Delay social

El impacto del COVID en los jóvenes que viven en las fronteras del MERCOSUR

Estrés, encierro, dificultad para continuar en la virtualidad, sin conexión gratuita a internet por no asistir presencialmente a los lugares de estudio causó incremento en los gastos de cientos de hogares de adolescentes y jóvenes. La vida en las fronteras de Uruguay no fue igual para los que viven en Salto o Rivera.

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Por: Daniela Fassanello.

Si sos un joven que vive en la ciudad fronteriza con Santana do Livramento y te encontrabas estudiando antes del inicio de la pandemia, con un empleo formal, conexión a internet en los sitios públicos de estudio hoy ya no lo es más. Muchos dejaron sus estudios, o se les ha dificultado continuar por causa de la virtualidad debido a la falta de conexión en sus propios hogares a internet. La vida económica, social y educativa de dicha zona se vio afectada durante toda la pandemia, por ejemplo el cierre de free shop generó pérdida de empleos que no han sido recuperados hasta hoy.

En tanto, la situación de un joven en Salto fue vivida de forma diferente en el área laboral, la época de zafras de naranjas ayudó a que muchos no cayeran dentro de parámetros de vulnerabilidad. Un punto en común de ambos territorios fue el emocional, los jóvenes vivieran en Rivera o Salto se sintieron encerrados, estresados, sin ánimo de continuar en la virtualidad y sin libertad para ejercer sus tiempos de ocio al aire libre.

El efecto de la pandemia en la vida de los adolescentes y jóvenes vislumbra la baja inclusión que esta población tiene en la cobertura de salud.

Varios adolescentes y jóvenes de las ciudades fronterizas de Salto y Rivera participaron de una investigación sobre cómo impactó el período de pandemia en sus vidas. El objetivo del estudio fue iniciativa para comprender las distintas problemáticas y los desafíos que experimentan los jóvenes en los espacios fronterizos.

¿Cómo han enfrentado adolescentes y jóvenes el desajuste estructural de sus vidas cotidianas por la pandemia de COVID-19? o ¿de qué manera ha afectado su acceso a servicios de salud y educación? y ¿de qué forma se pueden observar los impactos en la salud mental? entre otras cuestiones.

Delay social

El Consultor de Juventudes y Fronteras del MERCOSUR, Fabricio Vázquez señaló que la investigación reveló, entre otras cosa que los proyectos personales de los jóvenes se han visto retrasados, “esos sueños, proyectos, ideas, sus actividades cotidianas, entraron en un proceso de letargo, suspensión, lo que podemos denominar como ‘delay social’ (demora social). Los jóvenes no pudieron desarrollar normalmente sus actividades durante el tiempo de la pandemia”.

Si hubo algo en que todos los países miembros del bloque, que tienen fronteras en común, estuvieron de acuerdo fue en restringir la movilidad de las personas y cerrar las fronteras.

Así fue como en lo que refiere a Uruguay en frontera con Brasil: Rivera – Santana do Livramento y con Argentina Concordia – Salto, las fronteras fueron cerradas pero de diferente forma. En lo que respecta al límite con Argentina, el puente fue cerrado y eso dejó sin comunicación a los ciudadanos de un lado y del otro generando diferentes desafíos en lo que respecta a la movilidad laboral y familiar, entre otros aspectos. En el caso de Rivera, la situación fue muy distinta, la frontera seca generó dificultades para llevar a cabo esa baja o nula circulación de ciudad a ciudad.

La investigación fue llevada a cabo por el Instituto Social del MERCOSUR y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y se analizó cómo los jóvenes y adolescentes han vivido la pandemia.

Alto porcentaje de mujeres entre 20-24 años que no estudian, ni cuentan con un trabajo remunerado.

El estudio revela aspectos en el área laboral, salud y educación y el acceso que ellos pudieron tener o no, a dichos servicios durante el tiempo.

Los jóvenes uruguayos que fueron entrevistados, tanto de Salto como los de Rivera, sintieron “una presión suplementaria a la vulnerabilidad laboral, a la fragilidad del sistema educativo, sobre todo en el nivel medio, a las situaciones de estrés y agobio” todo eso sumado al discurso de las autoridades nacionales, indica. Eso se debió a que “los jóvenes uruguayos eran percibidos, de forma tácita primero y luego explícita, como los principales vectores de contagios”.

Dificultades: conexión a internet y empleos precarios

De la investigación además se desprende que fueron los adolescentes los que más dificultades experimentaron al pasar a la virtualidad. Los entrevistados indicaron que más allá de las limitaciones tecnológicas, como por ejemplo disponer de una pantalla de tableta o celular extremadamente pequeña o las intermitencias de la señal de internet, los adolescentes demostraron “hastío y repulsa al encierro y a la continuidad de las actividades académicas virtuales”.

Entre los estudiantes universitarios que vivían solos y no disponían de servicios de internet en sus domicilios, se incrementaron los costos de conexión, a través de paquetes de datos del teléfono móvil, compartiendo la señal de internet a otros dispositivos cuando fuera necesario. Anteriormente, los jóvenes de ambas ciudades accedían al servicio de internet gratuito en las universidades. De esta forma, acceder a las clases virtuales y a otros recursos académicos supuso un costo extra en el cada vez más ajustado presupuesto de los estudiantes.

Mayor exposición de jóvenes fronterizos masculinos a formar parte de redes de contrabando y tráfico (marginalidad y violencia).

Los jóvenes salteños así como del resto del país vivieron la presión social generando constantemente denuncias de fiestas clandestinas y cualquier reunión de jóvenes fue vivida por estos como un “cuasi delito”. En efecto, el discurso oficial, trasladado a las familias, explicaba que eran los jóvenes los que contagian a los demás miembros de la familia, especialmente a los abuelos y demás adultos mayores en la casa.

Algunos entrevistados señalaron que la salud mental asociada al encierro y a la cancelación de la vida social de contacto físico generó mucho estrés y ataques de ansiedad en algunos jóvenes que, sin embargo, debían dar ánimo a sus familiares de mayor edad. En cierta forma, pareciera que la pandemia “adelantó la adultez” de varios jóvenes que fueron impulsados a experimentar nuevas responsabilidades y lidiar con nuevas presiones.

Al comparar la realidad de los jóvenes de la frontera Rivera-Santana do Livramento con los de Salto-Concordia se observa que la realidad económica afectó fuertemente a los riverenses, los que hoy se encuentran ante una profunda situación de vulnerabilidad efecto de los difíciles momentos de la pandemia y dificultades en el mercado interno. “La vulnerabilidad social de los jóvenes en estas ciudades es más pronunciada, al tratarse de regiones con menor desarrollo relativo y donde el nivel de formalidad en el empleo juvenil es muy bajo y, por lo tanto, bastante vulnerable”.

Fue así que muchos debieron buscar otras alternativas para la generación de ingresos, el cierre durante un mes de los shoppings en la ciudad de Rivera y de los principales atractivos comerciales del espacio fronterizo, impactaron también en Santana do Livramento, ya que los compradores brasileños hacían uso de otros servicios en esta ciudad y, por lo tanto, generaban cierto dinamismo. Los jóvenes que trabajaban en el sector formal y que vieron disminuidos sus ingresos por un recorte de la cantidad de horas trabajadas, se vieron obligados a modificar su estructura de independencia del hogar, esto es, buscar departamentos más baratos y casi siempre más alejados del centro, o volver al hogar de los padres u otros familiares, donde realizaban actividades de cuidados, lo que resultaba en una menor disponibilidad de tiempo para explorar opciones de autoempleo.

La mayoría de los jóvenes debió buscar empleos precarios en término de garantías de derechos o directamente informales.

Al igual que en las otras ciudades, los jóvenes que trabajaban en el sector informal identificaron otros nichos como la venta de alimentos y, sobre todo, los que disponían de automóviles propios se insertaron, mediante la plataforma Uber, al empleo flexible.

El levantamiento de las restricciones de llegada de buses a esta ciudad para la reactivación económica, así como la reapertura de los free shops de Rivera, no fueron lo suficientemente intensos como para retomar los ritmos comerciales anteriores. Los empleos perdidos y disminuidos no se recuperaron, concluyó en ese aspecto la investigación.

¿Cómo es crecer en la frontera?

La investigación se encuadra en la serie de estudios sobre adolescencia, juventudes y fronteras en el MERCOSUR impulsados por el Instituto Social del MERCOSUR (ISM) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA). Ambas instituciones implementan el proyecto Juventudes y Fronteras en el MERCOSUR: ¿Cómo es crecer en la frontera?

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