Brasil propone abrir el espacio aéreo del Mercosur: lo que cambiaría para los viajeros de la región
Brasil impulsa una zona de libre vuelo en el Mercosur que trataría las rutas regionales como vuelos domésticos.

El gobierno de Brasil reveló el 2 de junio de 2026 una propuesta para crear una zona de libre vuelo entre los países del Mercosur y sus asociados. Si prospera, una aerolínea chilena podría operar rutas domésticas en Brasil, y una brasileña hacer lo mismo en Argentina o Uruguay. Los vuelos regionales serían tratados fiscalmente como vuelos internos, lo que reduciría de forma directa el costo de los pasajes.
La iniciativa fue presentada por Tomé Franca, ministro de Puertos y Aeropuertos de Brasil, en una entrevista con la radio estatal brasileña. Franca precisó que el plan está «en discusión» con Argentina, Paraguay y Uruguay, y que incluye también a países asociados al bloque como Chile y Perú.
Un cambio de paradigma en la aviación sudamericana
Lo que Brasil plantea no es un ajuste menor de tarifas. Es una ruptura con el modelo vigente desde los acuerdos de Chicago de 1944, que reserva el cabotaje —los vuelos domésticos— exclusivamente a aerolíneas nacionales.
En la terminología técnica de la aviación, la propuesta involucra la llamada octava libertad del aire: el derecho a transportar pasajeros entre dos puntos dentro de un país extranjero, como extensión de una ruta internacional. Es uno de los derechos más restrictivos del sector y, hasta ahora, su aplicación a escala regional en América del Sur no tenía precedentes.
El modelo que Brasil toma como referencia es el Cielo Único Europeo, donde aerolíneas como Ryanair o EasyJet operan rutas entre países distintos al de su matrícula con total libertad comercial y regulatoria.
Qué implicaría en la práctica
Si el acuerdo se concreta, las aerolíneas de los países participantes podrían competir en rutas que hoy son monopolio de operadores nacionales. Más oferta en rutas como Buenos Aires-Montevideo, Santiago-Lima o São Paulo-Asunción significaría más competencia y, en consecuencia, precios más bajos.
El impacto fiscal es igualmente relevante. Los vuelos internacionales cargan tasas e impuestos significativamente más altos que los domésticos. Al reclasificar las rutas regionales del Mercosur como vuelos «internos» del bloque, ese diferencial desaparece, y el ahorro se traslada al precio del billete.
Franca señaló también que el plan contempla facilitar la llegada de aerolíneas de bajo coste a Brasil, «un modelo ampliamente adoptado en Europa» y que Chile ya implementó con dos operadoras propias que vuelan rutas en Argentina y Uruguay.
Los obstáculos concretos que enfrenta
La propuesta no tiene camino libre. Brasil necesita modificar su legislación interna, que actualmente reserva las operaciones domésticas a aerolíneas nacionales. La Cámara de Diputados ya aprobó una apertura parcial limitada a la región amazónica, pero la implementación completa del esquema regional requiere la aprobación del Congreso Nacional.
A eso se suma la negociación multilateral: cada país del bloque deberá adaptar su marco regulatorio y aceptar la reciprocidad, es decir, que aerolíneas extranjeras también puedan operar en su propio mercado doméstico.
El horizonte que maneja el gobierno de Lula para la firma del acuerdo es septiembre de 2026.
La infraestructura que acompaña la apertura
Brasil no está apostando solo a un cambio regulatorio. El programa Ampliar, presentado en paralelo por el Ministerio de Puertos y Aeropuertos, transfiere la administración de terminales a empresas privadas mediante subastas, con el objetivo de atraer inversión en infraestructura aeroportuaria.
Según Franca, en la primera etapa ya se incorporaron 13 aeropuertos ubicados en las regiones noreste y norte del país, priorizando la conectividad hacia el Caribe y las Américas. A la fecha, 72 terminales de pasajeros han sido subastadas, seis negociaciones están en curso y el gobierno prevé incorporar diez más antes de que termine el año.
El plan incluye también la reducción de impuestos vinculados a la aviación y la autorización para que aeropuertos privados reciban vuelos comerciales regulares, dos medidas que apuntan directamente a abaratar los costos operativos.
El contexto que le da peso político a la iniciativa
La propuesta no surge en el vacío. Llega semanas después de que el acuerdo UE-Mercosur entrara en vigor el 1.° de mayo de 2026, conformando el mayor mercado del mundo por número de consumidores, con más de 700 millones de personas. En ese marco, la liberalización del espacio aéreo regional es, más que una política sectorial, una condición de coherencia: la integración comercial pierde eficacia si el transporte de personas sigue siendo caro, burocrático y fragmentado.
Para Uruguay, el impacto potencial es significativo. La reclasificación de rutas como Montevideo-Buenos Aires o Montevideo-Porto Alegre como vuelos de cabotaje regional reduciría de forma directa los costos que hoy encarecen esas conexiones. Y la posibilidad de que aerolíneas extranjeras compitan en el mercado doméstico introduciría por primera vez competencia real en un segmento que hoy opera con oferta muy limitada.
La propuesta aún debe atravesar legislaturas, negociaciones y resistencias sectoriales. Pero el hecho de que Brasil la haya revelado públicamente y que los demás socios del bloque estén en la mesa marca un punto de inflexión en la historia de la aviación sudamericana.
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