Debate en el Senado: por qué el FA prefiere tratar el antisemitismo en Derechos Humanos y no en una comisión
La votación en el Senado reabrió un debate que cruza historia, política exterior y definiciones jurídicas. “El primer enemigo del pueblo judío está siendo su presidente, Netanyahu”, dijo un senador frenteamplista.

La Cámara de Senadores de Uruguay debatió este martes la creación de una comisión parlamentaria específica para el seguimiento, la prevención y la denuncia del antisemitismo. La propuesta, impulsada por legisladores del Partido Nacional y el Partido Colorado, fue rechazada: obtuvo 11 votos a favor en un plenario de 29 senadores presentes. El Frente Amplio, que concentra la mayoría, votó en contra.
El senador nacionalista Javier García encabezó la defensa de la iniciativa y fundamentó su necesidad con datos concretos. Según su exposición, entre noviembre de 2023 y marzo de 2026 se registraron al menos 23 episodios de antisemitismo en el país, entre ellos «actos de violencia contra niños y jóvenes de la colectividad judía, escraches en puertas de colegios» y «amenazas de decapitación a un adolescente de la comunidad judía».
García señaló también la suspensión del acuerdo entre la Agencia Nacional de Investigación e Innovación y la Universidad Hebrea de Jerusalén, y lo que describió como cancelaciones académicas en la Universidad de la República.
Organismos como el Comité Central Israelita del Uruguay y la Asociación Jaime Zhitlovsky han presentado registros de denuncias ante la Comisión de Seguridad Pública y Convivencia del Senado. La Institución Nacional de Derechos Humanos también advirtió sobre un incremento sostenido en las expresiones discriminatorias, según documentación presentada durante un congreso legislativo organizado en abril de 2026 por el Combat Antisemitism Movement, al que asistieron los propios García y la senadora Graciela Bianchi.
El FA expuso sus razones
El argumento del oficialismo para rechazar la propuesta fue conceptual antes que político. El senador frenteamplista Óscar Andrade sostuvo que la discriminación «tiene que ser necesariamente integral» y que «el antisemitismo es una forma de amenaza a los derechos humanos«, pero que abordarla en un organismo específico fragmenta la respuesta institucional. Propuso, en cambio, que el tema se trate en la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento, que ya existe y funciona.
Andrade incorporó al debate una referencia histórica que generó tensión: recordó que el Frente Amplio «sufrió como nadie el antisemitismo» durante la última dictadura cívico-militar, cuando, según sus palabras, había militares que se ensañaban específicamente con los presos políticos de origen judío.
La discusión también se cruzó con el conflicto en Gaza. El senador Gustavo González, también del Frente Amplio, señaló que «el primer enemigo del pueblo judío está siendo su presidente, Netanyahu«, y cuestionó que quienes evitan calificar lo ocurrido en Palestina como genocidio impulsen ahora una comisión de este tipo. González fue más lejos al afirmar que la propuesta «no salió de la cabeza de un solidario con el pueblo judío», sino que «está armada internacionalmente», y trazó un paralelo con iniciativas similares impulsadas en España por Vox y en Italia por Fratelli d’Italia, el partido de la primera ministra Giorgia Meloni.
Esa equiparación fue rechazada por la oposición. El senador colorado Andrés Ojeda sostuvo que «no es legítimo usar la crítica a un gobierno como excusa para justificar el odio contra una comunidad entera». Propuso además que Uruguay apruebe por ley un listado de organizaciones terroristas que incluya a Hamas y Hezbolá.
Separando conceptos: antisemitismo y antisionismo no son lo mismo
El debate puso en primer plano una distinción que aparece con frecuencia en discusiones de este tipo, pero que rara vez se analiza con precisión: la diferencia entre antisemitismo y antisionismo. El antisemitismo es una forma de racismo dirigida contra las personas judías por su origen étnico o religioso.
El antisionismo es una postura política de oposición al proyecto de Estado nación impulsado por el movimiento sionista. Ambas categorías tienen objetos distintos: una apunta a personas, la otra a una ideología y a las políticas de un Estado. Sin embargo, esa distinción se diluye con frecuencia en el debate público, lo cual complica tanto la legislación como la aplicación de medidas concretas.
García advirtió que el rechazo a la propuesta «sería una muy mala señal» y lamentó la falta de unidad del sistema político frente a una forma de discriminación que, en su análisis, opera cada vez de manera más oblicua: «como no puede entrarle linealmente, le entra por el costado», describió al caracterizar lo que llamó «el nuevo antisemitismo».
«Si uno confunde el antisemitismo con el antisionismo, va a salir que aumentó la judeofobia, y eso no tiene nada que ver», dijo la senadora FA Constanza Moreira al salir del debate en que se rechazó la creación de la comisión.
Compartí tu opinión con toda la comunidad