos que tengo mucha bronca; estoy harta, me tienen cansada. Ustedes, «señores», son mucho bla bla pero la acción no existe. Aumentan los precios, ponen impuestos, pero a mí no me consultan a pesar de ser ciudadana de este país. Manejan mi bolsillo, manejan mi vida como quieren. Me gustaría que alguno de ustedes viviera con lo que yo gano, y después me cuentan.
Ustedes no respetan la Constitución: hay niños que no tienen qué comer, ni con qué vestirse ni dónde vivir. Dejen de hablar estupideces y de hacerse los chistosos. Yo, como muchas mujeres, laburo como negra y no puedo subsistir. ¿Ustedes no tienen un poquito de vergüenza? No se crean los dueños del país porque los dueños son el pueblo. Ustedes me están robando sin vergüenza, están acabando con mi tierra, están acabando con nosotros, los verdaderos dueños de este país.
Me indigné mucho cuando sin consultarnos dijeron que Fidel Castro había ofendido al pueblo uruguayo, cuando éste sólo insultó al presidente Batlle. Yo, personalmente, me solidarizo con el pueblo y el gobierno cubanos. No tienen vergüenza, ¿cómo se atrevieron? El presidente Fidel Castro le dijo la verdad al presidente Batlle, quien sólo mira por sus propios intereses y le da la espalda al pueblo obedeciendo a los máximos terroristas del mundo, los estadounidenses.
No pertenezco a ningún partido; me pertenezco a mí y a mis hijos. Pero voy a defender esta tierra mía sea como sea. Sólo quiero que mis hijos puedan tener un futuro, trabajo y respeto. Sólo creo en Dios, y El va a hacer nuestra justicia para que dejen de robar mi dinero y mi dignidad y el dinero y la dignidad de todos los uruguayos.
ALEJANDRA FERREIRA – CI 2.807.802-9
La mafia cubana de Miami
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* LA REPUBLICA se identifica con mi forma de pensar, aunque muchas veces no coincida con algunos de los periodistas que allí escriben.
Pero hay algo que me ha llamado la atención en estos últimos días y es el caso referido a las relaciones diplomáticas con Cuba.
Creo que cada pueblo es libre de elegir a sus gobernantes. Llevo varios años viviendo en el sur de la Florida, USA, y conozco la llamada aquí «causa cubana». Hay varios aspectos muy interesantes en ella, y el primero que no me parece que lo tengan muy claro los que critican a los americanos, es que el pueblo americano no tiene ni tendrá ningún interés en Cuba: sólo ven que están perdiendo innumerables negocios con la isla, y por eso presionan al Congreso para que se levanten las medidas impuestas sobre la isla.
Todas las leyes de represión contra Cuba, las campañas realizadas en el exterior con presiones incluidas a
países como el nuestro, son creadas y llevadas adelante por los mismos cubanos residentes y ciudadanos americanos, haciendo lo que ellos llaman lobby en Washington, y aprovechando el poder económico logrado en esta zona.
Si analizamos las leyes como la Helms-Burton podemos apreciar que el ideólogo de la misma fue un líder cubano en el exilio, como todas las demás. De esto también se desprende que la mayoría cubana en la Florida está alineada con los republicanos. En estos momentos la presión es más fuerte, ya que ahora tienen el poder y lo están haciendo sentir más que nunca ya que el anterior gobierno demócrata rechazó sus presiones, con casos tales como Elián González, los vuelos a Cuba, ayuda en medicamentos, y sobre todo permitiendo que fueran misiones de agricultores acompañadas por gente del Congreso a ver cómo negociar y destrabar el comercio.
No es culpa del americano natural lo que ocurre con Cuba, la culpa es de los mismos cubanos que lograron ocupar cargos en el gobierno y están haciendo sentir su presión a los países que por la incompetencia de sus políticos nos endeudaron y hoy somos rehenes de esa deuda. La deuda nos condiciona y nos obliga a seguir lineamientos de aquellos que la manejan. Es así y lo será siempre mientras nuestro país no cambie la clase dirigente en todos los partidos y se unan en una causa común y de todos ellos salga un plan real a seguir que nos provea de prosperidad y continuidad en el crecimiento económico y social, que sea mantenido sea cual sea la bandera de turno.
No culpemos a quien no se debe. Los responsables de estas cosas y de lo sucedido no son ni más ni menos que los propios cubanos-americanos, no los yanquis. O mejor dicho, como los llama Fidel, «los gusanos o mafiosos». Recuerde, que este Estado le dio el gobierno al Partido Republicano, con una victoria viciada de nulidad.
JORGE – [email protected]
Del MRREE y la reducción de los gastos del Estado
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Cada día más frecuentes los discursos de los señores políticos sobre la necesidad de reducir el gasto público. Para colaborar en una tarea que parece obvia le envío al Señor Presidente de la República, al señor canciller, al señor ministro de Economía, así como al señor ministro de Defensa, algunas ideas –no novedosas por cierto– ya que a la vista de la mayoría de los ciudadanos ya deberían estar en práctica. En este caso me voy a referir a las partidas para los embajadores ya que son las más abultadas:
1. Reducción de los gastos de alquiler y eliminación de los gastos de funcionamiento de las residencias. ¿Para qué esas mansiones? Ellos no reciben empresarios del país en el que se encuentran, por el contrario como todo buen vendedor deberían visitarlos en sus empresas para ofrecer nuestros productos. Sí, 6-7 visitas diarias.
2. Reducción o su casi eliminación de los gastos del servicio doméstico. Cada embajador contrata 4 o 5 personas para su servicio y el de su familia.
3. Eliminación del coche oficial (su compra y sus gastos totales). Ellos tienen una exención para importar un coche destinado a la función. Dicho vehículo habitualmente lo guardan y lo venden como un negocio propio más, y utilizan para sus traslados y de su familia, el auto de la Embajada.
4. Achique los gastos de funcionamiento de las oficinas en el exterior. Que no le tiemble la mano señor ministro, recorte que los presupuestos están holgados.
5. Eliminación de los «Gastos de etiqueta». Vamos a decir la verdad para que se sepa: los señores embajadores rara vez conocen el idioma del país al que están destinados, ni siquiera lo hablan bien a su regreso después de 5 años de estadía. Los empresarios importadores no los reciben y mucho menos van a almorzar con ellos o a sus fiestas. La realidad es que dichos «Gastos de etiqueta» se van en reuniones entre diplomáticos sudamericanos, por supuesto no haciendo negocios, sino en frívolos momentos, recordando sus países de origen. Señor canciller, si no cree lo que le digo, pida una auditoría que le informe en qué se utilizaron los «Gastos de etiqueta», esto históricamente. ¡Se puede sorprender! Y más aún: cuáles fueron los resultados. Cualquier vendedor o gerente de una empresa –especialmente si es internacional– al liquidar sus gastos de representación, debe establecer el motivo de los mismos y los resultados obtenidos o esperados. Y se le hace un seguimiento. Aquí no se necesitan tratados sobre Derecho Internacional, sino manuales sobre ventas y gerencia, y ésta siempre es «por resultados».
6. Eliminación del estacionamiento de la calle Cuareim. Además de todos los beneficios que obtienen en el exterior al llegar acá los señores embajadores (funcionarios públicos) tienen derecho a que los ciudadanos les paguen un estacionamiento costosísimo que el Ministerio vuelca a la Intendencia. Me pregunto, usted vio en la actualidad empresas privadas que le den semejantes lujos a sus trabajadores, que además nuevamente no utilizan al coche que trajeron al finalizar su misión, sino que ya lo vendieron y como es su bolsillo, ahí no tienen pretensiones y usan algo modesto como cualquier particular. Sólo baje y mire.
7. Finalización de «La Beca». En cualquier empresa organizada se le entrega al funcionario –independientemente de su rango– un formulario para que describa las tareas que realiza diariamente y el tiempo que le insume cada una. Los señores embajadores –sin jefe en el exterior– se dedican a leer la prensa local e internacional, de ahí sacar material para efectuar un refrito, su secretaria lo traduce, se envía fax o e-mail a Cancillería donde rara vez es leída por alguien y fin del día laboral. ¡Qué paraíso! ¿No sería más barato para el Estado tener jóvenes profesionales investigando desde acá en Internet la información que a los empresarios uruguayos les importa para realizar sus exportaciones?
8. Ajustarnos el cinturón. Tendría más para proponer pero ya se está haciendo muy extenso. No voy a entrar en la discusión si los embajadores (así como los ministros, consejeros y secretarios, o por supuesto los agregados militares) son imprescindibles, pero sabe cuál es la realidad: todos necesitamos calefacción, tanto ellos que en su mayoría viven en Carrasco y Punta Carretas (gracias a los sueldos de 12, 15, 20 mil y más dólares, además de todos los gastos pagos en el exterior) como los más desprotegidos de los barrios marginales. Pero cuando no hay para calefacción o estufa, todos nos conformamos con una frazada más, y así está el país entero.
9. Cierre el ingreso a la Administración Pública: señor canciller, en su Ministerio (por concurso sí) ingresaron este año 9 nuevos funcionarios y tenemos diplomáticos «en la bolsa», es decir pagándoles el sueldo, ¡¡¡pero descansando en su casa!!!
10. Para ser positivo, una propuesta. Mantengamos a los cónsules, más aun con tanta gente deseosa de ser cónsul honorario, y lancemos vendedores internacionales, (usted me podrá decir que esa no es la función de un diplomático, pero eso es lo que el país necesita desesperadamente), esos que las empresas exportadoras exitosas tienen en su mayoría, sólo a comisión y dejemos a estos «Príncipes» para cuando el país sea rico.
Lamentablemente existen compromisos tanto como con los embajadores políticos, como con los de carrera (que también son designados políticamente) y hacen sus aportes económicos a las campañas electorales de sus respectivos caudillos.
Nota: ¿Cree que sin estos beneficios no conseguirá gente para salir? Haga un
llamado serio en la prensa y prepare a su gente para recibir cientos de currículums de alto nivel. Sí, de emprendedores, negociadores, que no tienen tiempo para almorzar, que su tiempo en el exterior es oro y tienen el «hambre» de traer a su empresa y su familia resultados, si no quedan afuera. De esos queremos. En la duda, consulte con las más prestigiosas selectoras de personal y con los propios exportadores.
«SIN BANDERA, DESDE ADENTRO Y BIEN INFORMADO»
LA REPUBLICA: periodismo veraz y apasionado
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Aquí en Cuba pude ver la reseña publicada por ustedes sobre la partida del embajador cubano, declarado persona no grata por el gobierno del presidente Batlle.
Llevo años en el periodismo y he visto tanto que nada me asombra ya, pero esta vez quedé muy gratamente sorprendido por la manera veraz y apasionada en que reportaron ustedes la manifestación de despedida al embajador cubano.
Tenemos demasiados ejemplos (en realidad son la mayoría) de periodismo y periodistas que, a fuerza de querer proyectar una imagen conveniente de analíticos y modernos muestran incapaces de dejar libre curso a la indignación cuando esta es necesaria.
Que prefieren ver las víctimas israelíes que provoca un suicida (cuyo acto en ningún caso justifico, aunque sí se explica desgraciadamente por la desesperación de todo un pueblo inerme ante una agresión militar a gran escala) antes que los cientos o probablemente miles de muertos palestinos que resultan del accionar de todo un gobierno al mando de un ejército que dispone de todos los medios modernos para matar y los utiliza fría e indiscriminadamente contra mujeres, niños y hombres armados, en el mejor de los casos, de algunos fusiles automáticos.
Sin hablar de la manera increíblemente fría y calculadora en que la mayoría de la prensa mundial (sobre todo los grandes medios) ha reflejado, y demasiado a menudo justificado, la guerra que la Casa Blanca desencadenó contra Afganistán después del 11 de setiembre.
Y solamente mencionó aquí los ejemplos más recientes.
Cuando acabamos de ver la manera realmente selectiva y abiertamente tergiversadora en que la célebre CNN (tan mencionada cuando se habla de inmediatez televisiva) difundió las imágenes de lo que sucedía en Venezuela, mientras estas iban en el sentido de lo deseado en Washington, y tapó más tarde sus lentes para no ver las manifestaciones populares que trajeron de regreso al Presidente constitucional de ese país hasta que este hizo de nuevo entrada en el Palacio presidencial, no puedo menos que felicitarlo por lo que persisto en llamar la difusión apasionada en el sentido de la pasión por lo justo, de la realidad sobre un hecho como la expulsión del embajador cubano y el sentimiento expresado por el pueblo uruguayo. Esperemos que otros (y esto, como usted bien lo sabe, no va solamente con la prensa de nuestro continente) se miren en ese espejo y, sintiéndose al fin avergonzados de la manera en que pisotean lo que debiera ser los principios de todo el que trabaja hoy con hechos que serán mañana parte de la Historia de los pueblos, se decidan a hacer un periodismo más veraz y comprometido con los sentimientos de la mayoría de la gente.
HUGO VIDAL – [email protected]
Contestando a Luna
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* El día martes 30 de abril por la noche, mientras veía el informativo de Canal 10, irrumpió la figura del señor Luna, que aprovechando la atención de los televidentes, injertó un «mensaje» en el cual decía cosas como éstas: «…Mientras que el sector privado tiene un porcentaje de desocupados que anda por el 15%, el sector público tiene cero». Los desocupados, señor Luna, no son del sector público o privado, son del país, y este porcentaje se instaló paralelamente con el achicamiento del Estado como empresa, y por lo tanto como fuente de ocupación, y en la medida que éste fue sustituido por las empresas privadas, las cuales siguen su consigna– «lo que les importa es la ganancia, las consecuencias sociales no le interesan, y además como la mayoría son subsidiarias de casas matrices que están en el extranjero, envían a éstas sus ganancias» y de esa forma pasa lo que está pasando y desgraciadamente va a seguir pasando. Esto ya lo había visto don José Batlle y Ordóñez, y dio una solución ¿por qué destruirla y volver todo para atrás?
Luego el señor Luna sigue, y con visible molestia habla de la inmovilidad de los empleados públicos.
En 40 años que trabajé en el BROU vi despedir a muchos funcionarios por delitos, con debido sumario y siguiendo la Constitución que condiciona la seguridad en el cargo, a que el funcionario no cometa en su desempeño, omisión o delito, y sólo por estas razones (no por no ser obsecuente, o tener tal o cual divisa o ideología), puede perder su cargo.
El señor Luna no desconoce esto, pero evidentemente duda su aplicabilidad.
Después agrega, parafraseando al Presidente, «hay uruguayos de primera, segunda y tercera». Esto me lleva a recordar lo que dice la Constitución de la República en el artículo Nº 8 «todas las personas son iguales ante la ley, no reconociéndose otra distinción entre ellas sino la de los talentos y virtudes».
Es obligación del Estado entonces, distinguir entre los ciudadanos, y así un funcionario que: a) Ingresó por legítimo y limpio concurso. b) Necesitó dos años para prepararse. c) Se desempeñó con honestidad, respeto y diligencia. d) Que realiza cursos de pefeccionamiento permanentemente. e) Da concurso para ascender.
¿Tiene que ganar lo mismo que el que: a) Ingresó por muñeca. b) Nada o poco sabe de lo que hace y también poco le interesa. c) Falta todo lo que puede. d) No le preocupa su perfeccionamiento. e) Es un voto comprado por políticos en su afán de llegar al poder. f) Etc. etc.
Si al señor Luna le parece que esto es justo, bueno, no tengo más nada que decir. Si el señor Luna se refería a las diferencias entre la legislación laboral que hay entre los empleados públicos y los privados, entonces lo que hay que mejorar son las condiciones de trabajo en las empresas privadas, no igualar a todos para bajo, desconociendo las conquistas laborales obtenidas.
Entonces, no hay tal inamovilidad, ni es bueno destruir la línea de don Pepe, ni tratar de negar las conquistas que hicieron los funcionarios públicos para poder trabajar con dignidad, seguridad y hacer bien las cosas. Con políticas negativas no se obtienen metas positivas.
ANIBAL NELSO ANGONA – CI: 2.825.884-5
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