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Los ingleses no inventaron el fútbol: los guaraníes y los mayas ya jugaban a la pelota hace siglos

Aunque los británicos se atribuyen haber inventado el fútbol, culturas precolombinas milenarias ya jugaban a la pelota con distintas variantes y reglas.

Foto con fines ilustrativos
Foto con fines ilustrativos

La historia oficial dice que el fútbol nació en Inglaterra en 1863, cuando la Football Association le puso reglas al juego. Pero mucho antes de que un balón rodara en suelo inglés, los guaraníes de la cuenca del Plata ya pateaban una pelota de goma en partidos con reglas propias, ganadores y perdedores.

Así lo sostiene el antropólogo y lingüista Bartomeu Meliá, uno de los mayores especialistas en cultura guaraní, quien no duda en la respuesta cuando se pregunta si merecen el título de inventores del deporte: «Yo creo que sí».

El dato incómodo para la historia contada desde Europa es este: cuando los jesuitas llegaron a la región a partir de 1609 y fundaron la primera reducción, San Ignacio Guazú, no le enseñaron nada nuevo a los guaraníes en materia de juego de pelota. Lo que hicieron fue documentar por escrito —en cartas, crónicas e informes a Roma— una práctica que ya encontraron instalada.

Según Meliá, esas costumbres no se inventaron en el siglo XVII: se remontan a usos anteriores a la «conquista», el proceso violento de sometimiento que la historiografía tradicional prefirió llamar con ese nombre neutralizador.

Lo que se sabe del manga ñembosarái

El padre jesuita José Cardiel dejó una de las descripciones más detalladas del juego, al que los guaraníes llamaban manga ñembosarái, o simplemente mangai. En sus escritos sobre las misiones del Paraguay, contó que después de la misa los guaraníes se juntaban a jugar a la pelota, «que es casi su único juego«, pero remarcó una diferencia clave con los españoles: no la tocaban con las manos.

Al sacar, la elevaban con el empeine del pie, y el rival debía devolverla del mismo modo. Tocarla con la mano era falta. La pelota, elástica, «salta mucho más» que cualquier otra que los europeos conocieran en ese momento, según el propio Cardiel.

Ese detalle no es menor. Mientras en Inglaterra el fútbol tardaría siglos en separarse del rugby y del uso indistinto de manos y pies, los guaraníes ya jugaban un juego donde el pie era la única herramienta permitida, con una pelota fabricada con resina de un árbol local —el mangaisí— procesada de forma muy similar al caucho, siglos antes de que Charles Goodyear patentara la vulcanización en Europa.

No todos los historiadores coinciden con la lectura de Meliá. Jorge Rubbiani, otro investigador que trabajó sobre estos documentos, es más cauteloso: sostiene que juegos de pelota con los pies aparecieron en distintas civilizaciones a lo largo de la historia, y que la particularidad guaraní no es tanto «haber inventado» el fútbol sino haberlo practicado con reglas propias mientras Europa todavía no lo conocía como deporte organizado.

Sea cual sea la lectura, el contraste incomoda a la versión que ubica a Inglaterra como origen único y excluyente del deporte más popular del planeta. Si el testimonio de los propios jesuitas —que no tenían ningún interés en engrandecer las costumbres indígenas que buscaban evangelizar— reconoce que los guaraníes ya dominaban un juego de pelota con los pies antes de que los europeos lo conocieran, la pregunta que propone Meliá deja de sonar descabellada: ¿por qué el fútbol lleva apellido inglés y no guaraní?

El juego maya que se golpeaba con la cadera: el otro fútbol precolombino

Mientras en la cuenca del Plata los guaraníes pateaban una pelota de goma con los pies, más al norte, en Mesoamérica, los pueblos mayas y otras culturas practicaban un juego de pelota completamente distinto llamado Pok-ta-pok: ahí la pelota no se tocaba con las manos ni con los pies, sino con las caderas.

El juego se conoce genéricamente como juego de pelota mesoamericano, y su versión más antigua se remonta a los olmecas, considerados los primeros en practicarlo. Su antigüedad alcanza al menos los últimos siglos antes de nuestra era, y el hallazgo de bolas de caucho en el sitio de El Manatí sugiere que esa sustancia ya era conocida desde entonces. Con el correr de los siglos se extendió y transformó entre distintas civilizaciones —mayas, toltecas, aztecas— hasta llegar prácticamente intacto a la época de la conquista española.

A diferencia del mangai guaraní, este no era simplemente un pasatiempo dominical. Para los pueblos mesoamericanos tenía un fuerte peso religioso: representaba el enfrentamiento cósmico entre la luz y la oscuridad, y se jugaba en canchas con forma de «I» mayúscula, flanqueadas por muros inclinados. El objetivo era golpear la pelota con las caderas o los antebrazos para lograr jugadas que el equipo rival no pudiera responder, en una puesta en escena que simbolizaba el triunfo del sol sobre las tinieblas.

Pok-ta-pok, el deporte practicado por los mayas
Pok-ta-pok, el deporte practicado por los mayas

 

La pelota, maciza y pesada —se estima que en su versión antigua llegaba a los cuatro kilos—, se fabricaba con hule, la savia del árbol del caucho, un material al que los pueblos mesoamericanos le atribuían un significado casi sagrado, vinculado simbólicamente con la sangre. En algunas variantes documentadas para el siglo XVI, los jugadores perdían puntos si la pelota rebotaba más de dos veces antes de devolverla, si salía del campo, o si fallaban al intentar pasarla por unos anillos de piedra ubicados en las paredes laterales de la cancha.

Cuando llegaron los españoles, el golpe fue doble: además del avance sobre los territorios, la conquista diezmó a la población mexicana de veinticinco millones de personas a apenas un millón en el lapso de un año, y los colonizadores terminaron prohibiendo el juego por considerarlo violento. Aun así, sobrevivió. Hoy se lo conoce como ulama y todavía se practica en algunas comunidades de Sinaloa y Nayarit, con una continuidad que pocos deportes en el mundo pueden reclamar: más de dos mil años de historia ininterrumpida.

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