Día Mundial del Cerebro: cómo el invierno impacta la salud cognitiva y qué hacer
Día Mundial del Cerebro: cómo puede afectar el invierno a la salud cerebral y cómo prevenirlo.
El cerebro envejece; la población vive más y los desafíos aumentan
La Organización Mundial de la Salud (OMS) registra que en varios países la esperanza de vida supera ya los 75 años, un alza de aproximadamente 25 años respecto de mediados del siglo XX. Ese cambio demográfico elevó a la enfermedad de Alzheimer y a otros trastornos neurocognitivos al primer plano de los problemas de salud pública.
Según la OMS, se detectan 10 millones de nuevos casos de trastornos neurocognitivos cada año y se proyecta que para 2050 la cifra global supere los 150 millones, con un crecimiento más acelerado en América Latina y el Caribe que en Europa o Norteamérica.
En Uruguay, aproximadamente 50.000 personas padecen algún tipo de demencia, representando alrededor del 1,4% de la población total. Específicamente, entre el 5% y el 8% de los adultos mayores de 60 años sufren demencia, siendo el Alzheimer la causa más común. Esta cifra aumenta de forma exponencial a partir de los 65 años.
El 22 de julio, la Federación Mundial de Neurología y la prevención
Cada 22 de julio la World Federation of Neurology (WFN) conmemora el Día Mundial del Cerebro para promover la conciencia sobre la salud cerebral, fomentar hábitos preventivos y difundir la importancia de la detección temprana de enfermedades neurológicas.
Por qué el invierno empeora riesgos y qué medidas adoptar
Los meses fríos tienden a reducir la vida social, la exposición a la luz solar y la movilidad física, factores que impactan negativamente en el cerebro. La falta de sueño, una dieta deficiente, la inactividad y el estrés crónico contribuyen también al deterioro cognitivo.
La Comisión Lancet sobre prevención y cuidado de la demencia identificó 14 factores de riesgo a lo largo de la vida: aislamiento social; inactividad física; hipoacusia no tratada; hipertensión; tabaquismo; obesidad; depresión; diabetes; consumo excesivo de alcohol; traumatismos encéfalocraneanos; contaminación ambiental; bajo nivel educativo; colesterol elevado; y pérdida de visión no corregida. El informe subraya que actuar sobre ese conjunto de factores podría prevenir hasta un 45% de los casos a nivel mundial.
Recomendaciones prácticas para proteger la salud cerebral en invierno
- Mantener los vínculos sociales: sostener la red afectiva mediante llamadas, videollamadas o mensajes si salir se torna difícil.
- Preservar la actividad física: realizar rutinas domésticas —caminatas cortas dentro del hogar, estiramientos o ejercicios livianos de fuerza— para evitar la inactividad.
- Estimular la mente: leer, resolver juegos de memoria o realizar manualidades que exigAN atención y planificación.
- Respetar el sueño: cuidar las rutinas de descanso, que suelen alterarse con la menor exposición a luz natural.
- Control cardiovascular: monitorear presión arterial, colesterol y glucemia con regularidad.
- Cuidar la salud sensorial: tratar pérdidas auditivas (uso de audífonos) y problemas visuales.
Evitar tabaco y moderar alcohol
Vigilar el estado de ánimo: buscar atención profesional ante tristeza o desinterés prolongados, ya que la depresión no tratada es un factor de riesgo directo.
Buscar la luz natural: aprovechar momentos de buen tiempo para salir brevemente al aire libre y exponerse a la luz solar.
Ajedrez: un ejercicio cognitivo con respaldo científico
El ajedrez, más que un pasatiempo, funciona como herramienta para mejorar el rendimiento cognitivo y el bienestar emocional. Estudios en revistas como Geriatric Nursing muestran que la práctica regular de ajedrez ayuda a mantener un estado cognitivo saludable en adultos mayores; tras 12 semanas de entrenamiento, participantes evidenciaron mejor atención y mayor velocidad de procesamiento.
Investigaciones en Frontiers in Psychology indican que el ajedrez activa áreas cerebrales vinculadas a la planificación y a la ejecución de acciones complejas, y que los jugadores tienden a rendir mejor en pruebas de memoria visual y habilidades visuoespaciales. Además, la práctica contribuye a la interacción social y se asoció con menor presencia de síntomas depresivos. En población escolar, jugar al ajedrez se relacionó con mejoras en rendimiento matemático cuando la práctica acumulada alcanza unas 25–30 horas al año lectivo.
Otros juegos y actividades con evidencia de beneficio cognitivo
- Crucigramas y sopas de letras: mejoran la agilidad verbal y la recuperación léxica.
- Sudoku y rompecabezas numéricos: favorecen la atención, el razonamiento lógico y la capacidad de resolución de problemas.
- Juegos de cartas y bridge: estimulan memoria, concentración y habilidades sociales; estudios asocian su práctica con menor declive cognitivo en mayores.
- Instrumentos musicales y canto: tocar un instrumento o cantar exige coordinación motora, memoria y procesamiento auditivo, y se vincula a mejoras en funciones executivas.
Videojuegos dirigidos y juegos de entrenamiento cognitivo científicamente validados:
Algunos videojuegos de acción mejoran atención y velocidad de procesamiento; los programas específicamente diseñados muestran efectos modestos y específicos en funciones entrenadas.
Aprendizaje de idiomas y nuevas habilidades: el aprendizaje continuo, como dominar un idioma o una habilidad técnica, aumenta la reserva cognitiva y reduce el riesgo de deterioro.
Todas estas actividades potencian la estimulación cognitiva y la interacción social, dos pilares para reducir riesgos asociados al envejecimiento cerebral.
Ante el envejecimiento poblacional y el incremento proyectado de trastornos neurocognitivos, la prevención y el cuidado cotidiano cobran centralidad. Mantener relaciones sociales, actividad física y mental, controles médicos y atención a la salud sensorial son medidas concretas que, especialmente en invierno, pueden marcar la diferencia en la preservación de la salud cerebral.
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