La casa de Margarita Xingu en Punta Ballena será Monumento Histórico Nacional
De Cataluña a Punta Ballena: la historia del hogar que Margarita Xirgu encontró en el exilio uruguayo y que ahora gozará de protección especial del Estado.

Margarita Xirgu Subirá (Molins de Rey, 1888 – Montevideo, 1969) llegó a Uruguay como parte de un exilio que se prolongó más de tres décadas. Cuando en 1936 inició su cuarta gira por América, la actriz no podía imaginar que el estallido de la Guerra Civil Española y la posterior dictadura franquista la alejarían definitivamente de su tierra natal.
El desembarco definitivo en Montevideo tuvo un detonante político. Su compañía teatral estrenó El malentendido de Albert Camus en el Teatro Argentino de Buenos Aires, pero la obra fue prohibida por el gobierno de Juan Domingo Perón. Fue entonces cuando Justino Zavala Muniz, presidente de la Comisión de Teatros Municipales, la invitó a instalarse en Uruguay para liderar un ambicioso proyecto cultural: ser una de las directoras de la Comedia Nacional y fundar la Escuela Municipal de Arte Dramático (EMAD).
La institución que creó en 1950 y que hoy lleva su nombre formó a una generación de actores fundamentales para el teatro uruguayo, entre ellos Estela Medina, Estela Castro, China Zorrilla y Juan Jones. Su impronta pedagógica y su visión artística renovadora la convirtieron en una de las figuras fundacionales de la institucionalidad teatral del país.

Una casa a medida en Punta Ballena
La investigadora francesa Adeline Chainais, quien pasó una temporada en Uruguay siguiendo los pasos de Xirgu, explicó en una conferencia junto a Laura Pouso (actual directora de la EMAD) que la actriz ya desde principios de los años 50 buscaba en la costa lugares para descansar de su actividad habitual. «Sufría una enfermedad pulmonar, tenía solo un pulmón, y desde niña necesitaba temporadas para descansar fuera de la ciudad en un entorno natural», detalló Chainais.
Primero fue Parque del Plata y luego Punta Ballena el lugar elegido. En abril de 1957, antes de partir a una nueva gira teatral que la mantendría alejada de Uruguay varios meses, Xirgu encomendó la construcción de su casa al estudio de los arquitectos Guillermo Jones Odriozola y Francisco Villegas Berro. La vivienda se levantó en la emblemática urbanización diseñada por Antonio Bonet, en un terreno donde la actriz había pasado temporadas anteriores.
El diseño respondió exactamente a sus necesidades. Un hogar amplio con una estufa en el centro, un comedor que a pesar de la altura de sus techos lograba intimidad, enormes ventanas que permitían la entrada de luz, y un patio-terraza desde donde se veía el agua. La arquitecta Soledad Patiño, autora del libro El dibujo habitado, destaca que «la casa tiene un valor arquitectónico por sus cualidades formales, espaciales, materiales, por ser parte de una etapa muy prolífica de la arquitectura moderna de nuestro país muy reconocida internacionalmente. Y después porque era la casa de Margarita, con todo lo que eso implica».
Selva Ferreres, hija del paisajista Juan Ferreres que participó en la creación del parque de la casa, recuerda una anécdota significativa: «Una de las cosas maravillosas es que cuando ella volvió, dijo que el arquitecto había interpretado exactamente lo que ella quería». Ferreres agrega que la actriz «disfrutaba muchísimo la casa porque a cada hora del día tenía un lugarcito para estar de acuerdo al movimiento del sol».

El refugio de una comunidad de exiliados
Punta Ballena era entonces un espacio de encuentro para catalanes que huían de la España franquista y compartían historia, tradiciones y principios. La casa de Xirgu se convirtió en un centro de reunión para actores, poetas, artistas plásticos, dramaturgos, escritores y políticos, y siempre estuvo presente el recuerdo de Federico García Lorca, con quien la actriz había colaborado estrechamente.
En el epistolario de Xirgu quedan testimonios de ese arraigo. En una carta fechada el 13 de julio de 1952, dirigida a su amiga Alicia Rodríguez (esposa de Ángel Curotto, figura clave del teatro uruguayo), la actriz escribió desde el chalet Ul-De-Ter del médico catalán Juan Cuatrecasas, en el terreno vecino al que años después ocuparía su casa: «Alicia querida, su tierra sigue gustándome cada día más. Esto está más hermoso que en verano. El rinconcito de la solana para nosotros solos. (…) El bosque de las madreselvas, más precioso que nunca».
Otra carta, fechada el 7 de agosto de 1958 en Buenos Aires, la dirigió a Natalia Valenzuela: «Disfruto de mi jubilación en Uruguay. Estas gentes de aquí nos quieren. (…) Si conocieras nuestra casa de Punta Ballena te gustaría. La playa es grande, enorme, preciosa. El lugar es precioso con pinos, eucaliptus, madroños, castaños, encinas, álamos, naranjos; en fin, el señor Lussich que hace muchos años convirtió un arenal en un frondoso bosque tuvo muy buen gusto».

El reconocimiento patrimonial
En 2023, el investigador catalán Francesc Foguet i Boreu, biógrafo de Xirgu y compilador de su epistolario, visitó la casa para encontrar allí algunos trazos de la historia íntima de la artista. En diálogo con el diario El Observador, Foguet señaló que «hay una idea de Xirgu como una persona quizá un poco intransigente, muy metódica, muy exigente, pero después si empiezas a conocer gente que ha vivido con ella esa imagen se matiza. La persona que nos enseñó la casa era la hija de un vecino y le pregunté cómo era Xirgu con ellos: ‘Como si fuese una abuela'».
Esa vecina era Selva Ferreres, quien guarda recuerdos imborrables de su infancia en la casa de Xirgu: los fines de semana en el departamento de Montevideo cuando estudiaba pupila en la capital, y las veces que su hermana menor jugaba a disfrazarse con la ropa del placard de la actriz y actuaba para ella.
El año pasado, la Unión Vecinal de Punta Ballena (UVPB) en conjunto con el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos) de Uruguay remitió a la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación una nota recogiendo un planteo realizado por la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República una década atrás. La solicitud se impulsó cuando la casa salió a la venta, ante el riesgo de que el nuevo propietario la demoliera para construir algo diferente.
Gabriela Asuaga, presidenta de la unión vecinal, explicó: «La casa está ubicada en una zonificación comercial y con un terreno enorme corría riesgos, sin ningún tipo de protección, de que el que la comprara la tirara abajo e hiciera lo que quisiera». La declaración de Monumento Histórico Nacional representa, según Asuaga, un «doble reconocimiento»: a la obra de Jones Odriozola, representativa del período moderno de la arquitectura uruguaya, y a la última morada de Xirgu.
Sin embargo, hay una sensación agridulce entre los impulsores del reconocimiento. «No llegamos a tiempo», admiten, luego de que los vecinos advirtieran modificaciones en el diseño original de la casa previas a su declaración patrimonial.
La memoria que persiste
En 1968, un año antes de la muerte de Xirgu, la periodista María Esther Gilio se presentó en la casa de Punta Ballena tras recibir un escueto telegrama en el que la actriz rechazaba una entrevista. Gilio relató en su libro Protagonistas y sobrevivientes: «Tanteé el pestillo; la casa estaba abierta. Los que allí vivían no podían haber ido muy lejos. Volví a golpear y segura, por fin, de estar sola, comencé a recorrer con curiosidad minuciosa ese jardín del que sólo conocía la fachada. Los macizos de flores, los escalones de piedra, las enredaderas. Todo envolviendo la casa, enclaustrándola, protegiéndola de las arenas, que en ese lugar avanzan sin permiso, y de los ojos humanos, que en cualquier parte del mundo, buscan devorar a sus ídolos».
La casa de Punta Ballena fue el escenario de los últimos doce años de la vida de Xirgu. Desde que renunció a la dirección de la escuela hasta su muerte en Montevideo en 1969, ese hogar construido «a su medida» fue su refugio definitivo. Sus restos fueron posteriormente repatriados a su localidad natal, Molins de Rey, pero su espíritu permanece en cada rincón de esa casa que hoy, gracias a su declaración patrimonial, queda protegida para las futuras generaciones.
La actriz que desafió a Perón, que formó a generaciones de actores uruguayos y que mantuvo vivo el legado de Lorca en América, encontró en ese rincón de la costa uruguaya algo que el exilio le había arrebatado: un hogar. Y esa casa, testigo de su intimidad y de su legado, es ahora Monumento Histórico Nacional, asegurando que la memoria de Margarita Xirgu siga habitando entre pinos, eucaliptos y madreselvas, tal como ella lo deseó.
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