Designaciones en el servicio exterior sin carrera diplomática ni concurso
DANIEL MARTINEZ SOTO
Ahora bien, ¿es posible para un compatriota aparentemente como cualquier otro, entrar a Estados Unidos, con documentos que habiliten a trabajar en cualquier cosa, sin miedo a los agentes de Migraciones, sin contrato ni parientes estadounidenses, e incluso, contando con un subsidio del Estado uruguayo?
La respuesta de la Cancillería debería ser: sí, es posible.
Así lo demuestra el hijo del ex embajador de la Lista 15 Gustavo Magariños, que acaba de ser nombrado Agregado civil especial en Washington.
Gustavo Magariños Pagani, carente de carrera diplomática, concurso o mérito alguno en nuestro servicio exterior, fue nombrado por Batlle y Opertti para un cargo que solamente Uruguay mantiene, en tanto a nivel mundial la «agregatura civil especial» dejó de existir por anticuada.
El hijo del embajador Magariños –que curiosamente no dio el concurso del que tanto habla Opertti– dispondrá ahora de pasaporte diplomático para pasar (no sólo él, sino lo que quiera) impunemente por cualquier aduana. Tendrá también franquicias para importar bienes con los que equipar su casa, además de un auto de lujo, bebidas y cigarrillos.
Aun más, Gustavo Magariños Pagani percibirá «una remuneración mensual equivalente al noventa por ciento (90%) del sueldo que corresponda a un secretario de tercera en el mismo destino», acorde al decreto firmado en 1996 por Sanguinetti, para retribuir el cargo Agregado Civil Especial.
Actualmente la cifra ronda los 4.500 dólares mensuales, en tanto el destino es Washington. Incluye la ventaja de que Magariños Pagani no pagará el 20% de Impuesto a las Retribuciones Personales: el IRP grava a los funcionarios de carrera, no a los «políticos». Magariños Pagani cobrará así más, incluso, que diplomáticos egresados en la Universidad de la República con igual destino.
El placer de cobrar por nada
¿Qué hará y por qué cobrará Magariños Pagani en Estados Unidos?
La respuesta es: nada. Aunque interesante sería la respuesta del señor canciller, a cuya palabra sobre el asunto fue imposible acceder.
Es que los agregados civiles especiales, que cuestan a Uruguay medio millón de dólares al año, más gastos, y valija diplomática, continúan siendo la forma de pago por servicios políticos.
Los reclamos gremiales de la Asociación de Funcionarios del Servicio Exterior Uruguayo (Afuseu), para cesar esta forma de «clientelismo», continúan sin respuesta. Suprimir la categoría de «agregados» constituye la primera sugerencia en la lista presentada por Afuseu a la Cancillería, con miras a la reducción del gasto en el Ministerio de Relaciones Exteriores. A nivel oficial la respuesta es el silencio.
Es que sin duda argumentar en favor de los «agregados civiles especiales» va contra todos los principios diplomáticos modernos.
A título de ejemplo, de todas las representaciones extranjeras en Uruguay, solamente Bolivia tiene un agregado civil especial.
La Convención de Viena de 1961, que regula las relaciones diplomáticas entre estados, acepta incluso que los países no acepten agregados de determinada categoría (como los civiles especiales), en tanto éstos no existen en la diplomacia moderna.
En Uruguay, el doctor Héctor Gros Espiell abogaba, siendo canciller en el gobierno de Luis Alberto Lacalle, por eliminar «el instituto de los agregados a las misiones, que pudo ser útil en otras épocas, pero ha perdido parte de su interés en la medida que la tecnificación del servicio exterior y la capacitación actual de su personal permite que los funcionarios de carrera desempeñen con éxito todas las posibles funciones de una misión». Gros hacía hincapié en la necesidad de que los agregados civiles fueran «sólo para situaciones excepcionales y en carácter honorario».
Actualmente «honorario» no es ninguno.
¿Qué deberá hacer concretamente el novel agregado civil especial Gustavo Magariños Pagani para ganarse el sueldo? Nada.
Parece más fácil definir qué hace un «agregado aeronáutico», un «agregado de prensa», o hasta un «agregado cultural». Específicamente los «agregados civiles especiales» fueron concebidos a comienzos de los años 60, cuando Uruguay tenía sólo dos embajadores de carrera. Entonces los «agregados civiles especiales», generalmente residentes en el lugar de la misión, actuaban y cobraban en una suerte de asesoramiento al embajador.
El decreto presidencial que reconoció el instituto (Sanguinetti, 7 de mayo/1996) detalla que estos agregados deben ser «ciudadanos de reconocidas aptitudes en el sector de actividades sobre el cual verse la designación».
Exactamente, como Gustavo Magariños Pagani.
Este favor a su papá no debería entorpecer la creatividad o aptitudes del novel «político-diplomático» sin concurso. El último antecedente de esta agregatura, en el Consulado de Buenos Aires desde enero de este año, corresponde al conductor de «Cerno Oriental», programa que se irradia en la emisora «El Sol de Lanús». Schubert Flores Vasella, sin embargo, no recurrió a su papá.
Por sí mismo hizo méritos y ahora opera en el registro consular de los uruguayos en Argentina, en condiciones de votar en las próximas elecciones: 150.000 nada despreciables votos que el operador de Luis Alberto Lacalle espera captar para su líder.
No sos el único, Gustavo
Gustavo Magariños Pagani es la última perla de un collar con más cuentas que razones.
Otros agregados civiles especiales, a cuyos sueldos, gastos y valijas diplomáticas todos colaboramos, son, por ejemplo: Laura Galarza, agregada civil especial ante El Vaticano; hija del general Galarza.
Waldemar Tarigo tiene igual cargo ante el gobierno de Gran Bretaña.
Samuel Hendel hace lo propio en Israel. Sylvia Irrazábal, en Italia. Danubio Torres, en México.
Curiosamente todos quienes ostentan estos cargos, cuyas actividades concretas en beneficio del país se desconocen, deberían haber abandonado ya sus puestos y salarios. Pero el beneficio de la prórroga parece querer contemplarlos siempre.
Galarza, designada en 1998, debió abandonar el cargo el año pasado: se le prorrogó hasta el 2003. Tarigo y Torres, con cargo desde 1996, debieron haberse ido en 1999: sus prórrogas vencerán el 13 de agosto próximo. Hendel, designado en 1999, caducará su nombramiento el 13 de diciembre. Irrazábal, nombrada en 2000, tiene vencimiento decretado al 28 de febrero de 2003.
Cabe consignar finalmente que si bien todos estos funcionarios cobran, su existencia es absolutamente perimida a nivel de la misma Universidad de la República. La Cátedra de Derecho Consular, materia de Derecho Internacional Público de curso obligatorio, considera perimido el cargo y la función a nivel mundial.
La otra designación
Aun más reciente –el lunes pasado–, la Cancillería designó «agregado especial» en Buenos Aires a Enrique Estrázulas. El escritor y periodista fue el último embajador uruguayo ante el gobierno de Cuba, previo a la ruptura de relaciones diplomáticas.
El autor de «Pepe Corvina», «Fueye» y una veintena de libros había sido anteriormente agregado cultural en las embajadas de Roma, París y Buenos Aires. *
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